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"Alcaldeando", consejos y secretos para ser un buen alcalde

  • Alberto Ruiz de Azúa narra su experiencia al frente de la alcaldía de Arrigorriaga

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Actualizada 05/04/2015 a las 11:01
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  • EFE. MADRID
Alberto Ruiz de Azúa, tras doce años de experiencia en la alcaldía de Arrigorriaga (Vizcaya), ha decidido escribir el libro "Alcaldeando", un manual de instrucciones de cómo debe ser un alcalde, cómo debe tratar a sus vecinos y cómo mantener alejados a los corruptos y las manos fuera del cajón.

Ruiz de Azúa, político del PNV, actualmente responsable de Atención Ciudadana y Festejos en Bilbao, explica en una entrevista con la Agencia Efe que "alcaldeando" es un "palabro" que refleja el primer consejo que todo buen alcalde debería cumplir: "Relacionarse con el vecindario" y, si es necesario, "tomar un vino con ellos".

La obra es una guía para aquellas personas que se presentan a las elecciones municipales del 24 de mayo, una ayuda para que afronten una nueva etapa de su vida con "tranquilidad y sosiego" y para que sepan divertirse, algo que también es necesario en la vida pública.

Más aún cuando de las urnas van a salir "poquitas mayorías absolutas", y, por ello, los candidatos deben ser "muy versátiles y con capacidad de negociación" para que sepan conformar "gobiernos multicolores".

La proximidad al ciudadano es el principal sustento de todo buen alcalde: mantener la cercanía y saber ser visible en el pueblo para recopilar "ideas y sugerencias" que el edil deberá estudiar.

Estar cerca del vecino y del empresario, pero alejado de la corrupción no es una tarea fácil, pues en el mundo de las relaciones políticas no todo son buenas intenciones y actos de buena fe.

Ruiz de Azúa recuerda "esos otros tiempos" en los que fue a comer con dos empresarios del mundo de la construcción que, entre saludos y apretones de manos, le recordaron al oído: "Por cierto, espero que la comida la pagues tú".

Y advierte a los candidatos de que no es fácil sentarse a desayunar con "sinvergüenzas" que aprovechan su cargo para "meter la mano en el cajón" o para pagar sus "vicios" con dinero público.

Por ello, es necesario alejarse de las malas influencias y promover un "rearme ético" que implique no sólo a las instituciones, sino también a la sociedad para que adquiera los valores y principios universales de la honestidad y se lo pueda exigir a sus políticos.

Un modo de alejar esas malas tentaciones es reforzar las amistades cercanas, "sin máquinas de por medio" para poder conformar un "cuerpo diplomático de concejales" y conformar un buen equipo de gobierno. Que todos cumplan el requisito de la cercanía y la vocación política.

Pero aconseja vigilancia para evitar "decepciones amargas" y cita la frase atribuida a Churhill: "En la vida hay amigos íntimos, amigos, conocidos, adversarios, enemigos, enemigos mortales y compañeros de partido".

Ruiz de Azúa, en cualquier caso, subraya la labor de los alcaldes que fueron imputados e incluso inhabilitados no por "meter la mano en el cajón", sino por "cumplir con su deber político".

Él dedicó una plaza a la víctima de ETA Eduardo Puelles, pero se negó a retirar de la plaza consistorial las dedicadas al etarra Argala, que fue asesinado en 1978, por considerar que también era una víctima. Sólo aceptó retirarla cuando se lo ordenó un juzgado de Bilbao.

Según su punto de vista, una de las formas de evitar fracasos dentro de las instituciones es apostar por la transparencia desde pactos y coaliciones que prevengan y obliguen a todos lo implicados a cumplir la premisa de la "no opacidad".

Desde la perspectiva individual de buen alcalde es necesario "retroalimentarse" a base de vocación, ya que será muchas horas de dedicación y esfuerzo, con altos niveles de presión e incluso una "profunda sensación de soledad".

A ello hay que sumarle la toma decisiones que deberán ser meditadas para luego poder defenderlas de forma elocuente ante su propio equipo y ante la ciudadanía, que será la principal afectada.

Para ello, se necesita oratoria e incluso un buen estado físico, dice, convencido de que "sin buena forma física no se puede ser un buen líder".

Porque, como concluye la obra de Ruiz de Azúa, si se quiere ser un buen alcalde es necesario "alcaldear" un rato.



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