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Novela gráfica

Ian Williams, el médico que encontró curación en el cómic

  • El doctor incluye novelas gráficas como "lecturas recomendadas" para la salud

Dibujo del comic 'Arrugas', de Paco Roca.

Dibujo del comic 'Arrugas', de Paco Roca.

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Actualizada 11/08/2014 a las 14:47
Que la Medicina y las Humanidades están relacionadas es algo que viene de lejos, sin embargo, no hace tanto que la salud, o la mala salud, se ha fijado en el cómic para que los responsables de curar entiendan mejor qué les pasa a los pacientes.

No son libros de autoayuda ni esa es su intención, pero novelas gráficas como 'Arrugas', del español Paco Roca, forman parte de las obras que el doctor británico Ian Williams incluye como "lecturas recomendadas" dentro de la llamada "Medicina Gráfica", una disciplina que, según cuenta a Efe, "no cura" enfermedades pero "hace sentir en paz" al paciente gracias a las viñetas.

"Las historias pueden tener un poder curativo, y los cómics pueden ser un medio efectivo para presentarlas. Los artistas del cómic que cuentan sus historias en un cómic proporcionan un beneficio psicológico en los lectores que están sufriendo situaciones similares, o que están cuidando a un familiar con los mismos problemas", describe a Efe este psiquiatra y escritor.

"¡Anda que bueno! ¡No lo sabía!", exclama el ilustrador valenciano al conocer que "Arrugas" se ha convertido en un cómic medicinal. Una sorpresa que rápidamente da paso a una reflexión.

"Creo que es una buena herramienta, hace unos meses estuve en la Universidad de Puerto Rico hablando de 'Arrugas' en unos cursos para llevar las Humanidades a la Medicina. A veces los médicos se quedan en la parte más médica o práctica de la medicina pero se olvidan de cómo las enfermedades, como el alzheimer, atacan también al entorno familiar, y también tienen que atender al lado humano".

Precisamente fue en este "lado" en el que se fijó Williams cuando, en 2010, se propuso crear el germen de lo que hoy día es el congreso 'Comics & Medicine', un punto de encuentro entre profesionales del cómic, académicos, doctores o enfermeras, entre otros gremios relacionados con ambos campos.

"Me di cuenta de que había una masa crítica de gente interesada, así que me propuse hacer y liderar una conferencia internacional. La primera la hicimos en Londres y participaron 75 delegados, lo máximo que podíamos atender. Fue brillante y, desde entonces, hemos hecho cuatro conferencias internacionales más", apunta.

En concreto, Williams, o Thom Ferrier, pseudónimo que utilizó en 2007 cuando comenzó a reflejar en viñetas sus experiencias como doctor, ha conseguido reunir este año a 230 delegados en la celebración de la V edición de este congreso, que se ha hecho en colaboración con el departamento de Medicina aplicada al Arte de la Universidad Johns Hopkins University, en Baltimore (EE.UU.).

Pero pese a tener esta trayectoria a sus espaldas, aumentada con la reciente publicación de su primera novela gráfica 'The bad doctor' (Myriad Editions), Williams no pierde nunca de vista su faceta de doctor. Una profesión que ejerce con "mucha cautela" a la hora de "recetar" un cómic, tanto es así que "solo" lo hace si el paciente está "específicamente educado" en esta lectura.

"Los tipos de cómic que a mi me interesan son normalmente autobiográficos y, por esto, podrían ser de ayuda a personas que están sufriendo esas enfermedades específicamente, pero no se trata de libros que sean de autoayuda, porque suelen ser narraciones muy subjetivas y personales", aclara.

Por eso se muestra "mucho más interesado" en aquellos cómics escritos por profesionales de la salud que conocen el mundo de la viñeta porque, según añade, estas historias "pueden tener un poder curativo" y los cómics "pueden ser un medio efectivo para presentarlas".

Y es que, como relata de forma muy didáctica, recomendar o regalar cómics con historias de enfermedades puede tener un punto de peligrosidad alto: "Una vez conocí a una mujer que tenía un amigo con un hijo epiléptico. Un día ella vio la novela 'Epilectic' de David B. y se la compró a su amigo pensando que sería divertido porque era, después de todo, según pensó, solo un cómic. Pero no lo había leído".

Y aquí llega el "error", según el psicólogo, porque aunque se trata de un cómic "absolutamente brillante", no es "edificante o de ayuda" para alguien que tenga un hijo con epilepsia, concluye.



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