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Los ocho nombres de Bernardo Atxaga

  • Bernardo Atxaga volvió al Club de Lectura de Diario de Navarra con su última novela, 'Días de Nevada'
  • La obra recoge su estancia de un curso académico en Reno, pero en el que también afloran historias mucho menos americanas

Bernardo Atxaga presenta 'Días de Nevada'

Bernardo Atxaga presenta su última novela, 'Días de Nevada'

Bernardo Atxaga

Los ocho nombres de Bernardo Atxaga

Bernardo Atxaga

JOSÉ ANTONIO GOÑI
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Actualizada 15/05/2014 a las 12:25
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  • LAURA PUY MUGUIRO. PAMPLONA
José Ignacio Roldán, el director de Comunicación del Grupo La Información, no sabía  el pasado 13 de mayo con cuál de sus ocho nombres llamar a Bernardo Atxaga. Así, con su seudónimo, o con el verdadero, José Irazu Garmendia, o con los que utilizan familia, amigos, compañeros... El comentario simpático en el Club de Lectura de Diario de Navarra sirvió de introducción al escritor, que contó por qué tantísimas maneras para un nombre. Y la primera es precisamente la que no llegó a ser. "Antes de nacer me llamé José León", relató, recibiendo risas del público. "Pero mi abuelo, con un sentido práctico de aquella época, parece que dijo que tendría que firmar mucho y que mejor un nombre corto, José". Luego, en casa, se lo cambiarían por Josetxo. Y al crecer por Joxe. Y en su época de estudiante en Bilbao, por Joseba, "con j", j que después se pronunciaría i. "Y como eran pocos nombres", decidió ponerse uno más, inventándose Bernardo Atxaga al empezar a escribir. "Cuando abundan nombres, en personas y en países, indica que son sociedades heterogéneas, con una historia inestable. En EE UU, cuando cuentas que tienes ocho nombres, se asombran. Porque allí uno se llama Johnny todo la vida, incluso como presidente de EE UU".
Hacía esta comparación con aquel país tras su estancia de casi un año en Reno (Nevada), el que le llevó a escribir Días de Nevada y por el que ayer hablaba con los lectores. "El momento más feliz es el del cuaderno, cuando empiezas a tomar apuntes y todo parece abierto. Luego, en la ejecución, siempre surgen problemas".
Es un libro sobre viviencias de allí que le llevan a recuerdos de aquí. Ayer se dedicó más a los primeros. Como la vez que, con un guía, tras seis horas recorriendo el desierto sin encontrarse con nadie, se asombró al ver un grupo de personas, diez o doce, vestidas de blanco y con picos. Estaban solas. "¿Y esos?, pregunté al guía. "Son presos", me contestó. Sin vigilancia ninguna. Porque el desierto es el guardián, nadie puede escapar". Un paisaje soberbio, que se impone mucho y que le ha impactado.
Como la quietud, el silencio, "que hace que el eco que escuchamos sea de muerte". Y como el silencio de las ciudades, como en Reno, que se vaciaba durante la noche y el fin de semana. "¿Qué le ocurre al europeo que va a esos lugares en los que de repente no hay nadie en la calle? No da tranquilidad. En Reno había un silencio constante, para mí excesivo, y me afectaba".
Que llegara allí fue cosa del azar: a ocupar la plaza de un profesor universitario que se había puesto enfermo. Y se marchó con su mujer y sus hijas. Reconoció que en su llegada se sintió como un niño. "Empiezas de cero: cómo se compra un coche, dónde se pone a las niñas una vacuna que aquí no... Hace que percibas la realidad. Por eso la experiencia fue tan intensa".
Por eso y por haber viajado con sus hijas. Lo tiene clarísimo. Porque aprendió más. Como cuando el día que ellas llegaron de la escuela contando que habían hecho un simulacro por si aparecían osos. "Tenemos que apagar las luces y meternos debajo del pupitre", me dijeron. "Y si hay un incendio", siguieron", salir en fila india y ponernos en el patio en el sitio asignado". Y continuaron. "Y si hay un francotirador". ¿Un francotirador?, dijo yo. No me lo esperaba. "Sí, un francotirador. Con él, igual que con los osos: apagar las luces y meterse debajo del pupitre". La cuestión es que esas cosas eran las que iban a marcarme las impresiones del lugar".
Le llamó la atención "el hilo violento" que encontró en Reno. "Porque en Halloween van unos a la universidad y matan a tres. Y algo ocurre con la violencia de género. Allí hay algo extra. Está siempre latente, en todas partes. Secuestro de niños, crímenes, violaciones...".
Tal vez por no finalizar el encuentro con un sabor de boca excesivamente serio, José Ignacio Roldán quiso saber si escribirá un libro humorístico. "Lo voy a intentar. Pero no tiene que parecer humorístico. Porque si para la página 2 el lector se ríe, para la página 10 no va a reírse nada".




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