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Literatura

Álvaro Pombo reflexiona sobre el cambio y la identidad en su nueva novela

  • 'La transformación de Johanna Sansíleri' es un enigma atrayente y último libro del autor

El escritor santanderino Álvaro Pombo

Pombo: "Tenemos que asumir la nueva pobreza"

El escritor santanderino Álvaro Pombo

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12/03/2014 a las 06:01
  • efe. madrid
Álvaro Pombo sonríe cuando le preguntan por el apellido de la protagonista de su nueva novela, 'La transformación de Johanna Sansíleri'. Lo pronuncia en voz alta, saboreando la sonoridad de "Sansíleri", una palabra de su propia creación que no da pistas, que "no es de un sitio ni de otro".

Porque, como el autor recita recorriendo pausadamente las primeras páginas de la obra, ella "no era del todo de este mundo ni del otro"; Sansíleri es un enigma atrayente, "la princesa encerrada en un castillo", una Audrey Hepburn. Para algunos, quizá, un objeto de adoración.

Johanna tiene una vida burguesa, "centrada en el yo", pero pronto se enfrentará a una transformación intensa tras la muerte de su marido, cuando descubra que este había llevado durante años dos vidas paralelas, entre dos hogares y dos familias distintas.

"La reacción es de asombro", ha indicado Pombo (Santander, 1939) en una rueda de prensa celebrada este martes, que ha querido alejar a su personaje de todo rastro de indignación hacia la figura del fallecido: "Ella no busca explicación de la duplicidad en la culpa ajena, sino en la propia".

El comienzo de una reflexión "autoculpabilizadora" constituye el punto de partida para "explicar algo que tiene difícil explicación: ¿por qué cambia la dirección de nuestra atención de una manera tan radical?", se pregunta el autor.

"A menudo decimos que nadie cambia nunca, por eso nos parece verdadera la célebre frase de que 'el carácter del hombre es su destino', pero entonces el hombre estaría determinado, no sería libre", advierte.

Y es que Johanna cambia, entra en un proceso en la que empieza a cuestionarse el yo en el que siempre ha estado sumergida: "Vivimos ensimismados en nosotros mismos, y el mundo exterior, el resto de la gente, es objeto de una aversión inconsciente".

"Nos convertimos cada vez más en nosotros mismos, cada cual en sí mismo hasta la caricatura, porque, a medida que pasan los años, nos hacemos más viejos y más iguales a nosotros mismos. Y uno acaba, literalmente, harto de sí mismo", continúa el autor, que le ha dado a su protagonista la oportunidad de escapar de su propia "insatisfacción".

Esta vía, que "con frecuencia parece que nosotros no tenemos", provoca que la transformación de Johanna consista en el paso de "una personalidad estética a una religiosa", haciendo referencia a las etapas de la vida acuñadas por el filósofo Soren Kierkegaard.

"La opción que propongo para mi personaje es una opción ascética, que consiste en una combinación del vaciamiento de sí y el llenar la conciencia y la atención con 'lo otro'", explica Pombo, concretando que sin embargo, esta "no es una alteridad mística", ni su novela es "un libro de autoayuda".

Lo que se empeña en destacar el autor es que "es hora de sonreír un poco ante los agnosticismos, aceptando que el Estado tiene que ser laico".

"Hay una fuerte corriente de espiritualidad en Occidente", opina el santanderino, el cual avanza que actualmente se encuentra escribiendo acerca de estas cuestiones en un texto que tiene por nombre "Breve tratado del no nombrar a Dios".

El cambio al que se enfrenta Johanna en este punto de inflexión en su vida viene acompañado de una retahíla de preguntas sobre la identidad de la persona, sobre el qué se dice y se comunica y cómo esto nos influye en la percepción del otro: ¿le engañaba su marido o no?, ¿realmente, lo conocía?.

"Conocemos a través de algo que se parece a la fe y no al conocimiento intelectual, y lo que más se parece a la fe es la confianza", reflexiona el autor.

"El problema del conocimiento es que nadie conoce a nadie, porque nadie confía en nadie. La desconfianza aumenta el desconocimiento", afirma Pombo, señalando a su vez la paradoja que conlleva la situación, ya que, "si te confías mucho, acabas a veces equivocándote".



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