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FLAMENCO

Paco de Lucía, el genio humilde

  • El mago de la guitarra que engrandeció e hizo universal el flamenco muere repentinamente en México con 66 años
  • Admirado en los cinco continentes, fusionó el duende con el jazz y las músicas de raíz y llevó lo jondo al gran público con Camarón de la Isla
  • Improvisador magistral, libró duelos legendarios con el piano de Chick Corea, la trompeta de Wynton Marsalis o las guitarras Al Di Mola y John McLaughlin

Entre dos aguas

Interpretación de Paco de Lucía de su canción 'Entre dos aguas'.

Imagen del 5 de octubre de 2013 del guitarrista español Paco de Lucía durante su concierto en Palacio de Bellas Artes de México

Paco de Lucía, el genio humilde

Imagen del 5 de octubre de 2013 del guitarrista español Paco de Lucía durante su concierto en Palacio de Bellas Artes de México

EFE
Despedida a Paco de Lucía 44 Fotos

Despedida a Paco de Lucía

El guitarrista flamenco Paco de Lucía falleció a los 66 años de un infarto en Cancún (México) cuando se encontraba con su hijo en la playa.

archivo
0
27/02/2014 a las 06:01
  • COLPISA. MADRID
Su genialidad era solo pareja a su humildad. La temprana y repentina muerte de Paco de Lucía sacudió como un doloroso latigazo el mundo de la música en general y del flamenco en particular. Su desaparición con solo 66 años y mucha vida por delante deja vacante el trono de la guitarra flamenca que engrandeció y paseó por el mundo. El infarto que truncó su vida llegó mientras jugaba al fútbol con sus hijos y nietos en una playa de Cancún, guarida caribeña del mago gaditano de las seis cuerdas. Admirado de Japón a la Tierra del Fuego, de Ciudad del Cabo al golfo Pérsico, la popularidad del legendario e idolatrado guitarrista era equiparable a la de Picasso o Dalí.

Universalizó el flamenco, que sacó de los tablaos para fundirlo con el jazz y otras músicas, de la clásica a las de raíz, pasando por la salsa o la bossa-nova o el pop, sin que nada chirriara. Lo hizo con una naturalidad que sorprendió a los más exigentes, acalló a los integristas de la pureza flamenca y deleitó a todos, incluso a los más ajenos a la hondura y el pellizco del duende. Desde el respeto a la tradición, renovó y engrandeció todos los géneros al lado de los más grandes del flamenco y del jazz, conformando inolvidables binomios con Camarón de la Isla, Chick Corea, Al Di Meola, John McLaughlin o Wynton Marsalis.

Humilde en su grandeza, cada vez que lograba un premio, y fueron cientos, sentía y decía que otro lo merecía más que él. Recibió el Príncipe de Asturias de las Artes en 2004 y era a su muerte el único flamenco en poder del preciado galardón. En Cancún, donde le sorprendió la parca, reposaba de sus agotadoras giras disfrutando de la familia, la clemencia del clima, la pesca y el submarinismo. Tuvo casa en Palma de Mallorca, en Toledo o en Cuba, lugares donde buscaba esa vida recogida y sencilla que le negaba su leyenda, acariciando sus guitarras y componiendo en soledad, antaño con un magnetofón, con el auxilio de un ordenador y el software musical 'Protools' en tiempos más recientes.

La fama atrapó de repente al gran tímido que era Paco de Lucía con la rumba 'Entre dos aguas', su composición más universal, incrustada desde 1973 en la memoria colectiva de varias generaciones y cuyas primeras notas pueden tararear hasta quienes nunca se acercaron al flamenco. Pocos años después llega al Teatro Real para homenajear a Falla y Albéniz -sin olvidar su 'Concierto de Aranjuez' del maestro Rodrigo-, después de sumar a su vasto repertorio flamenco emblemas como las alegrías 'La Barrosa' y 'Barrio la Viña', o la soleá 'Homenaje al Niño Ricardo' y sus 'Tangos con cositas buenas'.

La excelencia fue siempre el horizonte de un artista íntegro, cabal e infatigable, entregado a su oficio, ya fuera sobre las tablas o en la soledad del estudio. Sabía que cuanto más dominio técnico se tiene, "más fácil resulta expresarte", y que "si te falta técnica, pierdes libertad para crear". Ansiaba ese dominio "para poder olvidarte de él".

DESDE LA CUNA

Francisco Sánchez Gómez, hijo de Lucía Gómez 'La Portuguesa' y Antonio Sánchez, nació en un barrio gitano de Algeciras (Cádiz) el 21 de diciembre de 1947. Hijo y hermano de músicos, mamó el flamenco desde la cuna. Eran guitarristas su padre y su hermano, Ramón de Algeciras, y de ambos recibió las primeras clases de guitarra. Con Ramón Montoya, Sabics y Nuño Ricardo como espejo, sin ser capaz de solfear ni leer una partitura, interiorizó todos los palos y pronto destacó. "El flamenco es una música que nunca fue a la escuela, es un bien de la emoción", repetía el guitarrista, que, para distinguirse de las decenas de Pacos de su barrio, se convirtió en 'Paco el de la Lucía', su futuro nombre de guerra. Con apenas diez años dio muestras de un talento único e indómito que le abriría las puertas de todos los santuarios de flamenco, donde fascinó por la frescura de su toque y su pellizco. Revolucionó la manera de acompañar a los cantaores sin ensombrecerlos jamás y atrajo a nuevo público a los tablaos. Con doce años forma el grupo 'Los chiquitos' y salta por primera vez a Estados Unidos enrolado en la compañía del bailarín José Greco. En 1964 graba su primer disco.

Su decisivo reencuentro con su amigo de la infancia José Monge, Camarón de la Isla, tuvo lugar a finales de los años sesenta. La química fue inmediata y formaron una dupla genial que marcó la historia de cante jondo en la segunda mitad del siglo XX que lo sacaría de los tablaos para llevarlo a los grandes escenarios. Fue una conjunción mágica y revolucionaria que propició una decena de discos entre 1968 y 1977 como 'El duende flameco' y 'Fuente y caudal'. Sería más adelante Paco de Lucía el director artístico del mítico 'Potro de rabia y miel' (1992), último disco de Camarón producido por Pepe de Lucía y punto de inflexión del flamenco que se abría a la fusión para desagrado de puristas y alegría de un nuevo y entusiasta público joven.

Un gran público fiel a Paco de Lucía desde que 'Entre dos aguas' logró mantenerse durante cinco meses en la lista de éxitos. En una España que dejaba atrás la grisura de la dictadura buscó nuevos horizonte musicales y formó una banda legendaria con la que se adentró en los territorios de la fusión. Junto a sus hermanos Pepe de Lucía y Ramón de Algeciras incorporó a jóvenes jazzeros como Jorge Pardo, Carles Benavent y Rubén Dantas, pionero del cajón peruano hoy indispensable el planeta flamenco. "No tengo miedo de que se pierda la esencia del flamenco, porque sus raíces son muy fuertes", decía un Paco de Lucía que se reconocía como "un purista dentro de mi aureola de revolucionario, vanguardista o creador".

IMPROVISACIÓN

Pronto discos como 'Solo quiero caminar' (1981), 'Friday night in San Francisco' (1981) -grabado junto a John McLaughlin y Al Di Meola- logran vender más de un millón de copias, cifra insólitas para un artista flamenco. Superado el circuito de los tablaos y con grabaciones como 'Passion, grace and Fires' (1983) o 'Live... One summer night' (1984) inicia sus giras por el mundo. Llega a los grande teatros y auditorios, del Carnegie Hall al parisino Olympia, el Lincoln Center o el Teatro Real de Madrid. Lucia y sus chico son presencia habitual en las grades festivales de jazz. Insiste en que es un purista que respeta lo que le parece respetable: "No tengo la obediencia que siguen los puristas, pero sí el respeto que merece la esencia, lo antiguo lo valido, la memoria".

Su genio se desborda en las tablas en memorables duelos de improvisación con las guitarra de Al Di Meola o Johm McLaughlin, el piano de Chick Corea o la trompeta de Wynton Marsalis. Su virtuosismo es un acicate para estos músicos con los que pasmó a auditorios de los cinco continentes, a los que demostró que el duende del flamenco tiene mucho que ver con el del jazz, el blues o la música árabe o hindú. En todos esos territorios sonoros se movió con naturalidad Paco de Lucia, siempre respetuoso, discreto y genial. Fascinaba tanto a colegas flamencos como Vicente Amigo o Tomatito, como guitarristas del 'heavy metal' como Steve Vai, y se midió con Carlos Santana, Larry Coryell o el saxofonista Pedro Iturralde. "Si lo que hago no sorprende a los profesionales, me retiro", aseguraba.

Su amplia discografía suma un treintena de discos, aunque suspendió abruptamente sus trabajos de estudio hace una década con 'Cositas Buenas' (2004), con el que abrazó "el sentimiento" para despedirse "de los fuegos de artificio, la rapidez desbordante". No se cerró a las grabaciones de sus conciertos, ya que publicara en 2011 'En vivo'. Creía en "el alma del directo" convencido de que "la energía que se crea en el escenario no se consigue en un estudios". Recuperó su labor de producto con la joven cantaora La Tana y su disco 'Tú, ven a mí' (2005) y su última gira le llevó el año pasado por Turquía, Marruecos, Alemania, Bélgica, Dinamarca, Suecia, Polonia, Italia o Líbano.

Son incontables los galardones que recibió en su carrera, un palmarés que se abría con el premio Nacional de Guitarra del Concurso de Arte Flamenco de Córdoba. Ya consagrado llegaron los grandes reconocimientos institucionales como la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, el Grammy, o el Premio Príncipe de Asturias de las Artes, que reconocía su "honradez interpretativa" y su "capacidad de trascender fronteras y estilos". En su mano estaba, según el fallo "todo cuanto puede expresarse con al seis cuerdas. También recibió los doctorados honoris causa por las universidades de Cádiz y por el prestigioso Berklee College of Music of Boston. Era el primer español en recibir la alta distinción académica y recordó entonces ante un auditorio global que cuando con siete años abrazó la guitarra "el flamenco era solo para los andaluces y hoy se ha extendió por todo el mundo".



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