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Una alumna de Antonio Machado recuerda su bondad

  • Concha Ramírez Naranjo, de 90 años, fue alumna en las clases de francés del poeta en Madrid

'Diario de una niña exiliada. 1939-1947', de Concha Ramírez Naranjo

Una alumna de Antonio Machado recuerda su bondad

'Diario de una niña exiliada. 1939-1947', de Concha Ramírez Naranjo

cedida
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26/02/2014 a las 06:01
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  • efe. sevilla
Concha Ramírez Naranjo, de 90 años, fue alumna del poeta Antonio Machado, de quien a sus 12 años recibió clases de francés en el Instituto Calderón de la Barca de Madrid y de quien, en declaraciones a Efe, ha recordado "la bondad" que transmitía aquel profesor mientras impartía sus clases.

Al igual que el poeta, de quien ahora se conmemora el 75 aniversario de su muerte en Colliure (Francia), cruzó la frontera francesa camino del exilio, en el que ella permaneció cuarenta años, hasta establecerse en 1979 en el municipio sevillano de Dos Hermanas, muy próximo a Sevilla, ciudad natal del poeta.

"Recuerdo que estaba en la clase de Antonio Machado, que era un profesor extraordinario, uno de los mejores, de bueno que era, y tenía un sentimiento que transmitía con sus ojos y con su sonrisa; ese es el recuerdo que tengo de él, porque han pasado muchos años", ha evocado Concha Ramírez.

También ha recordado que el Calderón de la Barca había sido convento y que el Gobierno de la República lo transformó en instituto, donde Machado ejerció de profesor de francés, por lo que ha ironizado con el exilio posterior: "Ya estábamos preparándonos para ir a Francia".

"Tenía unos ojos dulces; buena persona, muy delicado; y todos los alumnos lo queríamos mucho, de eso sí que me acuerdo", ha dicho al recordar su trato, que era "muy humano", y cómo "algunas veces hablaba de su poesía. Cuando había un grupito de alumnos, les explicaba, y ellos les preguntaban cosas; yo no, porque tenía 12 años".

Concha, que aquel curso fue compañera de instituto del periodista Eduardo Haro Tecglen, recuerda que fueron años turbulentos, que los estudiantes de bachillerato participaban en las agitaciones políticas y que se reunían "los de izquierdas con los de izquierdas y los de derechas, con los de derechas".

"Había muchas revueltas políticas con los estudiantes, había mucho jaleo de jóvenes que iban a otros institutos para hablar y todo eso. Una vez recuerdo que seguí a los estudiantes hasta el Instituto Cisneros y llegó la Guardia de Asalto a caballo..., y con el miedo que íbamos".

"Había un ambiente revuelto; es que eran los años 35 y 36", ha dicho al asegurar que sigue leyendo a Machado, a Lorca y a Alberti, y que de Juan Ramón Jiménez recuerda que le valió un suspenso, porque le preguntaron por 'Platero' en un examen oral, e iba tan nerviosa que se quedó en silencio.

Concha es hija del coronel republicano Ángel Ramírez, quien se quedó haciendo la guerra en España mientras ella cruzaba la frontera francesa, en un viaje en el que volvió a coincidir con Machado en Valencia y en Figueras, antes de que el poeta saliera camino de Colliure.

En los cuarenta años que pasó en Francia, donde se casó con un francés de padre español que logró salir con vida de Auschwitz y donde tuvo a sus dos hijos, Concha peregrinó a Colliure para visitar la tumba del poeta y conserva las fotos que se hizo allí con unas amigas.

"En Colliure la tumba la tienen como un tesoro y dicen que, como había mucha gente que dejaba cartas o poemas, entonces el Ayuntamiento puso un buzón de la cantidad de gente que escribía; y cuando dijeron de traérselo a España, los de Colliure dijeron que no, que se quedaba allí, que ellos lo cuidaban muy bien", ha añadido.

También ha recordado los días previos al exilio: "Había tantos bombardeos en Madrid, donde vivíamos en la calle Isaac Peral, que fue muy bombardeada desde la Casa de Campo, que nos fuimos a Valencia".

"Mi padre se enteró de que Antonio Machado estaba en Valencia y fue a verlo; y de Valencia nos fuimos a Barcelona, y nos lo encontramos en Figueras, donde hubo un bombardeo terrible con muchos muertos, y entonces pasamos la frontera", ha recordado.

"Diario de una niña exiliada. 1939-1947" es el título que Concha Ramírez les puso a los diarios que llevó en Francia y de los que la Diputación de Sevilla hizo una pequeña edición hace ocho años, con prólogo de Haro Tecglen, quien dice en esas páginas: "Conchita Ramírez no dejó de resistir; ni sus amigos, ni sus pretendientes".



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