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Literatura

La guerra olvidada

  • David Torres se inspira en la contienda del Ifni para escribir una novela con Miguel Gila como personaje
  • El autor de 'Todos los buenos soldados' asegura que a Marruecos llegaron militares mal equipados que fueron abandonados a su suerte

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Actualizada 19/01/2014 a las 10:39
  • COLPISA. MADRID
Fue la última guerra colonial en la que combatieron españoles en defensa de la metrópoli, pero de ella apenas hay rastro en la memoria colectiva. Sin embargo, la guerra del Ifni fue más que una refriega.

Allí, en el secarral marroquí, muchos soldados quedaron abandonados a su suerte. Muertos de sed y hambre, armados a veces con mosquetones de la Guerra Civil, cruzaban las brasas del desierto calzados con alpargatas.

Pese el pasado africanista de Franco, la contienda del Ifni no fue un asunto de portada en los periódicos de finales de los años cincuenta. La propaganda de la dictadura quería mantener la ilusión de que España, a diferencia de Francia, mantenía la paz en sus colonias.

De este conflicto trata 'Todos los buenos soldados' (Planeta), una novela en la que David Torres urde una historia en las que concurren varios asesinatos, contrabando de kif y corrupción en el estamento militar. "Franco dejó a los soldados vendidos probablemente porque la realidad, una vez más, no coincidió con su fantasía paternalista de que a sus moros les encantaba estar bajo la mano protectora del gobierno español", dice el autor.

El escritor David Torres denuncia el olvido en que ha caído un episodio de la historia española. La de Ifni, como casi todas las guerras, fue cruel, sangrienta y trufada de episodios grotescos que parecen extraídos de las historias que Gila contaba al enemigo al otro lado del hilo telefónico. Y el cómico viene aquí a cuento porque es un personaje relevante de la novela. Él, Carmen Sevilla y otros artistas volaron la Nochevieja de 1957 a Sidi Ifni para entretener a las tropas españolas sitiadas en la ciudad.

"La guerra de Ifni parece calcada de su famoso monólogo bélico, aunque él ya lo tenía bastante perfilado desde mucho tiempo atrás, ya que Gila combatió en la Guerra Civil e incluso sobrevivió a un fusilamiento. Sólo que él lo contaba con ese humor negro suyo inimitable: 'Me fusilaron mal'".

El novelista creía al principio que el resultado de su empeño iba a ser una novela de humor, pero le ha salido un relato macabro y brutal, igual que los soliloquios de Gila. La atmósfera opresiva de la disciplina militar, el ruido del mar y el color de desierto son los pespuntes de esta historia sórdida.

Marruecos siempre fue un campo de entrenamiento para los militares españoles. Las masacres perpetradas contra la población civil en la guerra del Rif se repitieron luego en la contienda del 36. Lo tiene claro David Torres, para quien las palabras 'guerra' y 'honor' jamás deberían ir juntas. En 'Todos los buenos soldados' se pone de manifiesto el divorcio entre españoles y marroquíes, un desencuentro que se explica por la retahíla de invasiones, violaciones y asaltos recíprocos.

En la novela cobra un especial importancia un personaje femenino. Adela, la hija del comandante Ochoa, desempeña el papel de víctima propiciatoria y exponente de todas las "mujeres maltratadas y violadas que tenían que sufrir en silencio su destino". "Gila lo contaba muy bien con su famoso monólogo de la solterona. ¿Qué podía hacer una mujer soltera en España? Nada, sin la ayuda de un padre, o la sombra de un marido o un hermano, una mujer no pintaba nada. No podía dirigir un negocio ni abrir una cuenta corriente. '¿Ha sido niño o niña, doctor?, decía Gila. 'Ni niño ni niña: ha tenido usted una solterona'".

La inclusión de Miguel Gila como personaje de la novela fue un desafío alentado por Fernando Marías. En el libro ronda el fusilamiento que sufrió el humorista en 1938 en el Viso de los Pedroches y del que salió vivo.

"Sufrió cárcel varios años, estuvo en tres prisiones diferentes y tuvo que cumplir varios años de servicio militar. Luego ascendió peldaño a peldaño, gracias a su talento único, y llegó a actuar en El Pardo. Por lo visto, al Caudillo su humor no le hacía ninguna gracia (tampoco se sabe que a Franco le hiciera mucha gracia algo) pero a doña Carmen sí y eso le valió una medalla y algún embolado como el del viajecito a Ifni".

Torres, que ha conocido a muchos 'novios de la muerte', militares de una pieza, aunque también tipos cerriles y pendencieros -como los que aparecen en la novela- cree que la Legión es el refugio ideal para quienes pretenden borrar su pasado y sus culpas. "La historia del legionario que pegó fuego a un burdel con las putas y los clientes dentro es verídica".



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