Diario de Navarra | Facebook Se abrirá en otra página Diario de Navarra | Twitter Se abrirá en otra página HIBERUS | Google Plus Hemeroteca Edición impresa DN+ Tablet
Mi Club DN ¿Qué es? Suscríbete
El Tiempo: Cargando...

La Hemeroteca
JAVIER SIERRA Y "EL MAESTRO DEL PRADO"

La historia del arte que no nos cuentan

  • El escritor y periodista Javier Sierra desgranó en el Club Virtual de Lectura de Diario de Navarra su libro 'El maestro del Prado', desgranando los cuadros para entender por qué los pintaron los grandes maestros del Renacimiento.

Entrevista con el escritor Javier Sierra

Entrevista con el escritor Javier Sierra durante su visita al Club de Lectura de Diario de Navarra.

JAVIER ECHEVERRÍA
La historia del arte que no nos cuentan

La historia del arte que no nos cuentan

Javier Sierra presentando El maestro del Prado

CALLEJA
0
Actualizada 24/09/2015 a las 17:55
Etiquetas
No es un cuadro cualquiera. El Gloria que Tiziano pintó en 1551 tiene tres metros de altura. Y aún y todo, es bastante desconocido en el madrileño Museo del Prado. Pero que le pregunten a Javier Sierra, escritor, periodista e investigador. Él lo tiene visto desde los 19 años, y no se ha cansado de admirarlo y analizarlo. Hasta el punto de que el lienzo le empujó a escribir El maestro del Prado, publicado este año y que invita a descubrir misteriosos detalles de los cuadros más famosos del Renacimiento.
¿Y qué tenía ese cuadro? Lo explicó Javier Sierra al auditorio del Club Virtual de Lectura de Diario de Navarra. "En el Paleolítico Superior, los primeros pintores pintaban almas, no cuerpos. Y cuando me encuentro con esta pintura de Tiziano veo que ese nexo del Paleolítico Superior existe con la pintura del Renacimiento". Y fue desgranando su historia, paso a paso, trasladando a todos a mitades del siglo XVI, al reinado en España de Carlos V.
Porque realmente este rey es el culpable de que exista Gloria. Encargó el cuadro a Tiziano, que vivía en Venecia y tenía 77 años, una barbaridad para el siglo XVI. "Tanto que el rey le urge a terminar este lienzo de cualquier manera porque piensa que Tiziano se va a morir. El pobre Carlos V no se podía imaginar que Tiziano moriría con casi 100 años. Le sobreviviría, y con mucho".
Considerado el monarca más poderoso de la historia de España, era dueño de la mitad de Europa, de España, de América... "Lo tenía todo. Y, sin embargo, en la cima del poder decide abdicar, algo bastante insólito. Hemos visto pocas abdicaciones en la historia". Pero Carlos V tenía su razón. Era católico, y católico consecuente. Y es seguro que creciera viendo los lienzos de danzas macabras que decoraban las paredes de las iglesias, bailes de sacerdotes, ciudadanos e hidalgos, porque era una forma de recordar a los fieles que la muerte iguala a todos, "que todos bailamos con la más fea".

El alma en los cuadros
Y como católico ferviente, es consciente de que "la vida importante no es ésta, sino la que le espera después de la muerte: la vida eterna. Sabe que al ejercitar la política su alma está llena de manchas y necesita purgarlas para entrar en la gloria. De ahí este lienzo". ¿Y qué hace Carlos V? Durante los tres últimos años de su vida se aleja de la pompa de la corte para meditar, preparándose para morir. Lo hace a diario, hasta llegar a preocupar a sus médicos.
Se exilia junto a este lienzo. En él está representado un grupo de personajes de la tradición cristiana: Moisés, Noé, San Juan Bautista, la Virgen... "Todos contemplando la Santísima Trinidad, como pidiendo permiso para entrar en la gloria". Y Carlos V insiste a Tiziano en que él quiere estar en medio de ese núcleo de personas. "Pero no encontramos a Carlos V, sino su alma: está desnudo, cubierto con una sábana blanca, que es como se enterró, seguido del alma de su esposa difunta, la de su madre, Juana la Loca, y la de Felipe II". Cuando medita sobre su muerte lo hace ante Gloria, "viéndose a sí mismo muerto".
"Tiziano pinta un alma, igual que los pintores de las cuevas prehistóricas, y es donde encuentro trazas de ese arte primordial en pinturas del Renacimiento. Y esto es lo que me lanza a esta aventura, a buscar otros cuadros con almas y a acercarme a una historia del arte que no es la que nos cuentan generalmente".
Por eso quiso escribir El maestro del Prado, que se ha convertido en uno de sus libros más exitosos. Porque nació de su vieja inquietud por un arte "que vemos superficialmente, y lo peor es que se enseña así en el colegio". "No nos damos cuenta de que esos cuadros no fueron hechos para estar uno al lado del otro en un museo". Y lo ilustró con una obra como La última cena de Leonardo Da Vinci, en el que la luz del cuadro se adapta a los ventanales de la estancia donde todavía está.
Con este libro Sierra buscaba "un vehículo para hacer fácil el acceso al arte". "Parece que uno tiene que ser académico de bellas artes o conocerse la vida de Carlos V para entrar en el Prado y entender un cuadro como éste. Y seguro que Tiziano no quiso pintar para que la gente pasara un examen de historia. Quería impactar".
Pero, claro, "entramos con tanto complejo a un museo que nos olvidamos de que los cuadros están pensados para crear una respuesta emocional". Censuró que "visitamos mal los museos: queremos verlos en una mañana, ir después al barrio de las Letras a tapear y regresar después a casa. A la contemplación de los cuadros les concedemos un máximo de un minuto de media. Y eso no es tiempo". Sierra confesó su método: para aislarse del entorno, se lleva con él un MP3 con música especialmente seleccionada. La mejor fórmula para contemplar la obra.

La ocasión especial de estar en Pamplona
Javier Sierra reconoció que la visita de diciembre a Pamplona era una ocasión especial: cerraba una larguísima labor de promoción de El maestro del Prado. "Lo habitual es que se visiten cuatro o cinco ciudades", señaló para anunciar que ésta hacía la número 83. Y si es la última es porque en 2014 prevé recluirse para volver a escribir. Preguntado sobre cuál había sido la respuesta del Museo del Prado al conocer el libro, reconoció que llegó a preocuparle. "Se van a llevar un susto', pensé, y decidí enviarle el manuscrito al director". Lo había acabado tras un proceso de elaboración en el que había visitado la pinacoteca en infinidad de ocasiones y había consultado a sus conservadores otras tantas. La respuesta del director no pudo ser mejor. "Me dijo que narraba cosas del arte que no eran las que ellos contaban en el museo. Y la mía no era una visión anuladora de la suya, sino que buscaba el sentido de la obra de arte". Al director le gustó tanto el libro que se encargó de su presentación en Madrid.
 



Comenta el contenido
Tu opinión nos interesa Tu opinión nos interesa

Rellena el siguiente formulario para comentar este contenido.






(*) Campo obligatorio

Te recomendamos que antes de comentar, leas las normas de participación de Diario de Navarra

Lo más...
volver arriba
© DIARIO DE NAVARRA. Queda prohibida toda reproducción sin permiso escrito de la empresa a los efectos del artículo 32.1, párrafo segundo, de la Ley de Propiedad Intelectual