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Historia y Arte

Atribuyen a Goya dos pinturas religiosas 'ocultas' en un convento de Cuenca

  • 'Huida a Egipto y 'Muerte de San Alberto de Jerusalén' son obras tempranas del genio aragonés
  • El museo del Prado no se ha pronunciado sobre la atribución, aunque parece que no alberga grandes dudas

'Huida a Egipto' (arriba) y 'Muerte de San Alberto de Jerusalén' (abajo), dos lienzos que han permanecido ocultos en un convento de las Carmelitas de Cuenca y que son atribuibles a la obra temprana del artista Francisco de Goya

Atribuyen a Goya dos pinturas religiosas "ocultas" en un convento de Cuenca

'Huida a Egipto' (arriba) y 'Muerte de San Alberto de Jerusalén' (abajo), dos lienzos que han permanecido ocultos en un convento de las Carmelitas de Cuenca y que son atribuibles a la obra temprana del artista Francisco de Goya

efe
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04/12/2013 a las 06:01
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  • colpisa. madrid
Francisco de Goya y Lucientes es el autor de 'Huida a Egipto' y 'Muerte de San Alberto de Jerusalén', dos pequeñas pinturas "ocultas" durante más de dos siglos en un convento de las Carmelitas de Cuenca y que el genio aragonés habría abocetado parcialmente antes en su legendario 'Cuaderno italiano'. Esta es la tesis que sostiene Fernando Tabar, catedrático emérito de Didáctica de la Historia del Arte en la Facultad Complutense, que las atribuye a Goya "sin ningún género de dudas". Así lo sostiene en el estudio que publica el número 21 de 'Ars Magazine', revista especializada que dirige Fernando Rayón y que celebra con este presunto hallazgo goyesco su quinto aniversario.

"Es mi opinión, fundamentada en mi criterio y que espero se corrobore con los estudios técnicos que sean pertinentes", sostiene Tabar, que sospechó que ambas pinturas religiosas eran obras tempranas de Goya desde la primera vez que las vio en 2007, expuestas temporalmente en la catedral de Cuenca. El director de 'Ars Magazine' admite que cuando se atribuye una obra a algún maestro siempre se demandan segundas opiniones, aunque en esta ocasión "ha primado el criterio de Fernando Tabar, que ha demostrado ser un buen investigador".

El museo del Prado no se ha pronunciado ni oficial ni oficiosamente sobre la atribución de Tabar, aunque al director de 'Ars Magazine' le "consta" que la pinacoteca "no alberga grandes dudas sobre la posibilidad de que ambas piezas sean de Goya". "Naturalmente que lo deseable es disponer de certezas objetivas, pero, por desgracia, ningún procedimiento técnico puede determinar a ciencia cierta que una obra es de Goya", plantea el catedrático de la Complutense, quien ya atribuyó al pintor aragonés 'La Piedad' y 'La Virgen con San Joaquín y Santa Ana', piezas de Goya de la misma época que las ahora descubiertas y cuya atribución, luego confirmada, sostuvo también en exclusiva sobre su "ojo experto".

Según el artículo que firma Tabar, ambas pinturas habrían sido realizadas entre 1772 y 1775, tras la estancia romana de un Goya "ya maduro" y poco antes de su marcha definitiva a Madrid. El catedrático asegura que ambas pinturas, de pequeño e idéntico formato, tienen su correlato en algunos dibujos del legendario 'Cuaderno italiano', una joya que documenta el viaje a Italia y el buen hacer del maestro de Fuendetodos, y que se conserva en el Museo del Prado.

PARTES DE UN TODO

Tabar fía la atribución a su "ojo experto" y a la comparación con los bocetos de este 'Cuaderno italiano', que anticipan algunas de las figuras que desarrollan en ambos lienzos. Las dos pinturas tienen "idéntica y extraña dimensión", 35 por 60 centímetros, un formato "raro e inusualmente alargado", según admite Tabar, que las considera "partes de un todo", a pesar de que los asuntos religiosos que abordan "no guarden relación".

Tampoco dispone Tabar de documentos que puedan descifrar o corroborar el origen goyesco de los lienzos, no firmados, que han permanecido "ocultos" en el convento de las Carmelitas Descalzas de Cuenca hasta hace cinco años. Se expusieron por primera vez y sin atribución en la exposición 'Callada belleza. Arte en las clausuras de Cuenca', que pudo verse en la catedral conquense entre agosto de 2007 y julio de 2008. La pinturas, gemelas por tamaño pero no por temática, se limpiaron para la muestra, en la que se catalogaron como pinturas barrocas.

Ambas pinturas están "en buen estado", pero ni Tabar ni Rayón se atreven a dar una estimación sobre el elevado precio que podrían alcanzar en su hipotética salida al mercado una vez reconocidas como obras de la paleta y de la mano de Goya. La última pieza del genio aragonés subastad hace un año y de de la misma época se remató en 2,3 millones de euros.

Tabar no descarta que 'La huida a Egipto' pudiera ser un boceto para uno de los murales de la cartuja del Monasterio Aula Dei de Zaragoza pintados hacia 1772 o 1774 y que hoy se dan por desaparecidos, haciendo imposible cualquier comparación. Destaca Tabar que aquel mural tenía unas dimensiones de 3,6 por 10 metros "proporcionales a las de la pequeña pintura de la que partiría" y que "también hay correspondencia en las fechas".

'La huida a Egipto' recrea esta escena bíblica, con la virgen a lomos de un pollino que ya aparece en el 'Cuaderno Italiano', en un paraje boscoso de luz crepuscular; mientras que 'Muerte de San Alberto de Jerusalén' se basa en un episodio de martirio que, según Tabar, "se representa en muy raras ocasiones fuera del ámbito carmelitano". Para el experto, tendría sentido situar esta pintura en el ámbito de la Orden Carmelita, "ya que San Alberto es el fundador de la Orden del Carmelo, y en el cuadro aparece el santo con atuendo sacerdotal, debatiéndose a manos de sus asesinos, uno de los cuales le sujeta por detrás mientras otro se dispone a apuñalarle con un cuchillo".

Encima, dos ángeles infantiles ofrecen la corona del martirio a la víctima desde una nube mientras la escena, que se desarrolla en unas gradas, es contemplada por fieles. Tabar suma "al estilo general goyesco, característico de la época temprana del maestro aragonés", detalles formales que conducen "inequívocamente" a ese mítico 'Cuaderno italiano', como el torso de uno de los asesinos, muy semejante al 'Torso Belvedere' que Goya admiró en Italia y dibujó en su cuaderno, "una herramienta de esbozos de la que Goya se valió a lo largo de su carrera".



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