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REAL ACADEMIA

Carmen Riera lleva el mito de la Mallorca romántica a la RAE

  • La catedrática, filóloga y escritora leyó su discurso de ingreso en la docta institución en presencia de la Princesa de Asturias

La novelista y filóloga Carme Riera durante el acto de su ingreso en la Real Academia Española

Carmen Riera lleva el mito de la Mallorca romántica a la RAE

La novelista y filóloga Carme Riera durante el acto de su ingreso en la Real Academia Española

EFE
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08/11/2013 a las 06:01
  • COLPISA. MADRID
Nació en Barcelona pero su alma está en Mallorca. Y al mito romántico de su isla dedicó Carme Riera (1949) su discurso de ingreso en la Real Academia Española (RAE). Titulado 'Sobre un lugar parecido a la felicidad', lo pronunció en un abarrotado salón de actos de viejo caserón de la Calle Felipe IV y en presencia de la Princesa de Asturias. Doña Letizia quiso respaldar con su presencia el ingreso de la séptima mujer con sillón en la docta casa, creada hace tres siglos para limpiar, fijar y dar esplendor al idioma que hoy compartimos 500 millones de seres humanos. 

Riera leyó un resumen de un discurso de más de doscientas páginas y articulado en torno a una reflexión sobre la imagen que tenían de Mallorca los creadores que recalaron en entre 1837 y 1936 en "la isla de la calma", o "la isla de oro". Desentrañó una treintena de textos en los que los escritores músicos y artistas como Azorín, Rubén Darío, Unamuno, Borges, Georges Sand, Chopin, Rusiñol, Josep Pla, o la mítica emperatriz Sisí forjaron el mito paradisiaco de la isla mediterránea presuponiendo las maravillas de su paisaje, la dulzura de clima y la hospitalidad de sus gentes. Una visión legendaria y bucólica contrastada con una realidad que demuestra "que Mallorca no era el paraíso".

"Georges Sand comprobó que en invierno no se podía aguantar de frío" destacó la escritora y filóloga mallorquina, titular ya de pleno derecho del sillón n, vacante hasta la elección de Riera desde la muerte en 2010 del filólogo Valentín García Yebra.

Ataviada con un elegante vestido largo color vino y chaqueta oscura, Carme Riera entró al salón de actos flanqueada por los valedores de su candidatura, Álvaro Pombo, Carmen Iglesias y Pere Gimferrer, quien contestó desde el estrado a la nueva académica. Entre el público, familiares y amigos, sus editores, la agente literaria Carmen Balcells, la 'mamá grande' de las letras españolas que no quiso perderse la solemne ceremonia, como la viuda de Borges, María Kodama, el secretario de Estado de Cultura, José María Lassalle, y el consejero de Cultura de la Generalitat de Cataluña, Ferran Mascarell.

Carme Riera desplegará en la RAE sus capacidades como escritora y catedrática de Literatura Española. Alterna la lengua catalana y castellana en su labor docente y creativa y es autora de ficciones como 'En el último azul', 'El perro mágico', 'Cuestión de amor propio', 'Naturaleza casi muerta', 'Tiempo de inocencia', 'La mitad del alma' o 'El verano del inglés'. Títulos por los que ha merecido premios como el Anagrama, el Josep Pla, el Nacional de Narrativa y el Sant Jordi de novela.

POCAS FÉMINAS

Le ilusiona incorporarse a la RAE en el tricentenario de la institución e incrementar la magra nómina de académicas que espera ver crecer y que con ella hoy conforman Ana María Matute, Carmen Iglesias, Margarita Salas, Soledad Puértolas, Inés Fernández Ordóñez, y Aurora Egido, que tiene pendiente la lectura de su discurso de ingreso.

Hasta la segunda mitad del siglo pasado las puertas de la RAE, que cuenta con 46 plazas, no se abrieron a una mujer. Fue 266 años después de su apertura y tras sonoros portazos a varias escritoras y filólogas.

Ana María Matute, una de las tres únicas ganadoras del Premio Cervantes, es hoy la académica más veterana en la casa, a la que se incorporó en 1998 como titular del sillón K. Tras ellas llegaron otras seis damas en la última década: la historiadora Carmen Iglesias (2002, sillón E), la científica Margarita Salas (2003, sillón i), la narradora Soledad Puértolas (2010, sillón g) y la filóloga Inés Fernández Ordóñez (2011, sillón P), Carme Riera (2012, n) y Aurora Egido (2013, B).

Fundada en 1713, bajo el reinado del primer Borbón, Felipe V, a imagen de la Academia francesa y por iniciativa de Juan Manuel Fernández Pacheco, la RAE tardó una eternidad en dejar paso a las féminas y no fue por falta de candidatas. La primera en intentar romper el muro académico fue la poetisa Gertrudis Gómez de Avellaneda (1814-1873). Los académicos de entonces lamentaron que no existieran "plazas para mujeres". A l mismo argumento recurrieron para cerrar el paso a la gran escritora gallega Emilia Pardo Bazán, la primera periodista que ocupó una corresponsalía en el extranjero (Roma y París) y la primera mujer que presidió el Ateneo.

Otro clamoroso portazo de la RAE se llevó la gran filóloga María Moliner, una fuerza de la naturaleza capaz de elaborar ella sola el legendario 'Diccionario de uso del español', que en cualquier país desarrollado le hubiera granjeado el mayor reconocimiento. Propuesta por Rafael Lapesa y Pedro Laín tuvo que ver doña María, cómo el lingüista Emilio Alarcos Llorach se quedaba en 1972 con el sillón B al que aspiraba la filóloga y lexicógrafa aragonesa.

En 1979 era elegida la primera académica de la historia, la novelista cartagenera Carmen Conde, titular del sillón k hasta su muerte en 1996 pero que tendría que afrontar la fatalidad de que su elección dejara fuera a otra gran escritora, Rosa Chacel. Conde estaría un lustro como única fémina entre doctos varones hasta que en 1984 ingresara la también escritora cántabra Elena Quiroga, titular del sillón hasta su muerte en 1995.

Hubo cantos de sirena para atraer a la docta casa a Carmen Martín Gaite, pero en este caso fue la autora de 'Entre visillos' y 'Nubosidad variable' quien dijo nanay al sillón académico y a sus valedores.



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