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El cómic, una herramienta política en desuso

  • El cómic ha sido históricamente en España una potente herramienta propagandística política

Una persona lee un cómic en la feria del Libro de Madrid

El cómic, una herramienta política en desuso

Una persona lee un cómic en la feria del Libro de Madrid

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Actualizada 17/06/2013 a las 08:57
  • efe. madrid
El cómic ha sido históricamente en España, sobre todo durante la República, la Guerra Civil, el franquismo y los primeros años de la democracia, una potente herramienta propagandística política que llegó a alcanzar grandes cuotas de popularidad entre la población.

"Los ejemplos propagandísticos que se hacen en este siglo tienen un calado, una intensidad, pero no han tenido el poder que tuvieron en el pasado, como en el caso de la revista 'Clarín', que en los años 50 tenía millones de lectores españoles", ha explicado Manuel Barrero, investigador del cómic de la Universidad de Sevilla.

En esta época, según Barrero, el tebeo era un "producto cultural" que lanzaba mensajes "que calaban en la población".

Así lo considera también el dibujante madrileño Felipe Hernández Cava, autor de tebeos comprometidos políticamente y padre, junto a Saturio Alonso y Pedro Arjona, del grupo "El Cubri", fundado en 1972, cuyos trabajos intentaban conectar con algunas estéticas muy pujantes en la época, como la del "Equipo Crónica".

"Nosotros empezamos en los últimos años del franquismo a hacer trabajos de cómic muy político porque el momento exigía algo así, o nos lo parecía a nosotros", ha dicho Hernández, también conocido con el pseudónimo "Caín".

De esta década de los 70, también destacan los trabajos de José Ramón Sánchez, autor de algunos tebeos hechos por encargo para el PSOE.

"El propio José Ramón me ha dicho que cuando Javier Solana vio sus trabajos dijo que eran la imagen que el PSOE quería dar del cambio que propugnaba en esa época. Por eso, se convirtió en el hombre gráfico del cambio", ha recordado Hernández.

De los últimos encargos del PSOE a un ilustrador, se recuerda la obra "Historia del socialismo español", realizada por Juan Carlos Martín Muñoz y Manuel Berrocal en 1982.

Se trataba de un tebeo editado a modo de álbum con una introducción de dos páginas redactada por Felipe González y, a modo de epílogo, una entrevista a Alfonso Guerra.

Pero si hay que destacar otros nombres del cómic político en el siglo XX, no hay que olvidar al dibujante sevillano Carlos Azagra, quien en los años 80 trabajó para las revistas "Makoki" o "El Víbora", así como en publicaciones de cómic vinculadas a sindicatos, como la CGT, para quien hizo en 2012 "Lo que la reforma laboral esconde".

Pese a ser un género con gran capacidad comunicativa, el cómic se ha desligado en la actualidad de ese cariz propagandístico que tuvo, como referencia temporal más cercana, en el franquismo y años posteriores.

"La gran diferencia con las dictaduras es que la propaganda raramente la emite el Estado, ahora mismo el PP no haría un panfleto propagandístico para unas elecciones, porque ese tipo de mensaje está devaluado y el producto recibiría rápidamente una crítica brutal por parte de la oposición, y no les interesa", puntualiza Barrero.

Por su parte, Hernández considera que algunos de sus tebeos más recientes, como "11M, 11 miradas" (2005), o "Ventanas a Occidente" (1994), son también "trabajos políticos".

Donde sí coinciden ambos expertos es en el hecho de que en la actualidad los dibujantes prefieren "no señalarse" con ninguna opción política.

Según Hernández, ahora existe una "contradicción", ya que sí que hay autores que se "comprometen mucho", pero también hay dibujantes que han encontrado en este lenguaje una "vía perfecta" para contar su vida.

Para Barrero, la mayoría de los autores que conoce no harían un cómic político, porque la ideología "no les interesa" y la política "aún menos".

"Este tipo de cómic si por algo se caracteriza ahora, es por ser de encargo -ha expresado Barrero- y, como proyecto, no despierta el apetito a nadie. Eso te marca y te convierte en un autor que carga con esa losa".

Eso sí, las características del lenguaje de la viñeta hacen pensar, tanto a Hernández como a Barrero, que se trata de una manera de comunicar "muy especial" que tiene "algo" que no poseen el resto de lenguajes.

"Yo destacaría, como una de las más importantes, la forma en la que el lector es el que administra el tiempo y decide qué ritmo de lectura imponerse", ha concluido Hernández.



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