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Alfredo Landa, único en su género

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Actualizada 10/05/2013 a las 00:08
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  • efe. madrid
Pocos actores en la historia del cine pueden presumir de tener un género propio. Alfredo Landa consiguió él solo, con su "landismo", hacer reír a un país que no estaba para muchas bromas, además de demostrar un gran poderío dramático en "Los santos inocentes" o "El bosque animado".

"En San Sebastián hice una función en el teatro, y cuando salí en el primer mutis y me aplaudieron, vi un destello, un relámpago que me inundó, y una voz me dijo: 'Tú tienes que ser cómico'. Se me quedó tan grabado que he sido cómico porque no habría sabido ser otra cosa", explicaba Alfredo Landa.

Allí había cursado el bachillerato, pero había nacido en Pamplona el 3 de marzo de 1933. Alfredo Landa Areta, uno de los actores más queridos por el público a lo largo de más de 120 películas, siempre supo que tenía una conexión especial con el pueblo llano, aunque finalmente también conquistara a la elite intelectual.

En San Sebastián fundó con varios amigos el Teatro Universitario, curtiéndose en el humor de Mihura, Jardiel Poncela o Capote, y en 1958 se trasladó a Madrid, donde debutó en las tablas de la capital con "Nacida ayer".

Reconocía que, al principio, su carrera se fraguó con trabajos alimenticios, "para salir adelante, porque para luego triunfar, primero hace falta trabajar, la experiencia es vital". Pero en el cine, se estrenó por la puerta grande con "Atraco a las tres", de José María Forqué.

Se sumaría a los abultados repartos berlanguianos en "El verdugo", aunque pronto empezó a destacar como un estereotipo con escaso glamur y profundidad, el "españolito medio" que centraría su propio género: el "landismo".

"¿Pero hay más orgullo que ser el macho ibérico?", decía, a la vez que reconocía: "No reniego del 'landismo' que me dio un éxito tremendo y tenía su valor, la prueba es que esas comedias siguen teniendo éxito cuando se pasan por televisión".

"No desearás al vecino del quinto", "París bien vale una moza", "Lo verde empieza en los Pirineos"... Un hombre reprimido y de escasas dotes amatorias creó escuela, y Alfredo Landa asumió sin pudor la tarea con tal de hacer reír a una España que vivía los últimos años de dictadura.

"Fue un fenómeno sociológico", reconocía, y dignificaba su trabajo asegurando: "En todos ellos he puesto ilusión, y a la ilusión no se le traiciona".

Como tantos otros cómicos, Landa tuvo que demostrar sus habilidades dramáticas para ganarse el respeto de la profesión.

Enterrado Franco, cambió represión cómica por la verdadera tragedia de la falta de libertades. Dio la vuelta al perdedor, hasta llenarlo de matices sensibles.

Calló todas las bocas como el pueblerino de buen corazón que carga con su cuñado retrasado, Paco Rabal, en "Los santos inocentes", la adaptación del texto de Manuel Delibes que realizó Mario Camus y que les dio a Landa y a Rabal el premio de interpretación en Cannes.

"Estoy agradecido a esta profesión que escogí, me reconoció y, más tarde, me dio la oportunidad de demostrar mis cualidades dramáticas", decía, y la racha siguió con títulos fundamentales de los años ochenta.

"El crack", de José Luis Garci, o dos cintas con José Luis Cuerda que le reportarían sendos premios Goya, "El bosque animado" y "La marrana", demostraban el filón que había permanecido oculto en el actor pamplonica y que se hacía extensible a la televisión con "Lleno por favor" o con su inolvidable papel de Sancho Panza en "Don Quijote", de Manuel Gutiérrez Aragón.

Garci se convirtió en el director con el que mejor relación establecería. "No habría hecho 'El crack' si no fuese por Garci y tampoco habría hecho 'Historia de un beso' sin él, porque estos dos personajes han sido para mí como darle la vuelta al calcetín", aseguraría.

"El crack 2", "Canción de cuna", "Tiovivo C.1950" completaron una relación que, en cambio, acabaría mal en el momento en el que, cuando la Academia de Cine anunció que le otorgaba el Goya de Honor en 2007, Garci no aceptó por sus desavenencias con la institución.

Al recoger el premio, Landa olvidó su amargura... y muchas cosas más. Se quedó prácticamente sin palabras y mostró la fragilidad de su estado, impactando notablemente a la audiencia.

"Cuando se murió James Stewart, en la biografía que emitieron en televisión, él mismo decía que al llegar a los sesenta lo que querían era quitarle de en medio", había dicho el día que anunció su retirada por haber perdido la ilusión.

"Desde aquí le digo a Steven Spielberg y Martin Scorsese que no tienen nada que hacer y que hasta luego", bromeó.

Poco después se presentó su biografía, "Alfredo el Grande. Vida de un cómico", que era una entrevista concedida a Marcos Ordoñez, y en la que no se mordía la lengua. "No hablo mal de la gente, sólo constato la realidad", señaló tras describir a José Luis Dibildos como "un timador profesional" o la actriz Gracita Morales como "caprichosa, despótica e intratable".

También arremetió contra el cine español, donde decía que "solo hay media docena de señores con talento, que lo hacen bien", y que el desencuentro con el público se debía a que "les damos morralla".

Un hombre que se describía como "el que mejor juega al mus desde que se inventó" y que tenía la mejor receta para un cóctel.

"Hago los mejores cócteles porque les pongo amor, que es un ingrediente que no le pone la gente. Cuando mezclo los ingredientes, pienso en lo feliz que vas a ser cuando te lo tomes", decía.



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