MUESTRA ARTÍSTICA
Hiperrealismo mágico en el Thyssen
- Reúne lo mejor de los maestros de la corriente más popular en una antológica con casi setenta obras nunca vistas en España
- "El fotorrealismo abunda en la fascinante confusión entre vida y pintura que está en la esencia del arte desde Altamira" apunta Guillermo Solana


Publicado el 21/03/2013 a las 22:03
"La fascinación del hiperrealismo está en un engaño perturbador. Hace trampas al ojo, literalmente, como el trampantojo de la pintura clásica embauca al espectador. También llamado fotorrealismo, nos embauca en una mágica confusión entre la vida y la pintura que nos perturba Desde Lascaux y Altamira. Una ilusión que no deja de fascinarnos y que se acentúa en esta exposición". Así se refiere Guillermo Solana, conservador jefe del museo Thyssen-Bornemisza, a la muestra 'Hiperrealismo 1967-2012', un esplendoroso repaso a una popularísima corriente, relativamente joven pero muy conectada con la tradición, hija de la fotografía y prima hermana de pop, y que atrae como un imán a un público masivo.
"Estamos ante el movimiento quizá más popular de nuestro tiempo" reconoce Solana, que recurre a la oposición con el a menudo abstruso arte conceptual para explicar el éxito masivo de los hiperrealistas. "Son los dos extremos en el momento terminal de las postvanguardias. Si uno prescinde de la experiencia visual en favor del concepto, el otro lo lleva al extremos, en un festín para la vista a la que seduce con ilusiones muy reales" resume.
El Thyssen ilumina este mágico fenómeno con casi setenta pinturas de los grades maestros americanos del género como Richard Estes, John Baeder, Robert Bechtle, Tom Blackwell, Chuck Close o Robert Cottingham. Y se fija luego en su influjo en sus colegas europeos en una muestra que marcará un hito en la temporada y que contará sus visitantes por decenas miles.
Solo dos de las 66 pinturas expuestas, obras del indiscutible Richard Estes, son bien conocidas aquí, ya que pertenecen a la colección del Thyssen. Rigurosa novedad en España son los trabajos de Don Jacot, Charles Bell, Ralph Goings, Peter Maier, Don Eddym, Robert Neffson, Bertrand Meniel, Ben Johnson, Anthony Brunello, Audrey Flack -la única mujer con obra en el MOMA desde 1966-, Yigal Ozeri, John Kacere o Bernardo Torrens. Este es el único español de una selección en que no entra un Antonio López "que no se tiene por hiperrealista -según Solana- ya que aunque exista una convergencia indudable en la época de los frigoríficos o los lavabos, se distancia por su cultura europea y su oficio más tradicional".
Son los mejores exponentes norteamericanos y europeos de un género bautizado en Estados Unidos como fotorrealismo y consagrado como hiperrealismo en Europa en la Documenta de Kassel de 1972. Las primeros más interesados por la carretera, los coches, camiones y las motos cromadas y relucientes, los restaurantes de comida rápida, las máquinas de pinball, o los juguetes de hojalata. Los segundos más atentos a los paisajes y espacios urbanos y una figura humana que tiene casi carácter testimonial para esta corriente "que la trata como si fuera un objeto más".
El efecto mágico de sus pinturas es el hilo conductor de una muestra de asequible dimensión que se ha divido en cuatro espacios: 'Bodegones', 'En la carretera', 'Ciudades y panoramas' y 'La figura humana'. Todas las pinturas participan de esa ilusión que hace que la sobredosis de realismo dote paradójicamente en un halo de irrealidad a algunas de estas pinturas que se confunden con la vida misma y ante las que el espectador siente el impulso de entrar el ellas.
La muestra arranca con los pioneros que en los setenta apuntalaron esa corriente fotográfica "que a medida que ganaba el favor del gran público perdía el interés de unos críticos que la trataron con entusiasmo al principio" hace notar Solana. Un movimiento articulado en Estados Unidos en tono al coleccionista, galerista y marchante Louis K. Meisel, el gran artífice de su puesta en valor, patriarca de movimiento, protector e impulsor de mucho de los artistas presentes en la excelente selección.
Diálogo
Una pintura moderna en la técnica y la temática "pero que establece un dialogo muy intenso con la tradición que no siempre es evidente". "La exposición va de lo micro a lo macro, de las pinturas de objetos cotidianos, unos bodegones contemporáneos con botes de kétchup, juguetes o neones que tienen que ver mucho más de lo que suponemos con los clásicos españoles y holandeses, a las grandes vistas urbanas tan del gusto hiperrealista. Panorámicas que de nuevo son deudoras de los clásicos, de los vedutistas como Canaletto, cuyos paisajes venecianos conectan con las escena de Nueva York, París Roma o Venecia que abundan en la muestra" explica Solana.
La fotografía es la herramienta fundamental para estos creadores hiperrealistas, algo que tampoco es novedad, ya que "está asociada a la pintura desde Delacroix o Degas" recuerda Solana. "Con Warhol y Rauschenberg, que meten la foto en la pintura con la serigrafía, se produjo el gran cambio que dio pie el hiperrealismo, una corriente herética del pop que se sirve de la técnica de la imagen más avanzada para obtener sus espectaculares resultados" explica. Insiste en que "no son meros copistas de fotos" y que aunque que se sirven de técnicas punteras y muy actuales -Peter Maier pinta refulgentes coches con pintura de coches sobre aluminio o Clive Head compone con sofisticadísimo software-, en algunos caso son deudores de la tradición pictórica más convencional, como el caso de Richars Estes. "Trabajan con la fotografía y simulan la nitidez de este medio, incluso cuando la abordan con medios muy artesanales".
Organizada por el Instituto para el Intercambio Cultural de Alemania (Institut für Kulturaustausch) y comisariada por su director, Otto Letze, las 66 obras que exhibe el Thyssen proceden de diversos museos y colecciones particulares. Antes de recalar en Madrid se vio en la Kunsthalle de Tubinga (Alemania) y viajará luego varias ciudades europeas en un periplo que comienza en el Birmingham Museum & Art Gallery Reino Unido).
