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DEPORTES

Victoria placentera de Osasuna contra el Zaragoza (3-0)

  • Los maños de Javier Aguirre se marcharon sin apenas probar a Andrés, y superados por la fuerza de la insistente presión local

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Actualizada 24/10/2011 a las 01:00
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  • FERNANDO CIORDIA . PAMPLONA .

Osasuna contagió al Zaragoza el mismo resfriado que pilló en San Mamés. En una avalancha de semejantes proporciones y en similar tramo del encuentro, el equipo navarro pasó de ser abofeteado a zurrar de la forma que más le gusta: incrustando al adversario en el área de Graderío Sur a base de empuje.

Reclamaba Mendilibar presión e intensidad a sus hombres y éstos siguieron al pie de la letra sus instrucciones sobre el césped. Más allá del fútbol practicado, más práctico que brillante, Osasuna se alió con una perfecta interpretación del juego subterráneo para pintar la cara a un Zaragoza pobre y temeroso. Cuando los rojillos ganan todas esas pequeñas disputas, la pelota termina cayendo cerca de la portería rival con una visible mancha roja de jugadores.

Algo así sucedió en los tres goles, que llegaron por capturar todos los rechaces habidos y por haber. Una cuestión de fe, que ayer movió montañas. Ocurrió en doce minutos de auténtica borrachera que permitieron calmar al personal. Osasuna es especialista es hacer virtud de la necesidad, mete el pie con más decisión si las cosas no pintan bien en la tabla. Corre con sentido. Es una ley no escrita en Pamplona que se impone campaña tras campaña.

El Zaragoza causó una pésima imagen. Se marchó sin probar a Andrés Fernández, sin que su línea ofensiva Barrera-Luis García-Lafita-Postiga tocara apenas la pelota. Osasuna taponó estos huecos con una defensa adelantada extraordinariamente dirigida por Sergio, flanqueado por la seguridad de Lolo y el buen hacer de los laterales.

Puñal, Nekounam y Raúl García mandaron en el eje a modo de una sinfonía perfectamente equilibrada para rebajar el ímpetu de Ponzio, el corazón maño. Los tres se acompasaron para llevar la manija y ganar rechaces y más rechaces. Ibrahima y Cejudo compusieron las bandas, sin desborde pero con la actitud debida. Y en punta, en su hábitat, Mendilibar colocó a un Nino en todo su esplendor. El almeriense provocó el cortocircuito en una defensa rival muy blanda.

Aluvión en 12 minutos

Es innegable que con Raúl García vestido de rojo, Osasuna ha ganado en gol. El de Zizur, ahora como media punta, volvió a demostrar sus dotes como llegador de segunda línea, aparte de su claridad para oxigenar y combinar con sus compañeros. Marcó el gol que abrió el marcador en una posición franca por su inteligencia a la hora de leer el espacio. Raúl aprovechó el toque de Ibra de una pelota rechazada tras un saque de banda de Raitala desde el extremo. Osasuna encontró premio temprano a su capacidad para acorralar al Zaragoza, que tropezó en la misma piedra pasados diez minutos.

Marc Bertrán mandó el cuero con sus manos hasta las entrañas del área, donde aguardaba la cabeza de Raúl García, otra vez en el momento y en el lugar exactos, para prolongarlo. Nino aguardó paciente en el segundo palo y afiló el cuchillo para engatillar a Roberto.

El viento siguió soplando todavía más a favor, en pleno desconcierto aragonés. Bertrán estaba aprovechando sus subidas (Ibrahima ayudaba al interior) como surtidor de centros y en uno de ellos, colocó la pelota en la cabeza de Nekounam, que llegando desde atrás, como le encanta, marcó el tercero de la tarde. Helder Postiga estaba tendido en el suelo, pero quien no sepa a estas alturas que los equipos de Mendilibar no lanzan la pelota fuera es que no se sabe la película. El 9 portugués, un fantasma ayer en el Reyno, había recibido un balonazo del propio Nekounam en el saque de un golpe franco. La jugada siguió y Osasuna plasmó nuevamente su buena fe.

El partido estaba finiquitado con 45 minutos por delante. Se equivocó quien pensaba en una posible bajada de brazos en este periodo. Mendilibar aleccionó bien a sus chicos en el descanso. Incluso Osasuna practicó un mejor fútbol. Hubo más ocasiones pero menos acierto. El Zaragoza se salvó de una goleada mayor por las estiradas de Roberto a disparos lejanos y certeros de Ibrahima y Nino. Los dos lanzamientos iban directos a la jaula. A balón parado, Osasuna también pudo anotar. Lolo erró pisando casi la raya de gol.

Los rojillos siguieron firmes atrás. El Zaragoza apenas lanzó con un disparo de Juan Carlos, recambio de Aguirre en el segundo tiempo. Osasuna venció y convenció.




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