NAVARRA

Los 105 años de Delfina Zardoya

  • La centenaria, a la que su sordera no le impide charlar con desparpajo, goza de buena salud

LUIS MIGUEL CHAVERRI/C.R. . RIBAFORADA/PAMPLONA

Publicado el 26/12/2011 a las 01:01

La vecina de Ribaforada Delfina Zardoya Blanc cumplió el sábado, día 24 de diciembre, 105 años de edad. Zardoya estuvo acompañada por la práctica totalidad de su numerosa familia en una fiesta que celebró en la localidad ribera.

Delfina Zardoya nació a las 5 de la madrugada del 24 de diciembre de 1906. Su padre trabajaba como barquero, transportando productos por el río Ebro, y abasteciendo con ellos localidades cercanas. Delfina estuvo casada con Julio Murillo, también de Ribaforada, quien falleció en 2003 con 96 años. Julio había estado casado anteriormente con una de sus hermanas, que falleció con 31 años. Por ello, contaba siempre que su boda fue un 2 de febrero, de noche, "con luto y llorando". Trabajó como ama de casa y cuidó con gran cariño a los dos hijos que había tenido el matrimonio, Félix y Angelines, para los que fue "como una madre" y que le han dado 8 nietos y 7 biznietos. "Mi ilusión sería llegar a ser tatarabuela", afirma la centenaria.

El secreto de su longevidad

Delfina Zardoya goza de una salud impropia de su edad. Se suele despertar pronto, sobre las 7 de la mañana, y pide a su hija, Angelines Murillo, con la que convive, algo para desayunar. "Cena poco y toma a gusto algún bizcocho con leche o con galletas María". Come ya todo pasado, relata su hija, pero con apetito. "Le gusta la sopa, los purés...". El sábado y ayer, día de Navidad, también probó la tarta de nata con la que sus familiares le premiaron por su 105 cumpleaños. "Estaba en el frigo y se la calenté un poco, para que no estuviera muy fría, pero probó, probó", reconoce su hija.

Las velas las había soplado por la mañana, pero sin cantar. "Era el funeral de un pariente, un primo, y no le parecía bien", explica Angelines. Delfina Zardoya conoce muchas canciones y, cuando está de humor, no duda en amenizar a las visitas. "Se sabe muchas de antes y además es curioso porque tiene muy buena memoria y no se le olvida la letra". Según apunta, tiene "la enorme suerte" de no tomar ningún medicamento y de poder seguir bailando y cantando cuando se lo pide el cuerpo. Aunque ya no puede cocinar, todos los días está pendiente de los guisos que prepara su hija Angelines.

Su memoria tan privilegiada (dicen que el cura bromea con ella diciéndole que se sabe mejor las oraciones que él) le permite recordar multitud de anécdotas. Así, la centenaria rememora aquel día en el que, junto a sus compañeros de clase, fue a las vías para ver el paso del tren del rey Alfonso XIII y su esposa Victoria Eugenia, quienes pararon a saludar a los pequeños desde la ventanilla.

Delfina asegura que el secreto de su longevidad está "en la buena alimentación, no comer en exceso y probar pocos dulces". "El mejor medicamento es el cariño que me da mi familia", explica. Ella también se lo devuelve.

Ayer, su hija, de 76 años, la "persiguió" por un pasillo para que se pusiera al teléfono con este periódico. "¿Mis regalos de cumpleaños? Bombones. Pero yo no como. Para los nietos". Su hija, por detrás, completaba la lista de regalos. "Y una bufanda...". Delfina Zardoya se sentía feliz. "Me cuidan mucho, esto es un paraíso", repetía.

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