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DEPORTES

22-12 La quinta de Olaizola II

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Actualizada 12/12/2011 a las 01:01
  • LUIS GUINEA/ SANTI ZUZA . BILBAO

En cuanto a Juan Martínez de Irujo se le fue la pelota abajo, el 22-12 subió al electrónico y Aimar alzó los puños, miró al cielo. Enseguida le arroparon sus amigos, los de la cuadrilla de Goizueta. Más tarde llegó su hermano Asier y se fundieron en un abrazo. Aquella era una txapela de dos Olaizola por su padre, Andrés, fallecido hace diez días. El título tenía además un tinte histórico, Aimar se convertía en el pelotari con más títulos de la historia dentro del Cuatro y Medio, con cinco entorchados.

La historia de esa txapela emotiva e histórica a partes iguales comenzó a escribirse con el sello del trabajo, el mismo que Aimar aprendió de su padre. El goizuetarra aguantó la salida de Irujo, y los 21 tantos del primer pelotazo fueron la tarjeta de presentación de lo que iba a ser la final. Mucha paciencia, defensa inquebrantable y esperar a que llegara la ocasión. Juan trataba de morder, le movía a un lado, Aimar aguantaba, y aunque el de Ibero le insistiera en la pared y le buscara la zurda, su defensa resultaba insuperable. Y terminó superándole de una volea de derecha pegada precisamente al negro del Bizkaia. Ahí quedaba eso. Si Irujo quería su tercera jaula, tendría que pasar por encima de un pelotari con mayúscula.

Gran defensa, poca velocidad

Aimar había marcado su camino, y de él no pensaba salirse un ápice en toda la final. Su mayor temor antes del partido era ser capaz de centrarse, y aquella era la prueba palpable de que estaba en la lucha por la txapela. El rumbo de Irujo no fue tan claro, ni mucho menos. Su cabeza -siempre competitiva- le pedía inyectarle al partido esa velocidad con la que tanto a tanto acaba envenenando al rival hasta hacerle claudicar. Trataba de cruzar, arrimaba a la pared y buscaba la zurda del goizuetarra, pero la cabeza y las manos iban en sentido contrario. Una ordenaba y las otras no lograban acertar. Por la espera de 28 días, porque estaba pasado o por lo que fuera, el pelotazo del de Ibero no tenía en el Bizkaia el resuello de otras ocasiones. Hubo igualadas a 2 y 3 tantos, a partir de entonces Juan siempre fue a rebufo en el electrónico.

Irujo veía cómo su plan de arrollar a Olaizola por velocidad se iba deshinchando tanto a tanto. Su juego no tenía la pólvora de otras veces, ni tampoco el acierto le acompañaba.

La final que comenzó con un fogonazo de dureza y calidad, se fue ensombreciendo para meterse en un laberinto de errores y precipitaciones que le quitaron cualquier ápice de brillo.

Irujo jugaba con un punto de velocidad menos de lo habitual, y Aimar Olaizola (buen lector de los partidos) se agarraba a todos los recursos que tenía a su alcance para cortar el ritmo y el tempo al choque y llevarlo a su terreno: el cambio de pelotas, probarlas en la pared, las paraditas entre tanto y tanto para beber un poco de agua sin sentarse en la silla... y los tres tantos que consumió de forma estratégica. Y también dejó la impronta de su técnica, como en el voleón de derecha al ancho que marcó desde el 5 y con el que hizo el 11-8.

Sin estar nunca cómodo, sin poder dominar ni marcar el tempo del partido, Juan Martínez de Irujo fue haciendo la goma en el marcador, llegó a asomarse a un 10-8 y un 13-11 porque Olaizola II también marró tres pelotas en ataque.

Cuatro golpes secos

Con Irujo contra las cuerdas en el marcador e incómodo en el juego, Aimar Olaizola le dio un giro al partido que terminó de descuadernar la final. Apuntilló al de Ibero con una voleíta al rincón, volvió a engañarle con un zurdazo a la pared y lo desencajó con una dejada de sotamano al ancho made in Goizueta que dejó al Bizkaia con la boca abierta.

Olaizola le dio la vuelta de tuerca definitiva al partido. Neutralizado el ataque de Juan con una defensa numantina, el goizuetarra se agarró al saque para irse del 17-12 a la txapela directamente. Sumó cuatro dianas inapelables. Irujo por mucho que quería no podía, no pudo evitar que Aimar llegara a 22 y mirara al cielo en el nombre de su padre. LO MEJOR
La emotividad de la txapela para los Olaizola.
La defensa de Aimar en la pared, insuperable ayer.
El ambientazo del Bizkia, difícilmente superable.
LO PEOR
Un Irujo desbibujado, que rindió por debajo de lo esperado.
Muchos fallospara una final con dos pelotaris de tal talla.




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