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Ahorrar para la jubilación, sí. Pero, ¿en qué producto?

SOCIO DE HALTIA CAPITAL

Álvaro Bañón, socio de Haltia Capital

Ahorrar para la jubilación, sí. Pero, ¿en qué producto?

Álvaro Bañón, socio de Haltia Capital.

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Actualizada 16/03/2016 a las 02:53
  • Álvaro Bañón
Todas las instituciones financieras se encuentran en la tradicional "campaña de pensiones". Este último trimestre es cuando nos recuerdan que debemos aportar a nuestro plan de pensiones, que el suyo es el mejor, que tenemos ventajas fiscales, etc. En cierta manera, en lo primero, en que debemos de ahorrar para nuestra jubilación, tienen toda la razón. Sin embargo, no es oro todo lo que reluce y en este artículo les sugiero algunas alternativas para el inversor.

Recientemente, en un desayuno organizado por Diario de Navarra y BBVA, David Carrasco Pérez de Mendiola nos recordaba varios datos que, quizás, no ponemos encima de la mesa ya que preferimos consolarnos con los mensajes de tranquilidad que nos manda la clase política en general sobre las pensiones públicas.

Cuando se diseñó el actual Sistema de Pensiones (1963) las circunstancias demográficas eran muy distintas a las actuales. Había pocos jubilados por efecto de la Guerra Civil y de la baja esperanza de vida y estos jubilados, al tener bases de cotización relativamente bajas, cobraban pensiones no muy elevadas.

¿Qué está pasando ahora? Los llamados “Baby Boomers” (nacidos en los 50-60) están empezando a jubilarse, con carreras laborales muy largas (es decir derecho a pensiones más elevadas) y con una esperanza de vida afortunadamente mucho más alta (de 67 años a 83 años). Hoy cobran pensiones públicas cerca de 9 millones de personas. En las próximas décadas, este número se acercará a los 15 millones, con los mismos, o incluso menos trabajadores cotizando. Es decir, el importe de las pensiones públicas, les digan lo que les digan, no se podrá mantener. Y por razones puramente demográficas.

Ante este panorama, el gobierno, sea del partido que sea, adoptará, esperemos que con consenso, medidas como elevar la edad de jubilación, alargar los periodos de cálculo para la pensión y, probablemente, la bajada de la pensión máxima. No se equivoquen, estas medidas, si las matemáticas no mienten, son inevitables. Todas combinadas de manera suave y progresiva, pero inevitables.

Con esta situación, los trabajadores que están en este momento entre los 30 y 50 años deben prever que en el momento de su jubilación sus ingresos bajarán aproximadamente un 50%. Es decir, si justo antes de la jubilación cobro 3.000 euros, pasaré a ingresar 1.500 al jubilarme.

¿Qué puedo hacer para compensar esta caída desde el punto de vista financiero? Si usted pregunta a su entidad, le recomendará sin dudar un plan de pensiones. El suyo, claro. Y a simple vista puede parecer la respuesta acertada. Es un producto diseñado expresamente para ello, tiene una fiscalidad aparentemente interesante y nos permite realizar tanto aportaciones periódicas como a final de año. Por lo tanto, parece el producto idóneo.

Sin embargo, si uno lo mira con detenimiento, quizás le entren algunas dudas. El producto, que tiene sus ventajas, cuenta también con sus inconvenientes, y no pequeños.

El primero de ellos es la iliquidez. Salvo supuestos tremendamente graves (invalidez y paro prolongado, básicamente) uno no puede disponer del plan de pensiones hasta su jubilación. Es decir, lo que yo aporte con 30 años no lo podré disponer hasta, al menos, 35 años después. Ni para pagar los estudios de mis hijos, ni para comprarme una casa, etc.

El segundo es, aunque parezca paradójico, la fiscalidad. Resulta que las aportaciones hasta 7.000 euros (5.000 en Navarra a partir del año que viene, en una medida difícil de entender si se quiere incentivar el ahorro para la jubilación) suponen reducciones en la Base Imponible de los inversores, lo que no está nada mal. Pero cuando llega el momento del rescate, la fiscalidad no es tan benigna, ni mucho menos. Básicamente, el 60% del mismo entra, o entrará, como Rendimiento del Trabajo. Y lo que es peor, dada la inexistente seguridad jurídica fiscal de España, y en concreto de Navarra (dos reformas fiscales en seis meses), podemos vernos atrapados en un producto cuya fiscalidad empeora cada día.

Otro aspecto, y no menos importante, son las comisiones. A pesar de la última bajada por ley del 1 de octubre de 2014, las comisiones medias de los planes son elevadas: un 0,5% más que las de los Fondos de Inversión y suponen una importante fuente de ingresos de las entidades ante la merma evidente del negocio financiero puro de los bancos. Por cierto, ¿sabemos la comisión de nuestro plan?

Todo esto hace que los planes sean una pieza muy codiciada por las entidades financieras. Se trata de un producto "caro" y al que el inversor no presta demasiada atención, ya que su rescate suele estar lejano y su beneficio aparente es la fiscalidad de la aportación. De ahí las campañas en las que se regala prácticamente de todo por aportaciones/traspasos importantes. Hemos visto televisiones, viajes, móviles...

El inversor tiene que volver a los fundamentos básicos de la inversión: diversificar, buscar activos líquidos y comparar precios y rentabilidades de distintos productos. Diversificar quiere decir invertir en activos financieros y no financieros, tener varias entidades financieras para poder comparar y estar atento a rentabilidades y precios, sin fiarse de campañas. Usted debe mirar por sus intereses y plazos, no los de las entidades.

La liquidez es un valor máximo en este momento, sobre todo cuando el legislador nacional y foral le ha cogido el gusto a cambiar las reglas del partido a mitad del mismo, y un activo que puede parecer muy razonable en un momento dado, como el plan de pensiones, puede no ser tan interesante por un cambio legislativo. El caramelo del ahorro fiscal actual se puede trasformar en peligroso en el rescate.

Otras dos razones refuerzan el valor de la liquidez: uno no sabe hoy en día cómo van a cambiar sus circunstancias personales y laborables de un día para otro y, segundo, la iliquidez no está premiada por los mercados, basta con ver los tipos de los depósitos.

En mi modesta opinión, los fondos de inversión, en toda su gama, son un activo más interesante por su liquidez y comisiones, ventajas que contrarrestan, a mi juicio, la eventual ventaja fiscal del plan de pensiones. ¿Quiere decir esto que no debo aportar a mi plan de pensiones? No, aporte, pero no fíe todo su complemento de jubilación a él. Por todas las razones que le he dado.

Como resumen, tres mensajes. Ahorre para su jubilación, no piense que las actuales pensiones se van a mantener, hágalo diversificando en productos líquidos, a ser posible, fondos, acciones, depósitos y también, pero no sólo ni de manera preponderante, planes de pensiones y, por último, vigile estrechamente las comisiones y condiciones de cada producto. Exija a su entidad que se las explique detenidamente, y si no está conforme, cambie de producto y/o entidad sin miedo.


Álvaro Bañón es socio de Haltia Capital



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