OPINIÓN

La edad de la innovación

  • La autora asegura que la creatividad no tiene que apagarse al envejecer y el paradigma del aprendizaje a lo largo de la vida apela a la necesidad de formarse con independencia de la edad

La edad de la innovación
AmpliarAmpliar
La edad de la innovaciónARCHIVO
La edad de la innovación

CerrarCerrar

Cristina Garmendia

Actualizado el 28/09/2015 a las 12:24

Evariste Galois, uno de los matemáticos más brillantes de la historia, murió con solo 20 años tras un desafortunado duelo con pistola, pero tuvo tiempo para realizar contribuciones pioneras a la teoría de números y la geometría algebraica. Nikola Tesla, uno de los inventores más creativos de todos los tiempos, registró su última patente -un avión de despegue vertical- a los 72 años y siguió intelectualmente activo hasta su muerte a los 87. Ambos casos opuestos nos conducen a una misma pregunta ¿Tiene edad la innovación?


La innovación exige, del lado del emprendedor, capacidad creativa y voluntad de arriesgar, pero también conocimiento para contrastar las ideas y sumar a otras personas a un proyecto de cambio. Sin nuevas (y buenas) ideas no hay innovación, pero tampoco hay innovación sin esas otras personas dispuestas a comprometer su talento, sus recursos y su tiempo para poner tales ideas en práctica. Por último, para que la innovación sea además un proceso transformador de la sociedad, debe sumar confianza y tolerancia al fracaso por parte de su entorno. Creatividad, conocimiento y entorno son, por tanto, tres claves del éxito en innovación. Dejando a un lado el entorno, que depende de la cultura de las organizaciones, de la sofisticación de la economía y, en buena medida, de las políticas públicas, encontramos dos variables -creatividad y conocimiento- que apuntan al individuo.


La creatividad nos lleva al viejo debate sobre si el innovador nace o se hace. Es evidente que hay personas más creativas que otras -no todos podemos ser Galois-, pero también que podemos entrenar algunas competencias transversales de la innovación, como el pensamiento creativo o el trabajo en equipo. En cuanto al conocimiento, es también evidente que cualquiera puede adquirir saberes técnicos, gerenciales o financieros que resultan imprescindibles para materializar las ideas innovadoras. De acuerdo, pero ¿hay una edad en la que todo ello resulta más efectivo? En mi opinión, no necesariamente: la innovación no tiene edad, la innovación es sobre todo actitud.


La creatividad no tiene que apagarse al envejecer y el paradigma del aprendizaje a lo largo de la vida apela a la necesidad de formarse con independencia de la edad -como, a su manera, fue haciendo Tesla-. Ahora bien, sí creo que como sociedad debemos esperar más de los más jóvenes: no todos los innovadores tienen que ser jóvenes, pero todos los jóvenes deberían estar predispuestos a ser innovadores. Porque todos tienen el potencial. La juventud no se entiende sin una actitud de oposición al mundo, de replanteamiento de las cosas, de convencimiento de que todo es susceptible de mejora y ese pulso de cambio es un buen combustible de la creatividad. ¿Qué necesitamos para que esa creatividad, que puede expresarse de muchas formas -artísticas, sociales, empresariales-, sea más productiva y transformadora? Sin duda, un sistema educativo que forme a nuestros jóvenes, desde pequeños, en aptitudes y actitudes innovadoras. Como decía, creo que a innovar también se aprende y que, cuanto antes comience ese proceso de aprendizaje y entrenamiento, mayor será su impacto en la persona adulta. La innovación no está reservada a gente con un talento especial, ni surge sólo de ideas espontáneas; implica procesos sistemáticos, no siempre visibles, que también deben ser enseñados y practicados.


De esta forma, encontramos que detrás de esas dos variables que aparentemente son individuales -creatividad y conocimiento-, se esconden también rutinas organizativas, procesos sociales y políticas públicas. Se esconden, en último término, retos colectivos y un proyecto de país que debe convocarnos a todos, porque, cuanto más innovadora y emprendedora sea nuestra juventud, más posibilidades encontrará España de tener éxito en el largo plazo.



Cristina Garmendia Mendizábal es exministra de Ciencia e Innovación y participará en la Pamplona Innovaction Week.

Etiquetas:

    Continuar

    Gracias por elegir Diario de Navarra

    Parece que en el navegador.

    Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

    Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

    Suscríbete ahora