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Comunicar, una oportunidad rentable

DIRECTOR DEL INSTITUTO DE COMUNICACIÓN EMPRESARIAL

Manuel Campo Vidal, periodista y director del ICE

Comunicar, una oportunidad rentable

Manuel Campo Vidal, periodista y director del ICE.

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Actualizada 30/04/2015 a las 20:33
  • Manuel Campo Vidal
Los empresarios navarros nada tienen que envidiar a los franceses, los alemanes o los italianos. Sólo nos ganan sin paliativos en una asignatura: la comunicación. Es la asignatura pendiente de empresarios, políticos y profesionales, incluidos periodistas y enseñantes.

Se podrán hacer todas las excepciones que se quiera, y justo será hacerlas, porque es cierto que también hay aquí muy buenos comunicadores pero, en general, es imprescindible reconocer ese déficit y tratar de resolverlo si se quiere competir en igualdad de condiciones en el exterior. O para ser más eficaces y obtener mayor rentabilidad en el mercado local.

La falta de instrucción general en la materia comunicativa se agrava aún en nuestro caso por una circunstancia bien curiosa: los españoles creemos, en general, que comunicamos bien, seguramente porque hablamos mucho, muy rápido, con un tono alto y apenas escuchamos al interlocutor.

Sin embargo, hablar mucho no es comunicar bien porque el mensaje principal, lo importante, puede quedar diluido en el río de palabras que, por lo general, no respeta estructura alguna; hablar rápido dificulta la comprensión del que escucha; hablar alto es una forma de imposición no siempre bien aceptada, sobre todo en algunas culturas y foros, y por último, no escuchar al interlocutor es un grave error de comunicación.

Si escuchamos, conoceremos mejor las ideas, los problemas y también las oportunidades que nos ofrece nuestro interlocutor y de ese modo será posible afinar nuestra propuesta verbal y ser así más eficaces. La comunicación es siempre un acto rentable pero con la condición de que se haga en condiciones de excelencia y no de deficiencia.

Resulta llamativo como la comunicación apenas está presente en los programas de formación interna de las empresas, incluso en aquellas que dedican tiempo a la formación de sus mandos. Es frecuente que abunden los cursos sobre Gestión del Tiempo, Prevención de Riesgos Laborales, liderazgo o conocimientos informáticos. Pero nada, o muy poco, sobre habilidades de comunicación.

Con tan escaso bagaje en una materia tan crucial, cuando llega una situación de tensión inesperada, por ejemplo una OPA, o una crisis cualquiera, unos despidos, un accidente, o un problema con cualquier administración pública, la comunicación se convierte en el talón de Aquiles que, con frecuencia, suele determinar un final adverso del conflicto. La explicación habitual suele ser: "Nos ha fallado la comunicación". Y puede ser cierto pero falla sencillamente porque no se ha preparado, porque se suele improvisar y el resultado es catastrófico.

Cierto es que de forma progresiva hay empresarios, políticos y profesionales que van reclamando formación en esta asignatura olvidada. En el mundo actual la comunicación es básica en todas sus formas, desde la personal a corporativa, desde la publicidad a las relaciones públicas.

La prensa económica y las revistas especializadas suelen repetir constantemente que la comunicación es la clave del liderazgo, la llave que abre los negocios o el recurso para afrontar con éxito una crisis. Pero publicada esa recomendación, se abandona al profesional a su suerte. No suele haber consejos, ni siquiera pistas de cómo poner remedio a esa deficiencia.

Admitamos que la comunicación es central en nuestras vidas, aunque nadie nos hubiera advertido de ello. O no lo suficiente. Podría alegarse que eso se sobreentiende, que no hace falta decirlo. Pero resulta que sí hace falta subrayarlo: la comunicación es determinante en nuestras vidas en el ámbito profesional, político, empresarial y cultural. Y, por supuesto, en el ámbito personal.

Dedicarle atención y algún recurso a la comunicación supone ganar eficacia, satisfacción, liderazgo, tiempo, posición y resultados económicos. Pero sobre todo, haremos mejor las cosas que hacemos. Hay que recuperar la estimulante satisfacción por el trabajo bien hecho: este es un componente importante de la competitividad y la innovación.

No hay que desesperarse porque todavía estamos a tiempo: se puede recuperar la capacidad de comunicar mejor con alguna dedicación. Se puede aprender habilidades comunicativas de forma eficaz para hacer de la comunicación una oportunidad rentable.



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