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Preparados para emprender

DIRECTOR GERENTE DE CEIN (CENTRO EUROPEO DE EMPRESAS E INNOVACIÓN DE NAVARRA)

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Actualizada 14/01/2013 a las 18:50
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  • PABLO ROMERA ALONSO
Con independencia de los rasgos de personalidad y aunque no exista un perfil ideal que describa a las personas emprendedoras, sí es posible identificar comportamientos con los siguientes rasgos: iniciativa, decisión, creatividad, asunción de riesgos, tenacidad, autoconfianza, planificación, liderazgo, etc.

Según diferentes estudios especializados sobre emprender, algunos de estos comportamientos son comunes entre empresarios de éxito y se consideran claves tanto durante la puesta en marcha de un nuevo proyecto empresarial como en el desarrollo de la propia actividad.

Desde Cein (Centro Europeo de Empresas e Innovación de Navarra), las capacidades emprendedoras que consideramos más importantes son las siguientes: búsqueda de oportunidades e iniciativa, persistencia, cumplimiento, exigencia de eficiencia y calidad, evaluación de riesgos, búsqueda de información, fijación de metas, planificación sistemática y seguimiento, persuasión y redes de apoyo, autoconfianza, independencia, etc.

Todos los expertos coinciden en que un emprendedor, principalmente, ha de revelar autoconfianza: debe creer en sí mismo, en sus posibilidades, en su capacidad de lograr sus objetivos y metas y en su actitud a la hora de hacer frente a nuevos desafíos que puedan sobrevenir. También se relaciona con la consecución de objetivos la denominada orientación al logro, que implica ser constante para conseguir lo que se propone.

A su vez, la evaluación de riesgos es una capacidad fundamental. Una persona emprendedora, muy al contrario de lo que pueda pensarse, no es ninguna amante del peligro innecesario. Lejos del mito, analiza los riesgos derivados de su toma de decisiones y normalmente, opta por aquellas opciones que comportan un riesgo moderado y asumible. Aunque su aversión al riesgo no es muy alta, ello no significa que corra riesgos no calculados.

La persistencia es otra capacidad destacable. La persona emprendedora va a enfrentarse a dificultades, imprevistos y vicisitudes tanto durante el proceso de creación de la empresa como en su actividad posterior. Por ello es importante que se responsabilice personalmente de hacer todo lo necesario para alcanzar sus objetivos y combatir las dificultades. Para ello, resulta primordial la constancia, la perseverancia, la flexibilidad y la capacidad de gestión del cambio. En un contexto económico tan dinámico y volátil como el actual, con la revolución que han supuesto las nuevas tecnologías y con los cambios tan rápidos producidos en el comportamiento de los consumidores, cada vez se considera más importante la capacidad de la persona emprendedora de adaptarse a los cambios y de identificar nuevas oportunidades.

También se relaciona con el hecho de afrontar situaciones difíciles la denominada resilencia o resistencia a la frustración. Los emprendedores deben ser capaces de no hundirse, de sobreponerse ante esas situaciones adversas, aprender de ellas y seguir adelante.

Por supuesto, la creatividad (ser capaz de generar ideas para resolver un problema o situación de forma original y formular e implementar una solución innovadora y adecuada), el trabajo en equipo (la capacidad para compartir, organizar, coordinar, etc.), la búsqueda de oportunidades (de forma constante, en todos los ámbitos de la actividad empresarial, para identificar mejoras o construir nuevo conocimiento) y las redes de apoyo (creación y mantenimiento de redes de contactos que les apoyan en su labor empresarial) son también competencias características de quienes inician el camino del emprendimiento.

Quizás no todas las personas que tengan en mente la puesta en marcha de un proyecto empresarial se vean reflejadas en su totalidad con estas cualidades. No obstante, el emprendedor "perfecto" no existe y afortunadamente, estas capacidades pueden desarrollarse o ser reforzadas con una formación adecuada, con asesoramiento experto y con la práctica sistemática.

Por otro lado, hoy por hoy, las competencias y capacidades emprendedoras son cada vez más valoradas en el trabajo por cuenta ajena. Las empresas tienen que adaptarse a los cambios del entorno y necesitan personas con inquietud por detectar nuevos proyectos o mejorar los existentes y ser capaces de ponerlos en marcha.

Una idea siempre es el germen de una nueva empresa, pero las ideas en sí mismas, por muy buenas que parezcan a priori, no valen nada. Lo que realmente tiene valor es la conversión de esa idea en un negocio de éxito, y para ello la persona emprendedora debe poner en juego todas sus capacidades.

Por eso, desde nuestra entidad, consideramos que la figura del emprendedor -o del equipo promotor- es una de las claves del proceso de creación de empresas y de él dependerá en gran medida el éxito empresarial. En este sentido, una de nuestras áreas de especialización es la formación y el desarrollo de sus capacidades emprendedoras. De este modo, lograremos favorecer la creación de un mayor número de empresas mejor gestionadas, que diversifiquen, innoven, crezcan y sean sostenibles a largo plazo.



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