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CEMENTOS PORTLAND

Portland renuncia a la valorización de residuos por falta de inversión

  • El Gobierno decreta la clausura del cambio de la autorización que posibilitaba el proyecto

Al fondo de la autovía de la Barranca, las instalaciones de Cementos Portland en Olazagutía.

Portland renuncia a la valorización de residuos por falta de inversión

Al fondo de la autovía de la Barranca, las instalaciones de Cementos Portland en Olazagutía.

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Actualizada 22/09/2015 a las 12:57
  • NATXO GUTIÉRREZ. Pamplona
La nueva Autorización Ambiental Integrada que recibió Cementos Portland en 2013 para valorizar residuos en su planta de Olazagutía caducó ayer. Una resolución de la directora General de Medio Ambiente, Eva García Balaguer, reproducida en el BON, dejó sin efecto el permiso que facultaba a la compañía cementera a introducir residuos previamente tratados como sustitutos progresivos del fósil que quema hoy día. La factoría ocupa a un centenar de personas, tras los ajustes de su plantilla de los últimos años como consecuencia del acomodo de su producción a la demanda de un sector afectado por la crisis.

El dictamen oficial conocido ayer no ha hecho sino dar curso a un procedimiento que determina la caducidad de una autorización de estas características si, transcurridos dos años, no se ejecuta el proyecto planteado. En esta ocasión, la crisis que azota a los sectores de la construcción e inmobiliario ha conducido a Cementos Portland a renunciar a la inversión.

Sus previsiones apuntaban a gastarse en Olazagutía del orden de 3 millones de euros para adaptar las instalaciones al nuevo modelo de alimentación de sus hornos. La apuesta fue defendida con el argumento de asegurar la competitividad de la planta en un sector que había encontrado en la valorización energética de los residuos una vía de abaratamiento de costes en su producción.

De hecho, en el dilatado proceso para la obtención de la licencia especial no exento de polémica por la oposición de un sector vinculado a la izquierda abertzale, Cementos Portland insistió en la convenencia de llevar a cabo su nuevo plan. La nueva Autorización Ambiental Integrada permitía quemar biomasa entre otras posibilidades.

Fuentes de la empresa aseguraron ayer que la situación económica, con una deuda de 1.000 millones en el conjunto del grupo, ha provocado la suspensión de los planes iniciales.

DESCENSO DE VENTAS

Un ejemplo del actual contexto, lejano del nivel que alcanzó el sector cementero en la época de bonanza, es la disminución de la balanza de ventas. En una primera estimación, la producción prevista para este año se situará en las 325.000 toneladas. En términos porcentuales, esta cantidad supondrá un descenso del 10 al 15% con respecto al ejercicio pasado, según fuentes de la cementera. La cifra es mínima para la capacidad que posee la planta de Olazagutía, calculada en 1,2 millones de toneladas.

Desde hace cinco años, sólo funciona uno de los dos hornos. El activo, de hecho, está encendido entre “8 y 9 meses al año”.

Dentro la preocupación que acecha al sector cementero, “el futuro es incierto” también para la factoría navarra, en cuyo seno hay voces que lamentan “la oportunidad de oro perdida” con la inversión no efectuada. Quienes así opinan ponen en énfasis el esfuerzo realizado durante los últimos años, que condujeron al Gobierno foral de la anterior legislatura a salvar la oposición del Ayuntamiento, regido por Bildu, con la aprobación de la figura del Proyecto Sectorial de Incidencia Supramunicipal (PrSIS).

El rechazo a la valorización energética, en este momento invalidada con la caducidad de la Autorización Ambiental Integrada, se fundamentó en el temor a que la instalación de Cementos Portland se convirtiese en la alternativa de la incineradora de Navarra.

En todo momento, la cementera ha negado este extremo entre otras razones por su capacidad de combustión (había una previsión de 36.500 toneladas de residuos al año, equivalente al 30% del combustible fósil que quema hoy día). “En ningún caso se quemará basura”, llegó a advertir la compañía ante las objecciones de sectores opuestos que vinculaban sus planes a la incineradora de residuos urbanos.



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