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PELOTA

Beloki: "Nunca he llorado por perder"

  • El sábado la mano profesional despide a uno de los grandes, Rubén Beloki. Un pelotari querido por su trayectoria, juego y su categoría personal

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Rubén Beloki, ayer por la mañana en una sesión fotográfica en el Labrit con todas las txapelas que ha ganado como profesional y la medalla de oro olímpica de Barcelona 92. JAVIER SESMA / JOSÉ ANTONIO GOÑI

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Actualizada 29/11/2011 a las 01:05
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  • LUIS GUINEA . PAMPLONA

En el deporte, como en la vida, hay despedidas y despedidas. La de Rubén Beloki Iribarren será el sábado, y a lo grande. Se irá el burladés en su frontón, el Labrit, que le despedirá con las gradas llenas porque se marcha un señor de las canchas. Por sus resultados, sus 19 años de trayectoria y por una categoría personal que arrastra. Beloki (Burlada, 1974) es un pelotari con mayúsculas, de los que marcan época. Y se va.

¿Es fácil decir adiós?

Para nada, es complicado. Yo siempre he sido pelotari, pensaba que esto no iba a terminar nunca, y el momento de dejarlo ha llegado. Irse es difícil porque esto es mi vida.

¿Qué sensaciones tiene?

Que es algo que no había vivido nunca. Mis 19 años de pelota están pasando estos días por mi cabeza, y cuando revivo un partido, una final o una txapela le estoy dando más valor que entonces.

¿Qué va a extrañar?

Sobre todo no volver a vestirme de blanco, las tertulias de vestuario antes de los partidos... pero el ambiente me está acompañando a hacerme a la idea de que esto se acaba. Seguramente hasta el día 4 no me daré cuenta de que esto se ha terminado.

¿Usted es nostálgico?

Para nada. No he sido de mirar nunca hacia atrás, pero ahora es inevitable. Me vienen al recuerdo la olimpiada, el debut... no sé quizá me ha pillado más sensible.

¿Qué ve cuando mira atrás?

Tengo una sensación de plenitud enorme, más de la que pensaba. Cuando juegas sientes a la par victorias y derrotas, ahora me quedo con lo bueno. Estoy tranquilo y tengo la sensación de que he hecho un buen trabajo. Desde que debuté tenía muy claro en mi cabeza que tenía que hacer bien mi trabajo, ganara o perdiera. Si perdía, el lunes ya me ponía a entrenar para levantarme de una derrota. Creo que he hecho mi camino en la pelota -podía haber sido mejor o peor- pero lo he hecho yo. Me voy contento.

¿Cómo ha sido ese camino?

Muy bonito. Todo lo que me ha pasado en la pelota ha sido bueno. Desde el debut, que fui muy joven y que tenía su riesgo, hasta hoy no me han pasado más que cosas buenas. Ha sido duro, pero ha merecido la pena.

¿Por qué uno es bueno?

He tenido la suerte de tener facilidad para jugar a pelota. Pero eso en el profesionales no vale para nada si no vives por y para esto. Eso es así. Mi paso por aficionados no fue a base de trabajo, sino de calidad. Me resultaba fácil. Pero en cuanto llegué a profesionales vi que si quería hacer una carrera larga tenía que trabajar mucho. Y además tenía la presión de ser el mejor zaguero. Y he trabajado mucho.

¿Qué ha sido la autoexigencia para usted?

Mi mejor arma, sin duda. Eso, y saber reponerme de los palos.

¿Cómo se levanta uno de una derrota?

Cuando pierdes un partido importante pasas dos o tres días muy jodidos. Eso se digiere y se pasa, luego hay que saber relativizar. Yo siempre he tenido muy claro que la pelota es un deporte, es un juego, uno gana y el otro pierde. Y que ahí fuera hay gente que tiene problemas tremendos: quien está en paro, tiene una enfermedad, un problema familiar... y que lo está pasando mucho peor que tú. Y eso me hacía decirme a mi mismo: ponte a entrenar como un cabrón, que ya saldrás adelante. Con eso me ha valido.

Que parece fácil, pero no lo es tanto.

No, no lo es. He visto a muchos pelotaris que se han comido el tarro muchísimo, que se han presionado tanto que han pasado por aquí sin pena ni gloria. Y muchos tenían mejores y más condiciones que yo. Yo soy muy nervioso, muy competitivo... y he salido adelante con trabajo, trabajo y trabajo.

Usted tiene un sentido común poco común.

Puede ser. Empecé en esto desde muy crío, y he tenido novia desde mucho antes de debutar en profesionales. Esas cosas ayudan mucho. Y he llevado una vida normal desde siempre, y no echo en falta nada ni la juerga, ni el salir por ahí... he tenido la suerte de contar con un entorno muy bueno. He sido maduro para mi edad, pero yo tenía claro que quería hacer carrera en la pelota, que es lo que más me gusta en la vida.

No historia sino carrera.

No, no. Yo quería vivir de esto muchos años, y lo he conseguido.

¿Su cabeza ha sido mejor que el látigo de su brazo, que su técnica como pelotari?

Sí, claramente. Yo estoy feliz con la carrera que he hecho como pelotari, en la que he tenido de todo.

Pero a usted le han exigido siempre, y le han ayudado poco.

Pues sí, y eso es muy duro. Pero sabía cuál era mi sitio y es lo que hay.

¿Eso agota?

Mucho. La caña de partidos y de tralla de trabajo que me he llevado ha sido grande. No es lo mismo jugar con Aimar o con Irujo que muchos partidos que me ha tocado con desventaja. Por eso el que entiende de verdad de pelota valora quizá más lo que he jugado y cómo lo he jugado que las txapelas que he ganado.

Rubén Beloki para mucha gente es un pelotari señor dentro y fuera de la cancha. Usted siempre ha sabido estar.

Esos valores han estado ahí desde el principio porque me los han inculcado entre mis padres, el colegio... mi circulo más próximo. Pero yo es algo que nunca he forzado. Si alguna vez he tenido que protestar a un juez, lo he hecho; si he tenido que dar un grito lo he dado, pero yo entiendo la pelota como la forma de ser que tengo. He vivido de los de antes, quizá soy más como los Galarza, los Retegui...

Vamos, que su forma de ser no es un pose.

Para nada, yo soy como soy. Suelen decir que no he tenido ningún mal gesto, pero no es así. También discuto muy fuerte con los compañeros. Pero siempre he pensado que en la cancha hay que mantener unas formas, yo he tratado de guardarlas al menos y no me ha costado.

¿Cuánto ha cambiado la pelota?

Mucho en muchas cosas, aunque la esencia es la misma. Ahora la pelota es un deporte más comercial, está bien visto que haya piques entre pelotaris, que haya una forofada en el frontón... es espectáculo.

¿Le gusta más la de ahora o la de antes?

Me gusta mucho que se anime en el frontón, pero me parecía más bonito cuando había menos ruido en el frontón y se pueda oír la pelota. En la primera final que jugué con Errandonea, el frontón estaba a rebosar, pero se oía perfectamente el sonido de la pelota. Ahora todo es un poco más fútbol.

¿Ahora la gente entiende menos y se sigue más al pelotari concreto?

Con Eugui y conmigo se disparó un poco la forofada, que eso es bueno y te va metiendo en el lío. Todo lo que sea llevar gente al frontón es bueno.

¿Le gusta como se juega ahora?

Me gusta el juego de ahora, pero el que lo sabe hacer. No me gusta que todos los chavales que empiezan ahora se crean Irujo o Aimar de la noche a la mañana. Si no lo sabes hacer, no lo hagas. Juan y Olaizola son unos cracks y no todos pueden ni saben hacer el juego de aire como ellos.

¿Ha sufrido usted con el cambio de juego que ha habido?

Pues lo hemos pasado mal, sí. Porque Juan o Aimar jugaban tanto a bote como nosotros o más. Y tenían el plus del aire. Si Irujo y Olaizola están ahí arriba, han arrasado con nosotros y se han mantenido arriba es porque son muy buenos. Yo veo que Zabaleta, Merino y Albisu son más de mi perfil, me gustan mucho y creo que les van a dar mucha guerra a Juan y a Aimar cuando empiecen a flaquear.

¿Se volverá al juego a bote?

No, porque jugamos con un material mucho más rápido y violento, y con un sotamano solucionas muchas cosas.

El material con el que debutó y el de hoy son el día y la noche.

Totalmente. Ahora se juega con una pelota más pequeña, mucho más rápida, violenta... se buscan partidos veloces que den espectáculo para la tele. Las empresas van hacia ahí. Eso es la leche.

¿Qué es ganar una final?

Ser por un día el mejor, y sentir que el trabajo está bien hecho y que todo el esfuerzo ha valido la pena.

Pero una final, una txapela dura unas horas, al día siguiente eres historia.

Una final no es nada. Las finales son un momento, ese día en ese momento eres el mejor. Y ya está, porque la pelota, como todos los deportes, van a toda leche.

¿Se disfruta mucho de ser el mejor?

No, para nada. Yo nunca he disfrutado una exageración de las finales. Siempre he tenido la sensación de que me ha costado muchísimo ganar, y que tenía los pies muy bien asentados para el siguiente campeonato. Aquí ser campeón no te vale para dormirte en los laureles, no vale gran cosa. En el tenis puede que sí, pero aquí va todo a mil por hora.

¿Cuánto duele una derrota?

Las derrotas siempre son complicadas, pero hay que saber darles la vuelta.

¿Ha llorado mucho?

Nunca he llorado por perder un partido de pelota.

¿Nunca?

Nunca. Me emocionan otras cosas. Sí que puedo llorar o emocionarme mucho con lo que hacen otros, por ejemplo con la remontada de Xala.

Pero habrá tenido algún momento muy malo en un frontón.

Claro. El peor momento para mí fue la última final de parejas que jugué con Asier y que nos ganaron Xala-Eulate. Ahí vi que se me escapaba mi último tren, veía que era la última final de mi vida. Lo pasé muy mal. Pero llorar, no he llorado nunca. Para renacer hay que pensar enseguida, hay que salir rápidamente de esto. Y salía.

¿Ha sentido dolor en un frontón?

Alguna vez. Pero más que ser un dolor físico es impotencia. Trabajas mucho, te preparas... y ves que las cosas no van, que se me ha fastidiado la mano, y que no puedes.

¿Cómo sale de eso?

Echándole un par y tirando para adelante, no queda otra que darlo todo en cada pelotazo. Hay que ser profesional, a quien se juega su dinero en la apuesta, tú le tienes que transmitir que lo estás dando todo.

¿Es consciente de que la gente le admira?

La palabra admiración me da mucho respeto. Y en estos días previos a la retirada sí que noto que la gente me quiere mucho. Yo me siento más admirado ahora que cuando gané las txapelas.

¿Ser admirado le enorgullece o le hace sentirse un tipo más normal?

Yo tengo mi orgullo y mis defectos, como todo el mundo. Yo siempre he intentado encauzar esa admiración, y que se me admire por algo.

En los tres folios que usted escribió para su retirada, la palabra más repetida era gracias.

Pues sí. Yo le he dado todo, y cuando digo todo es todo, a la pelota. Y a cambio la pelota me lo ha dado todo. Ha sido mi vida.

Usted en su agradecimiento se acordó especialmente de quienes le enseñaron.

Cuando me enfrenté a esos tres folios en blanco pensé en dar gracias a personas nombre por nombre. Pero seguro que me olvidaba a alguien. Lo hice de otra forma. Yo fui muy afortunado porque en su día hubo mucha gente que me ayudó a ser lo que quería ser.

Con la buena cabeza que tiene, ¿jamás ha tenido un momento de debilidad, de duda?

Sí, muchas veces. Con 20 o 22 años yo tuve mucha presión encima, muchísima. Yo creo que ahora chavales de esta edad no serían capaces de sobrellevarlo. Lo he pasado muy mal, y muchas veces he preguntado en mi casa, a mis padres y entonces a mi novia si yo valía realmente para esto.

En esos folios le daba las gracias de una forma especial a sus padres.

Claro, porque siempre han estado ahí. Mi padre ha sido muy exigente conmigo, pero a la vez siempre me ha apoyado en todo, y lo han dado todo por mi.

¿Y su madre?

Los padres siempre son más viscerales. Mi madre es una persona importantísima para mí. Siempre ha estado ahí para hablar para escuchar...

Y Marta, su mujer.

Pues sí. El entorno de un deportista lo es todo. Marta y yo éramos novios antes de que yo debutara, y siempre ha estado a mi lado para todo en todos estos años. Ella es la que mejor me conoce, el hombro en el que he llorado muchas veces. Su padre y Carmelo Argüelles fueron los que empezaron la escuela de pelota, y por ellos estamos aquí. Un deportista es su entorno, si no tienes un entorno bueno, no tienes nada que hacer.

¿La presión consume?

Machaca mucho, y más en ámbitos tan pequeños como la pelota. Tan pronto estás arriba y abajo, es brutal. Después de perder una final o un campeonato te dan ganas de no ir ni a por el pan, pero siempre he pensado que no hay que esconderse, si hay que dar explicaciones, se dan. Los problemas se afrontan de cara, y la cabeza alta.

¿Se ha quedado con ganas de algo?

Siempre he pensado que podía haber ganado algún campeonato más, pero tampoco me preocupa. Cinco subcampeonato de parejas son muchos. Pero al final me ha tocado jugar con gente muy buena, los de antes y los de ahora. Quizá me pena no haber jugado una final del Cuatro y Medio, pero me voy satisfecho; he hecho lo que debía.

¿Cómo va a ser su vida?

Distinta. Tengo mi familia, mis tres hijos; seguiré vinculado a la pelota y a Asegarce de alguna manera... y voy a seguir poniéndome los tacos para jugar y entrenar. Tengo la suerte de que no he terminado quemado de la pelota. Me apetece seguir jugando.

¿Cuántos amigos deja en la pelota?

Amigos-amigos tengo los que he tenido siempre, porque la palabra amigo es la palabra amigo. Tengo mucha gente con la que llevo muy bien de muchos ámbitos, y creo que eso me ayudará en el futuro.

Se mira a las manos y qué ve.

Muchas cosas. No están muy destrozadas, tengo un ligamento roto y un dedo un poco torcido, nada más. Me acuerdo de batallas... mis manos son de pelotari, y seguirán jugando a pelota porque es lo que saben hacer.



  • José Miguel García
    (29/11/11 12:36)
    #1

    ¡¡¡ Quégrande eres, Ruben !!!. Una entrevista muy completa en la que vas desgranando tu vida dentro y fuera de los frontones con gran naturalidad y sencillez. Los que vivimos, generalmente, fuera de Navarra, gracias a esta entrevista te conocemos un poco más. Muy buena, asi mismo, la labor de los periodistas que con sus puntuales preguntas te dan la oportunidad de expresar tus sentimientos, tu manera de entender la vida, manifestarte tal como eres. Hasta siempre, campeón. Esperamos verte jugando algun partido de veteranos por Barcelona en los Frontones Olímpicos del Valle Hebrón o en el de la Casa de los Navarros/Nafarren Etxea. No dudes que la colonia Navarra de Barcelona te rendiría su particular homenaje.

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