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El secreto de Red Bull

  • Le llaman el Da Vinci de la F-1 y tiene su lunar en el diseño del bólido con el que perdió la vida el brasileño Ayrton Senna

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Sebastien Vettel junto al artífice de sus triunfos, el ingeniero Adrian newey. DN

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Actualizada 30/10/2011 a las 01:05
  • COLPISA. MADRID .

Callado, con una tímida sonrisa y siempre con un bolígrafo en la mano. Lejos de los focos, pero susurrando a Christian Horner al oído. Una mente maravillosa, un mago, un adelantado y un pionero que usa el método clásico. Es Adrian Newey (Strartford upon Avon, 1958), el último ingeniero puro de la Fórmula 1, de los que aún diseñan en negro sobre blanco en su estudio, con la única ayuda de su inagotable imaginación.

De la Indy Cart a Williams

Nacer en la misma localidad que William Shakespeare no hace más que agrandar su leyenda. Este británico, de rostro amable, cuerpo desgarbado y enjuto, comenzó su larga carrera hace unos 30 años, haciendo las Américas, en la Indy y la CART a base de victorias, incluyendo la Indy 500 en 1983. Marchó a la Fórmula 1 a mitad de la temporada, y tras dar algunos tumbos, fichó por un March con el que sorprendió. Ivan Capelli y Marcello Gugelmin protagonizaron la mejor temporada de este equipo, que desapareció en los albores de los 90. El prestigio de Adrian Newey creció como la espuma y Patrick Head le fichó para acompañarle a Williams en 1990.

Después de los tumultuosos 1988 y 1989, con la lucha entre Alain Prost y Ayrton Senna en McLaren, la salida del francés de la escuadra inglesa cambió la forma de actuar en la Fórmula 1. Nigel Mansell no pudo con la maestría de Senna ni en 1990 ni en 1991, pero todo cambió en el 92.

La entrada de la electrónica permitió la creación de unos monoplazas completamente revolucionarios, con unas suspensiones activas que, prácticamente, hacían imposible que el coche se moviera. ¿Adivinan quién fue el primero en adaptar esa tecnología? Sí, Adrian Newey.

En 1992 adaptó el chasis del Williams FW14 del año anterior -con el que Mansell ya se había proclamado subcampeón- a las nuevas ayudas electrónicas, y consiguió crear uno de los monoplazas que todavía ostentan algún récord de imbatibilidad.

Llegan los éxitos

Hasta el abusivo 2002 que protagonizó Schumacher, nadie consiguió alcanzar el grado de dominio del "León" Mansell en 1992: nueve victorias, tres segundos puestos y tres abandonos.

Repitió éxito con Prost en 1993, año en el que el francés y Damon Hill se hicieron con el primer y el tercer puesto de la clasificación. De nuevo, Newey les había dado una herramienta con la que dominar la Fórmula 1 con puño de hierro: el FW15.

No obstante, siempre que Newey recuerda esta época, le asaltan las pesadillas. En 1994 se prohibieron las suspensiones activas, precisamente cuando habían fichado a Senna. Todos sabemos lo que ocurrió el 1 de mayo en Imola. Newey fue apuntado por muchos como el responsable indirecto del fallecimiento del auténtico "Magic" y llegó a ser sometido a juicio, aunque posteriormente se le privó de cualquier responsabilidad.

Con el paréntesis del bicampeonato de Schumacher con Benetton en el 94 y el 95, Newey encadenó cuatro títulos consecutivos: dos más con Williams y dos con McLaren. Para ser exactos, el último siendo miembro de Williams fue el de Damon Hill en 1996, ya que en 1997 ya había fichado por McLaren. No obstante, antes de irse, dejó diseñado el FW19 con el que Villeneuve ganó su único título.

Éxito y sequía en McLaren

Su llegada al equipo de Ron Dennis se tradujo en el regreso al éxito tras siete años de sequía en McLaren. Con Mika Hakkinen y David Coulthard como pilotos, Newey les dio el MP4/13 y su continuación, el MP4/14, con el que el piloto finlandés logró su bicampeonato. En 2000 estuvo muy cerca de repetir, pero ese año comenzó el reinado de Michael Schumacher a los mandos de Ferrari.

Los siguientes años fueron los menos exitosos para Newey. Entre Rory Byrne y Ross Brawn le dieron a Michael Schumacher los Ferrari más competitivos de la historia, con el punto culminante en el F2002 con el que el "káiser" nunca se bajó del podio.

Tras tener que desechar monoplazas a mitad de temporada, como el fallido MP4/18 que nunca llegó a competir, los pujantes euros de Dietrich Mateschitz, dueño de la empresa de bebidas Red Bull, llamaron a su puerta. El empresario austríaco compró la escudería Jaguar y, en 2006, anunció que contrataba a Newey como su nuevo diseñador jefe.

Los años dorados de Red Bull

Pese a no participar en el diseño del monoplaza de 2006, en 2007 se puso manos a la obra con el RB3. Ese año, Mark Webber consiguió el primer podio para el equipo, con un tercero en el GP de Europa, en Nürburgring. También ese año, recordado por todos por el "spygate" entre Ferrari y McLaren, y las luchas interinas entre Hamilton y Alonso, debutó Sebastian Vettel.

Fue cuando subieron al piloto alemán al primer equipo de Red Bull cuando los éxitos comenzaron a fluir. Tras el paréntesis de 2008, donde se fueron con otro podio en Canadá, Newey creó el magnífico RB5, el único que pudo plantarle cara al BrawnGP de Jenson Button. Después de que ese año no ganó el título, sobre todo por la renta de las primeras carreras que había dominado el británico, llegó la gloria de 2010 y 2011.

Mansell, Prost, Hill, Villeneuve, los dos de Hakkinen y los dos de Vettel. Con ocho títulos a sus espaldas, Newey sigue teniendo hambre de más. Su creatividad no tiene límites y, ojo, ya ha avisado que el RB8 de 2012 va a sorprender.




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