MIKEL ZABALZA
"Tenía que engordar para ir a la Antártida, pero no he podido"
- "Ir muy mentalizado y la motivación son las únicas formas de luchar contra la soledad y la añoranza"
Actualizado el 10/11/2011 a las 08:19
PEÑA Izaga, San Donato, la Higa de Monreal y, sobre todo, Etxauri. Esos son los lugares, al margen de otros puntos en el Pirineo e incluso de las Grandes Jorasses (Alpes) , donde el pamplonés Mikel Zabalza Azcona se ha preparado físicamente en los últimos meses su próximo proyecto deportivo: una travesía de cerca de 3.700 kilómetros para atravesar, pasando por el Polo Sur, la Antártida.
Mañana partirá desde Bilbao hacia Ciudad de El Cabo (Sudáfrica) junto con sus compañeros Juan Vallejo y Alberto Iñurrategi, los tres integrantes de la expedición Naturgas Transantartika, antes de iniciar la travesía propiamente dicha el próximo día 15 en la base rusa de Novolazarevskaya.
¿Y cómo se prepara una aventura así? ¿Cómo es el entrenamiento para afrontar dos meses y medio de esfuerzo físico y mental, en jornadas de cerca de 8 horas diarias tirando de un trineo de más de 150 kilos y en un escenario tan hóstil como el continente helado?
Pues, realmente y dadas las condiciones y el fondo físico que le han otorgado casi dos décadas de alpinismo y escalada al máximo nivel, Mikel Zabalza no ha variado demasiado su plan de entrenamientos habitual. "No ha habido ningún cambio especial en mis entrenamientos. Correr por el monte, escalar y andar en bici. Eso ha sido mi entrenamiento -explicaba el alpinista pamplonés, de 41 años-. Sí que antes de ir a Groenlandia en primavera -hicieron una travesía de 2.300 kilómetros en 32 días- si que aprendimos y entrenamos bien el manejo de las cometas de tracción con las que nos ayudaremos. Pero, una vez aprendido lo básico, eso ya es como conducir. No se olvida".
En el plano estrictamente físico, Zabalza reconoce que "casi todos los días, por no decir todos" se ejercita. "Normalmente suelo alternar. Si voy a correr, luego no voy a escalar, aunque también hay días que hago las dos cosas. Correr me agrada y me pone las pilas. Normalmente suelo ir una hora y media, como máximo tres, subiendo una o dos veces a la Higa, a Izaga, a Sárbil... Y si voy a escalar, normalmente a Etxauri o alguna otra escuelacercana, eso ya es para pasar más rato. Hay un componente más social, de charla con los amigos, que te hace estar tranquilamente toda la mañana o toda la tarde", apunta.
Operado el pasado agosto
Aunque han pasado unos controles médicos exhaustivos, ni él ni sus compañeros han realizado entrenamientos específicos para el trabajo que van a tener que hacer tirando de los trineos. "Ninguno de los tres hemos hecho entrenamientos especiales como hacen otros de tirar de pesos o de ruedas ni nada de eso. Me parece algo demasiado desagradable. Es cierto que igual sí fortalece más los músculos que luego utilizaremos en la travesía, pero preferimos hacer la misma preparación que para otro tipo de expediciones", explica. "Además, confiamos en que no nos toque tirar tampoco demasiado solo del trineo con nuestras fuerzas y que haya viento para poder ayudarnos a avanzar más con las cometas de tracción".
Dentro del trío de aventureros, Zabalza reconoce que Alberto Iñurrategi es "mucho más metódico y planificador" con sus entrenamientos que lo que pueden ser Vallejo o él mismo. "Ése sí que no perdona una sesión de entrenamiento que tenga prevista", comenta entre risas.
De todas formas, Zabalza ha tenido en esta ocasión un problema añadido. El pasado agosto se operó del menisco de la rodilla izquierda, una artroscopia para limpiar la articulación. "Quiero agradecer el buen trabajo hecho por el equipo del doctor Alfaro. Estoy ya muy bien. A los cuatro días ya estaba escalando con cuidado...", reconoce entre risas, quizá recordando también como, en 2000 y antes de afrontar una expedición al Everest, se recuperó en apenas unas semanas de una rotura de peroné y sacro para viajar y, finalmente, quedarse cerca de coronar el Techo de la Tierra .
También un reto mental
"El aguantar el frío no se entrena", explicaba el alavés Juan Vallejo acerca de las condiciones de frío extremo (entre 15 y 40 bajo cero si no hay tormentas) que se van a encontrar. "Groenlandia nos sirvió de mucho en ese sentido. Fue un buen banco de pruebas", apunta Zabalza.
"Nos han aconsejado que sería bueno que cogiésemos algo más de grasa antes de ir allí, una reserva para afrontar mejor el frío", explica el navarro, antes de reconocer entre risas: "Me dijeron que tenía que engordar, y mira que lo he intentado y he hecho esfuerzos en comidas y cenas, pero no hay manera, casi no he podido. Sigo rondando los 67 kilos. Mi metabolismo es así".
Pero el reto antártico al que ahora se enfrentan Iñurrategi, Vallejo y Zabalza -y al que ellos han añadido además un plusal proyectar varias escaladas al inicio de la marcha en las agujas graníticas de la llamada Tierra de la Reina Maud (Mikel Zabalza escaló allí en 2001 con Al filo de lo imposible), va mucho más allá del plano físico.
El trío de deportistas va a convivir durante 24 horas en los dos meses y medio de travesía sin apenas coincidir con nadie más -es posible que sí lo hagan en el Polo Sur, dado que van a coincidir con los festejos por el centenario de la primera llegada allí del noruego Roald Amudsen el 14-XII-1911-.
Todo un reto de disciplina mental y lucha contra la soledad y la añoranza -más aún al pasar lejos de sus casas fechas señaladas como Navidad o Año Nuevo- que es imposible preparar de antemano. "Hay que ir muy mentalizado. La motivación es la única forma de luchar contra todo eso. Así lo percibo yo. Es una de las grandes dificultades que tiene esta travesía y hay que asumirlo y afrontarlo. El no poder ver a nadie más que a los dos compañeros en 20, 30, 50, 60 días es un tema complicado. El plano psicológico y la convivencia son básicos en cualquier expedición y más en ésta. Tengo la suerte de que vamos tres amigos y eso lo hace más sencillo porque es muy importante tener buen feeling.Si no, sería imposible".