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El americano impasible

Lance Armstrong se ha quedado sin los 7 Tour de Francia que venció consecutivamente de 1999 a 2005
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Lance Armstrong se ha quedado sin los 7 Tour de Francia que venció consecutivamente de 1999 a 2005AGENCIAS
Lance Armstrong se ha quedado sin los 7 Tour de Francia que venció consecutivamente de 1999 a 2005

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EFE. MADRID

Publicado el 12/12/2012 a las 15:55

Lance Armstrong enfila la última etapa del 2012 dedicado al complicado arte de mostrar indiferencia ante la adversidad. Hace un par de meses fue incluido en el registro de morosos, desposeído de sus bienes deportivos y condenado al oprobio. No tiene la menor intención de defenderse: todo es más grande en Texas, incluida la soberbia.


Siete años después de ganar su séptimo y último Tour, la persecución llegó a su final. Los sueños y los milagros, los materiales con los que Armstrong aseguraba haber forjado su transformación, han acabado siendo, como se sospechaba desde el primer momento, solo un conmovedor eslogan. La realidad era dopaje sistemático y sofisticado.


Lo que no pudieron hacer los más de doscientos controles a los que fue sometido durante su carrera ni las investigaciones de organismos deportivos, o incluso el FBI, lo consiguió la tenacidad de un directivo de la USADA con nombre de cazarrecompensas, Travis Tygart, armado con mil páginas de testimonios y pruebas incriminatorias.


El informe Tygart convierte la era Armstrong en un fundido a negro y a éste en un vulgar tramposo. Un tramposo mordaz que en Twitter se exhibe tumbado en un sofá de su casa en Austin observando displicente siete maillots amarillos colgados en vitrinas, justo al mismo tiempo de la celebración en París de un conferencia organizada por la Agencia Mundial Antidopaje. La sombra de Armstrong también aplastó el retorno de Alberto Contador o la insulsa victoria en el Tour de Bradley Wiggins. El dinosaurio todavía está ahí.


El ciclo de Pep Guardiola como entrenador del Barcelona acabó también. Después de ganarlo todo durante casi un lustro, el Barça fue víctima del segundo año en el Real Madrid de José Mourinho, el ejercicio en el que el portugués, afirma, suele lograr más títulos. Hoy, el Barcelona del sucesor de Guardiola, Tito Vilanova, sigue batiendo marcas.


El éxito del Real Madrid estuvo avalado, sobre todo, por unos números difíciles de repetir y por el triunfo en el Camp Nou. Después, todo el interés se desplazó al duelo goleador entre Cristiano Ronaldo y Leo Messi. El resultado fue de escandaloso: 50 el argentino y 46 el portugués solo en la Liga. Messi, además, totaliza 86 goles en el año, una cifra insólita.


La potencia de fuego de ambos equipos fue insuficiente para alcanzar la final de la Liga de Campeones, el que hubiera sido epílogo perfecto del año. El Real Madrid sucumbió en el drama de los penaltis ante el Bayern. Y al Barcelona no le valió para nada su enorme superioridad ante el Chelsea, el nuevo campeón. Se tuvo que conformar con la Copa del Rey. En el balance anual también apareció el Atlético de Madrid, con dos títulos europeos al son de Radamel Falcao y sus cinco goles entre las dos finales.


La selección española cerró su quinquenio triunfal revalidando el título en la Eurocopa. Como casi siempre con algunas dudas iniciales, pero con una goleada en la final sobre Italia para el recuerdo y pidiendo la hora para evitar una humillación insoportable para los italianos. Fue el torneo de Andrés Iniesta, nombrado mejor jugador y candidato con Messi y Cristiano a Balón de Oro.


Rafael Nadal solo tuvo actividad competitiva el primer semestre del año. Le sirvió para obtener su séptimo Roland Garros, pero su lesión crónica de rodilla le forzó a una baja que se mantendrá hasta finales de diciembre en Doha. En junio, el checo Lukas Rosol, en segunda ronda de Wimbledon, clausuró su campaña con una inesperada derrota.


La pista central de Wimbledon rindió tributo una vez más a Roger Federer, que logró su séptimo torneo londinense al derrotar a Andy Murray. El suizo recuperó durante algunas semanas el número uno, aunque encajó una de las derrotas más dolorosas de su carrera, precisamente ante Murray, en la final olímpica. El escocés también ganó el Abierto USA a Novak Djokovic.


El cuarteto que domina desde hace tiempo la ATP se repartió de forma equitativa los grandes. Djokovic, líder mundial al terminar la temporada, venció en Australia -a Nadal- y sumó seis títulos, aunque perdió cinco finales. Los mismos triunfos que Federer, a quien cada vez quedan menos posibilidades de ver en acción. Pésimas noticias.


Londres 2012 tuvo dos actores principales. Michael Phelps por su retirada de la natación, y como el deportista con más medallas olímpicas de la historia, y Usain Bolt, que de nuevo concentró toda la luz. Su magnetismo, su permanente "show" y sus actuaciones inducen a pensar que el atletismo actual parece no existir más allá de él.


La puesta en escena de Usain Bolt en Londres fue la de siempre. Sale a la pista, detecta su presencia en la pantalla gigante, se atusa el pelo, sonríe, gesticula, pide silencio, sonríe de nuevo, se santigua y al cabo de poco más de nueve segundos (19 si son los 200 metros) levanta el dedo índice. Luego, varios abdominales para celebrar su éxito, paseo de la bandera jamaicana, se define leyenda y recoge sus medallas de oro. Un portento este Bolt, encantado de haberse conocido. Le sobran los motivos.


Mientras Usain Bolt ocupa sin la menor sombra la cima del Olimpo, el americano impasible dedica su tiempo a "criar a cinco hijos, combatir el cáncer, nadar, correr y jugar al golf". Marcado como "spam" a perpetuidad, Lance Armstrong seguramente tenga también entre sus ocupaciones preferentes esperar el momento propicio para colgar otro ingenioso "tuit" dedicado a quienes arruinan sueños.

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