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Naiara Egozkue: "Empecé a jugar por mi hermano, quería saltar y lanzar como él"

Hasta para hablar de los momentos difíciles que ha superado lo hace con una sonrisa, sonrisa que contagia, sonrisa que, quizá, le ha ayudado a llegar al punto en el que está. Naiara Egozkue se ha hecho un hueco en la elite del balonmano nacional, se ha asegurado un puesto en la selección y participa en sus primeros Juegos

Para ella, Tizok Egozkue, es decir su hermano, era el mejor. Ella quiso parecerse a él. “Siempre ha sido mi referente”. Ha superado las expectativas y, ahora, él, junto a sus padres, se ha convertido en su principal apoyo

Naiara Egozkue | Entrevista personal

Naiara Egozkue | Entrevista personal

DAVID GARCÍA / BEATRIZ JUANGO
Naiara Egozkue | Test olímpico

Naiara Egozkue | Test olímpico

Naiara Egozkue.

Naiara Egozkue.

DN
31/07/2016 a las 06:00
Lo tiene muy claro. No le gustan las despedidas. Sin embargo, Naiara Egozkue ha tenido que dejar atrás, decir adiós, a experiencias que le han marcado, experiencias que ha superado y que le han hecho más fuerte hasta hacerse un hueco en la élite del balonmano nacional. Ahora, la extremo de Villava está feliz y su sonrisa le delata cada vez que habla de la participación, con la selección española de balonmano, en sus primeros Juegos. “Soy así, alegre”.

 
DNI
Nombre
Naiara Egozkue Extremado.
Fecha de nacimiento
Pamplona, 21 de octubre de 1983.
Trayectoria
En máxima categoría debutó con el Itxako, donde ganó todos los títulos nacionales y la Copa EHF. Jugó en el Bayer 04 Leverkusen (12-14). Volvió al Guardés (14-16), y ha fichado por el Zuazo.
¿Es ese el rasgo que más destacaría de su personalidad?
Sí, me considero una persona alegre. Creo que es el rasgo que más me define, alegre, bromista, payasa. Soy muy de hacer reír a la gente. Creo que soy bastante accesible. Aunque de buenas a primeras, según en qué situaciones, me dé un poco más de corte, creo que soy bastante lanzada a la hora de estar con la gente.

¿Cree que esta definición seguiría siendo la misma de no dedicarse al deporte profesional?
Sí. Empecé a jugar desde muy pequeña a balonmano pero creo que siempre he sido así. Soy muy gamberra. Además, creo que es un poco de familia porque mi padre es bastante parecido.

¿A qué ha renunciado por el deporte?
Cuando eres más joven, renuncias los fines de semana a poder salir, ir a conciertos, esas cosas... Pero entre semana, como me lo pasó tan bien entrenando y jugando, tampoco ves que renuncias a mucho más. Cuando eres adolescente, tienes en la cabeza ir con los amigos y, al final, eran planes a los que no podías ir. No podías ir porque, en ese momento, no te importaba tanto como para dejar un partido.

¿Dónde ha encontrado su principal apoyo en el aspecto deportivo?
En mis padres y en mi hermano, la verdad. Creo que siempre han estado ahí. Siempre me han apoyado. En los momentos más difíciles siempre recurres a ellos o por lo menos es a ellos a los que yo recurro. Coger el teléfono y llamarlos y que te echen una mano. Siempre han estado ahí. El momento más complicado fue cuando me fui a Alemania el primer año. Me pasaron varias cosas. Sufrí una lesión grave, que hizo que hasta diciembre no pudiera empezar a jugar. Me cogí un virus un poco extraño y estuve cinco días ingresada en aislamiento con las enfermeras que venían vestidas como si fueran al espacio en un sitio que no conocía, que no hablas el idioma (se emociona)... En esos momentos me ayudaron mucho mis padres y mi hermano, que se desplazaban cada muy poco tiempo cuando podían para estar conmigo, para inyectarme un poco de energía y poder seguir.

El hecho de que su padre, por ejemplo, o su hermano, hayan sido deportistas, ¿ha podido influir en usted?
Sí, sí, yo creo que sí. Yo empecé a jugar a balonmano porque lo hacía mi hermano. Siempre ha sido mi referente. Para mí era el mejor y yo quería ser como mi hermano, saltar como él y lanzar como él porque además él siempre ha hecho lanzamientos de habilidad: roscas, fuertes flojos, cosas un poco imposibles que le veía yo a él, y que me llamaban mucho la atención. Mi padre también me ha influido al ser deportista y estar siempre trabajando para conseguir que todo salga bien. Mi padre ha practicado un deporte, que no es muy agradecido, que es el automovilismo. Es complicado estar ahí. Algo de trabajar y currárselo también sabe. Creo que por ahí viene un poco todo.

¿Qué cree que le preocupa más a ellos?
Yo creo que a ellos lo que más les importa es que yo esté bien. Me dan siempre su opinión o intentan apoyarme pero siempre acaban con un “como tú veas”. “Haz aquello con lo que te sientas bien, haz lo que creas que para ti va a ser lo mejor y como tú vayas a estar mejor y nosotros te apoyamos en lo que sea”.

¿Cuál ha sido su peor momento?
Yo creo que estar lesionada en Alemania. Estar lesionado ya es complicado, tener una lesión duradera o que se alarga en el tiempo es difícil de llevar. Si a eso le sumas que es fuera, lejos de tu familia, en un país donde todavía no conoces a nadie, no hablas el idioma, no tienes confianza con nadie prácticamente y te sientes un poco desamparado. Y en esos casos siempre busco el apoyo de mi familia. Ese fue el peor.

¿Y el mejor?
Pues no hay uno solo. Hay un montón, un montón...A todos los títulos o campeonatos que he podido vivir con la selección, los títulos con el Itxako, las Copas de la Reina... Esas experiencias son todas muy bonitas. Pero quizás la que más grabada tengo fue la final de la Champions en Anaitasuna. Cada vez que la recuerdo se me ponen los pelos de punta. Ver aquel pabellón lleno hasta la bandera fue para mí increíble.

Al margen de ser su profesión, ¿qué más le aporta el balonmano?
Es un deporte que aporta muchísimos valores. Practicar deportes en grupo es complicado, implica una convivencia...Cuando llegas, por ejemplo, a estas alturas, en las que tienes que convivir, estar fuera. Al final esas personas se convierten en parte de tu familia, allí donde estés. Yo he estado ocho años en Estella, dos en Alemania, dos en Galicia... y un poco vas dejando parte de familia en cada sitio. Al final es gente con la que pasas muchos días, con la que convives y vives los problemas que te pueden surgir día a día. Con tus compañeras peleas por un mismo objetivo e intentas salir de los baches todas juntas. Es una forma de vivir que en pocos trabajos normales se disfruta así.

La vida del deportista supone muchos cambios, ¿cómo vive el momento de las despedidas?
Yo no me acostumbro. Ahora cuando me fui de Galicia, lo pasé mal. A mí no me gustan las despedidas. Parece que dices hasta luego. Luego, si lo piensas y ves qué relación tienes con gente con la que no coincides desde hace años, se pierde relación. Es algo duro porque con ellos has vivido unos años y una experiencia que al final te marca. Para mí, mi vida, mi día a día, gira en torno al balonmano. De repente, marcharte y volver a empezar de cero. Por otro lado, es una suerte brutal la que tenemos. Poder hacer tantos amigos, tanta gente que vive esas cosas especiales contigo y al final se te queda, pero es muy duro el tener que marcharte y decir un poco adiós. No me gusta.

¿Qué supuso para usted la experiencia que vivió en el extranjero?
La verdad que siempre tenía la espina de salir fuera, fuera de España, de jugar otro tipo de liga, aprovechar, aprender otro idioma. A mí me gustan los idiomas. Salió un poco obligado porque pasó lo que pasó con el Itxako (desaparición del club por problemas económicos) y tuvimos que salir todas. La verdad que aunque lo haya pasado mal y mi peor recuerdo sea ese primer año en Alemania, o esos primeros meses porque tampoco fue toda la temporada, me llevo un aprendizaje brutal sobre mí misma.

¿Cuál?
Jamás había pensado que tengo tanta paciencia, tanta capacidad de aguantar este tipo de situaciones. Se trata de una experiencia muy buena, muy recomendable. Al final, todos nos quedamos con los buenos momentos, y lo que recuerdas es lo bonito. Estoy muy contenta, lo recomendaría cien por cien a todo el mundo.

¿Piensa que se pueden comparar los sentimientos que llega a experimentar como deportista con otros que pueda vivir fuera del deporte?
No tiene comparación. El sentimiento de conseguir un título, llegar a algo... es por lo que estás luchando. Es lograr pequeños sueños que tienes al alcance de la mano, lograrlo y rodeado de gente que pelea por lo mismo. Es una alegría y una satisfacción que yo no he tenido fuera de mi vida deportiva. Esa sensación no la he tenido. La de la derrota, sí, pero tampoco es comparable. En la vida diaria sufres, tienes tus bajones y tus problemas y tus cosas que salen mal y lo pasas mal y te hundes. Cuesta llevar esas derrotas, cuesta. Todo lo que he trabajado y al final para nada. Creo que los jugadores, los deportistas, somos muy críticos con nosotros mismos, y siempre nos quedamos con los fallos personales. Al final te echas un poquico la culpa, y duele un poco más.

El fin de su carrera deportiva llegará, ¿se siente preparada para este momento?
Sí, últimamente lo estoy pensando un poco más, la verdad. Tengo compañeras que lo han dejado, como Andrea Barnó. Ves que se han acostumbrado, están en otra onda. Lo pienso porque veo que no me queda mucho más, pero no sé qué voy a hacer. No sé lo qué voy a hacer todos los días sin entrenar, los fines de semana sin jugar, la verdad es que voy a estar bastante perdida. Me va a costar.

¿Tiene pensado algo?
Ahora que voy a Bilbao (este año militará en el Zuazo) me gustaría terminar la carrera de Magisterio pero me quedan dos años y medio. Terminaré la carrera y buscaré trabajo como todo hijo de vecino. No sé si seguiré vinculada al balonmano. Si no es jugando, no me gusta, no me veo fuera de la pista, pero a lo mejor lo echo tanto de menos que acabo en algún sitio.


A BOTE PRONTO

Su primer recuerdo olímpico
Me acuerdo de ver a Susana Fraile, Diana Box...esos partidos con la selección.

¿A quién le gustaría ver en la Villa Olímpica?
Me gustaría hacerme una foto con Rafa Nadal, eso sí. Luego me encantaría ver a Usain Bolt, por ejemplo, a Mireia Belmonte, también... Es que ya pienso y me pongo nerviosa. Cualquiera me parece bien.

¿Qué son para usted los Juegos?
Para mí es un sueño. Hace mucho tiempo que pensaba que iba a ser imposible, pero poco a poco se va acercando, cada vez estoy más cerca y estoy flipando. La verdad es que no me lo creo.

¿A quién llamó cuando supo que iba a Brasil?
A mis padres. Nos echaron del Mundial, perdimos ese partido extraño contra Francia y teníamos que esperar a que Noruega ganase. Entonces estaba viendo el partido con mi hermano y unos amigos y cuando ganó, porque además ese partido fue un poco agónico, ya supimos que teníamos el billete para ir a Río y fue un poco increíble, porque tampoco lo estábamos viviendo en primera persona. No me lo acababa de creer. Entonces, tenemos un chat con las compañeras de la selección y ahí es cuando empezaron a llegar mensajes. Entonces, llamé a mi madre y le dije.

¿Qué otro deporte le gustaría ir a ver?
¿Allí? Cualquiera. Me gusta mucho la natación, el baloncesto, la gimnasia. De pequeña hice gimnasia. De todas formas, en el ambiente olímpico, creo que da igual. Cualquiera que vayas tiene que ser la leche.

¿Cómo tienes previsto pasar allí el tiempo libre?
Normalment e me suelo llevar libros y música. Por lo que nos han contado un poquito, no nos dejan salir de la villa olímpica por temas de seguridad. Compañeras con las que he hablado, que estuvieron en Londres, me han contado que los deportistas de la villa olímpica no salen. Entonces, más que quedarme en mi cuarto leyendo, saldré a pasear a ver si veo a gente famosa.

¿Te preocupa el zika?
Un poco, sí, la verdad es que sí. La información que nos llega es tan contradictoria que al final no sabes realmente qué pensar. Cosas que estoy leyendo, me informo, en internet o las redes... He visto artículos de 170 científicos que firman una carta para cambiar la sede. Eso te da qué pensar. Pero por otro lado hay gente que comenta que no es tan preocupante, que ahora mismo allí es invierno, que no hay mosquitos, que es una zona no boscosa... Entonces, pues no lo sé. Creo que debemos ir con un poco de calma.
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