OSASUNA 2 - MALLORCA 2
Sumidos en un caos
- Mendilibar sentó a Raitala (m.39) y a Flaño (m.45), y apostó por una novedosa banda zurda con Lamah y Nino
Actualizado el 02/10/2011 a las 17:26
Osasuna ha cambiado de repente su paso firme y decidido. La falta de ambición y el desorden de Granada se propagaron en fuertes dosis en una tarde para tirar directamente a la basura. La propuesta ofrecida a la grada resultó inesperada. El Reyno dejó por un día de ser ese terreno incómodo para los rivales en las primeras partes. La de ayer es una de las peores que se recuerdan de la era Mendilibar.
El caos se apoderó del equipo rojillo, desorientado y sin brújula en ataque, y blando, nervioso y descoordinado en defensa. Osasuna tenía escrito pescar en las revueltas aguas baleares, pero resulta que fue al revés. El Mallorca aprovechó el regalo navarro en forma de fútbol inconexo y en algunos casos apatía. Osasuna no pudo funcionar como bloque. Separó una eternidad sus líneas y vivió del rédito que le dieron un par de córners rematados por Raúl García. Los cabezazos, uno en cada portería y casi similares, permitieron como mal menor sumar un punto, el tercero consecutivo.
La extrañeza del partido incluso pudo dar los tres, porque Osasuna mandó en el marcador durante veinte minutos de la segunda parte. El final no podía ser de otra forma cuando Lamah, que estaba de lateral izquierdo, cometió un absurdo penalti sobre Alfaro. Si Osasuna marcó sus dos goles de idéntica posición, lo mismo le sucedió al equipo que ayer dirigía Miguel Ángel Nadal. Dos penaltis, que lo fueron, y gracias porque pudieron ser más goles.
Nefasto primer tiempo
El Mallorca llamó a la puerta varias veces antes de adelantarse a la media hora. De inicio, los baleares tomaron el Reyno con demasiada facilidad. Pina, el primero en poner a prueba a Andrés, llevó el timón y por la derecha apareció Nsué para generar problemas a Raitala. El meta murciano mantuvo el tipo hasta el penalti de Hemed, referencia ofensiva insular.
Flaño fue el infractor cuando el punta israelí se disponía a fusilar a Andrés, pero el agujero venía de atrás. Osasuna cuajó una espesa primera parte, sin profundidad, verticalidad y ritmo. Mendilibar confió en el mismo once de Granada salvo la vuelta de Raitala, pero el equipo no estuvo junto. La defensa se metió atrás, los interiores fueron extremos y los puntas estuvieron despegados de los pivotes. De todos estos espacios sacó tajada un meritorio Mallorca que dominó el partido después de toda una semana convulsa. Su línea defensiva fue ejemplar, comenzando por el debutante Bigas. Solo contra el mundo, Lamah trazó alguna pincelada y dispuso del único acercamiento que sofocó Aouate.
La respuesta del técnico
Mendilibar lanzó un órdago antes del descanso. Se encendió la tablilla con el número 20 de Raitala, el damnificado del caos, y salió Nekounam para poner orden. Lamah, de lateral, y Nino, de falso interior, formaron una improvisada banda izquierda. Raúl pasó a la media punta. La intención era dar un volantazo, y sin que el nuevo equipo se asentara llegó el empate segundos antes de ir a los vestuarios. Allí se quedó Miguel Flaño, con amarilla, y salió Lolo. Segundo cambio y segundo castigo.
La variante táctica provocó que Lamah estuviera a kilómetros del área rival. Osasuna perdió esa baza tan importante. El marfileño no desdobló a Nino, que también se ofuscó en esa zona. Por el centro, Neko, Puñal y Raúl no hallaron fluidez. La defensa fue la encargada de organizar. Era imposible.
Como mal menor, el equipo navarro siguió enchufado a balón parado. En otro córner, Raúl García se elevó para anotar. La buena maniobra generó en el ambiente un mar de ilusiones. Con tan poco, Osasuna estaba ganando su mal partido y tomó un nueva bocanada de aire con la expulsión de Nsué.
En estos diez minutos que transcurrieron del 2-1 a la tarjeta roja, se practicó un mejor fútbol, se empujó más. Era el momento para olvidar todo lo anterior, pero por paradojas del fútbol la superioridad numérica dejó un efecto contrario. Se bajó la guardia. Lamah seguía de lateral y se cumplió la máxima que castiga al jugador ofensivo que pisa donde no debe. Deberá aprender de la infantil zancadilla a Alfaro. Osasuna también debe reflexionar.
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