EL OTRO ONCE DE OSASUNA (1)

Miguel Archanco. El contrapunto

  • No es frecuente en un mundo tan presidencialista como es el fútbol que emerja la figura de un directivo que tenga claro su sitio

J.M. ESPARZA . PAMPLONA

Publicado el 02/04/2011 a las 02:01

NO es frecuente que en un mundo tan presidencialista como el fútbol, y más todavía en Osasuna, destaque la figura de un directivo con nombre y apellidos. Sin embargo, ocurre precisamente en el club rojillo con Miguel Archanco Taberna (Pamplona 15-III-1949). Desde la llegada de esta directiva, hace ya nueve años, emergió su papel relevante, primero en lo relativo a la actualización del patrimonio inmobiliario del club, una de las referencias estos años para la posteridad, pero sobre todo por el papel que se ha visto obligado a interpretar de contrapunto del presidente. Es el único miembro de la directiva capaz de contradecirle abiertamente, y hasta de levantarse de una junta y dar un portazo con la misma facilidad que luego facilita el reencuentro. Eso sí, con la posición y el pulso firmes.

Hombre de verbo fácil y expresión ajustada, hábil en el debate, de reflejo rápido y mirada escrutadora, su figura también ha emergido en las asambleas de socios compromisarios, donde sus razonamientos acostumbran a cerrar polémicas, en ocasiones con cierto acaloramiento, pero sin levantar la voz. Allí donde la palabra del presidente se traba acude la suya al rescate, especialmente en los temas más técnicos y complicados, donde puede llegar a acalorarse, pero no a perder el aplomo, la seguridad en sí mismo. A cambio, el presidente le respeta. Le nombró secretario, hoy también es contador, y le ha ofrecido cargos de mayor calado que él ha rechazado.

Miguel Archanco, pamplonés de toda la vida, el primero de los tres hijos de Miguel Ángel y Maribel, de Paragüerías Archanco, llegó a la junta directiva por una casualidad relativa. Vecino del mismo bloque de viviendas, Pachi Izco, con quien nunca había hablado, se encontró con él un día a las nueve y cuarto de la mañana y cruzó las primeras palabras. Su perfil se ajustaba como anillo al dedo para completar la candidatura, para la que quería todo el espectro político. Así introducía la vertiente nacionalista. Nunca ha militado en un partido, pero tampoco ocultado sus ideas políticas y defensa del euskera, tanto en el ámbito familiar como el público, especialmente durante las dos décadas que le tocó sacar adelante en primera línea la Ikastola Jaso desde el consejo de administración que presidió. La propuesta le sorprendió tanto como ilusión le hizo la posibilidad de entrar en Osasuna.

La respuesta no se hizo esperar. La aprobación familiar llegó ese mismo día. "Si no te vas a poner más nervioso en casa, que trabajes y te diviertas" le dijo su mujer, la leitzarra Mirentxu Ardanaz Azpiroz, pieza fundamental en su vida en todos los sentidos. A los 18 años eran novios, a los 25 llegó la boda, y después Jon, Andoni y Nicolás. De los tres hijos presume de su respuesta a la educación recibida en autonomía y libertad.

Con la llegada a Osasuna, las piezas del puzzle de la vida de Miguel Archanco seguían casando. El fútbol fue siempre una de sus pasiones, que practicó como extremo derecho hasta juveniles, primero en el Esperanza, con Eutimio de míster, y luego en Oberena. No fue su única afición. La música también le marcó. Con un grupo de amigos formó Los Tuns. Compraron la batería empeñando a hurtadillas la colección de revistas "El Ruedo" de su padre, Miguel Ángel, pero con las guitarras -él tocaba el bajo- tuvieron peor suerte. Las tuvieron que devolver tras comprobar el vendedor que pagaron con las letras de cambio sin fondos. Entonces versioneaba a los Shadows, Animals o Brincos, hoy sigue escuchando a U2, Police o Pink Floyd, y también las novedades más rockeras que le aportan sus hijos, pero prefiere la música clásica, sobre todo Mahler y Schubert. Como le gusta mucho viajar, sueña para su jubilación con una larga gira por los grandes salones europeos de música clásica.

Entre tanto, toca seguir llegando al despacho a las ocho de la mañana. No le importa. Es otra de sus pasiones. Desde los 14 años, desde que estudiaba en Maristas o Lecároz, tenía claro que su futuro estaba en el Derecho. Le divierte e interesa, compagina rigor con imaginación a través de la lógica. Se licenció en 1974 en la Universidad de Navarra, y hoy, con otras tres personas a su cargo, dirige un despacho especializado en asesoría a Ayuntamientos, desarrollos urbanísticos, responsabilidades patrimoniales de la Administración, y compañías de seguros.

De costumbres familiares, prefiere las rutinas personales a las sociales, que le pueden incluso agobiar. Prefiere leer una novela ligera, o ver una buena película, a un acto social programado porque sí. Su vida siempre ha transcurrido entre Pamplona y San Sebastián, donde su padre le llevó desde los 7 años. Allí, en la zona de Ondarreta, llegó a tener en la adolescencia más amigos que en Pamplona. En 1996, con la compra de un piso, oficializó su relación con la capital donostiarra, y aunque siempre ha presumido que su único escudo es el de Osasuna, si le obligaran a elegir un segundo equipo, éste sería la Real.

Entre sus amigos de San Sebastián, por ejemplo, hay gente del fútbol, ex directivos de la Real. El fútbol siempre ha sido una de sus principales fuentes de pasión y disfrute. A Osasuna le sigue desde los 7 años, cuando iba con los Maristas. Tuvo un paréntesis de tres temporadas, por estudios, y conserva el carné de socio número 1.247. Después, formar parte de la junta directiva de Osasuna, algo que nunca se había planteado, le obligó a reciclarse como aficionado, a moderar sus impulsos. De darles rienda suelta pasó a abandonar un partido antes de tiempo para contenerse. Como directivo ha disfrutado del fútbol más que nunca, y también sufrido como jamás pudo imaginar. Sin duda, hay buenas dosis de masoquismo en su apuesta que trata de compensar con la otra parte de su personalidad, la más cerebral, su mente racionalista. Analiza una y otra vez, buscando la lógica en un mundo, el del fútbol, carente de ella. El Derecho tampoco es ciencia exacta, pero sí lógica. Del fútbol, cuyos entresijos le siguen sorprendiendo, ha llegado a la conclusión de que es lo antijurídico. Nada es lógico en él.

Trata de relativizar, que no le influyan las críticas, por ejemplo. "El que te conoce ya sabe quién eres, y el que no tres cojones le importas" le decía su abuelo Antonio, carlista. Tiene asumido que el futbol es presidencialista y que en el futuro todavía lo será más, como también sabe cuál es su función dentro de la junta directiva, y a ella se ciñe, sin perder horas innecesarias en los despachos del estadio. Así, con naturalidad, sin sobresaltos, normalizó por ejemplo el euskera en la megafonía y papelería del club. Si las cosas van bien, deben ir mejor; y si van mal, toca buscar soluciones. En lo personal, toca entonces hacerse el duro, y discernir entre lo fundamental y el mero accidente para que los acontecimientos no te hagan perder el sitio.

No es el directivo típico que gusta de conocer los tics del entrenador o tutear a los jugadores. Todo lo contrario. Tiene claro el papel de cada cual y prefiere una relación basada en el respeto, cada uno en su sitio, sin el compadreo que resta libertad para exigir. El día y hora de la reunión de la junta es la referencia en su relación con el club. Le gusta ir a lo concreto, eludir los dimes y diretes. No se siente necesario sino útil, convencido de que su criterio puede aportar en una directiva donde sobresalen dos voces a veces divergentes, la del presidente y la suya. Le toca ser el contrapunto.

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