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EL BLOC J.M. ESPARZA

El partido más esperado

  • Esta vez sí, Osasuna venció y convenció. La grada disfrutó con el juego y vibró con la remontada que premió la superioridad de su equipo

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Actualizada 19/12/2011 a las 01:01
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M ENDILIBAR reconoció que el equipo no destacaba por su fútbol sino por su labor defensiva. Con ella se había encaramado a la séptima plaza a base de rentabilizar al trescientos por cien su trabajo en ataque. El hecho dejaba dudas, daba lugar a conjeturas. Osasuna necesitaba un partido que despejara las incógnitas que acompañaban a su juego, una victoria con argumentos contundentes. La remontada al Villarreal.

No se trató de un partido espectacular, sino simplemente de buen fútbol a lo largo de los 90 minutos, y acompañado de buenas dosis de casta en la parte final. Ya el gol anulado a Raúl García llegó como fruto de una bonita jugada, y así lo hicieron las ocasiones posteriores de Nino, el tiro al travesaño de Neko ... en fin, los rojillos practicaban un juego fluido, sumaban méritos para obtener un triunfo merecido.

Enfrente estaba el Villarreal, un conjunto que ciertamente ha bajado prestaciones atrás, en medio y, sobre todo, adelante, pero que sigue destacando por su movimiento de balón, por la vistosidad de su juego. Quien tuvo, retuvo. Pues bien, Osasuna le contrarrestó con sus armas, en un partido abierto, sin atascos, con circulaciones intencionadas, con opciones de uno y otro. La primera parte no tuvo goles, pero nadie pudo quejarse de aburrimiento. El partido estaba vivo. Transmitía.

Esta vez no tiraba la grada de lo que ocurría en el césped, sino que iba a la par con él. Disfrutaba. Lógicamente, había lagunas. Por ejemplo, en cuanto a la parte delantera, Nino no terminaba de encontrar su sitio, los centros desde las bandas no llegaban o faltaba la referencia de un "9" claro. Pero lo positivo, caso de la presencia y rendimiento de los canteranos, pesaba mucho más.

En tal contexto, el tanto de Marco Rubén sentó como un jarro de agua fría, pero los cambios funcionaron, la grada siguió enganchada y, además, el entrenador del Villarreal, Garrido, se equivocó por partida doble: hizo una primera sustitución defensiva (Castellani por Cani) y se encontró con el empate; a continuación metió a un defensa para amarrar el punto (Gonzalo por Senna) y llegó remontada. La cara de los amarillos era un poema. Garrido sacó entonces a Nilmar, pero ya era tarde. El equipo estaba hundido, sin fe ni posibilidades.

En cambio, los rojillos se veían más felices que unas castañuelas. El fútbol desarrollado superó al del "submarino", esta victoria les metía en puesto europeo por la puerta grande, y dieron argumentos a la grada para confiar en ellos. El saludo postrero desde el círculo central resultó el desenlace natural, y sentido, del encuentro.




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