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Entrevista
Mikel Merino, futbolista del Borussia Dortmund

Merino: “Me tomo con tranquilidad los rumores, quiero sentirme futbolista”

  • El ex rojillo ha pasado unos días en casa, tras un año de contrastes en Dortmund, y ahora deshoja la margarita de su futuro

Merino con la camiseta del Dortmund

Merino con la camiseta del Dortmund

Cedida
05/06/2017 a las 06:00

Salir de casa, tomar la decisión de dejar de ser el jovencísimo líder de Osasuna y fichar por un equipo todopoderoso como el Borussia de Dortmund le ha convertido a Mikel Merino en un adulto prematuro. Después de un año de sinsabores deportivos y aprendizaje personal, sazonado con un duro episodio de terror, el pamplonés ha disfrutado unos días de descanso en Pamplona, previos a incorporarse de nuevo al trabajo. Ahora le espera la selección sub-21, pero antes atendió ayer a Diario de Navarra y no escatimó preguntas: su difícil experiencia en Alemania, su posible cesión a Osasuna en invierno, su estatus de futbolista deseado por media Primera División, y, sobre todo, tampoco rehuyó el atentado que sufrió su equipo el 11 de abril y que recuerda con precisión milimétrica. No siempre se escapa de la muerte por el azar.

Para desconectar de todo aquello y para disfrutar del cariño de los suyos, que tanto ha echado de menos, Mikel ha vuelto a casa.

¿Cómo está viviendo estos días?
Estoy aprovechando para recuperar el tiempo perdido. Tengo mucha gente que quiero ver, desconectar, cargar las pilas... He podido hacer cosas que me encantan, como visitar a la familia y a los amigos, ir al cine, porque allá no podía seguir las películas por el idioma... Estoy enamorado de Pamplona y me encanta dar paseos por el centro o por Gorraiz, donde vivo con mi familia.

¿Le ha parado la gente por la calle?
No mucho, alguno que otro. Después de todo el boom de Osasuna el año pasado, se han olvidado un poco de mí -bromea-.

¿Qué ha echado de menos en esta primera experiencia lejos de casa?
Aunque he estado bien, porque he vivido con dos amigos, como en casa en ningún sitio. En los momentos que he tenido de bajón, se echa de menos tu casa y tu cama.

¿Ha tenido muchos de esos momentos de bajón?
Alguno que otro. Pero soy una persona que me gusta ver siempre el lado positivo y me considero un privilegiado por haber podido disfrutar de esta experiencia.

Además, sus padres han ido a verle a menudo.
Sí, suelen ir. Sobre todo mi madre, porque mi padre (Miguel Merino) está más liado con el trabajo, pero una vez al mes como mínimo han estado. Para ellos también ha sido duro que su hijo se haya ido.

¿Cómo ha sido esa adaptación a una ciudad como Dortmund?
Es una ciudad tranquila, y lo más costoso es adaptarse al horario alemán. Después de entrenar, desde las 4 de la tarde prácticamente se ha acabado el día porque no hay luz y ni nada que hacer. En Pamplona siempre había más cosas que hacer, conocer más sitios. Echaba de menos salir un poco y vivir la vida.

¿Y la independencia la ha resuelto bien?
Tengo la suerte de que mi madre es una máquina. Encontramos un piso muy bien situado, en una zona bonita, con restaurantes. Al principio, fue una aventura, recoger la casa, cocinar, todo era nuevo. Pero en dos meses nos hicimos, y ahora está siempre todo recogido... bueno, un poco más cuando viene mi madre -ríe-. Ahora ya encontramos sitios por la ciudad, algún bar, parques para jugar al baloncesto... (ayer estuvo jugando un rato).

Con todo esto que cuenta, ¿qué balance personal hace de su experiencia en Dortmund?
Muy positiva. Es una experiencia superbonita. Al principio, ves aspectos negativos, pero me he independizado, he salido de la zona de confort y no me puedo quejar.

Hablemos del balance deportivo. Ahí no estará tan contento, porque ha jugado poco.
Es un año bonito pero duro. No he contado para el entrenador tanto como esperaba y creo que merecía, pero he estado en uno de los mejores equipos del mundo, con lo que supone de aprender y compartir con estos cracks. Todo lo que he aprendido este año lo veré en el futuro.

¿Pero le queda un poso de decepción?
Sí, me queda la decepción, porque he entrenado para jugar y no he tenido oportunidades. Solo he dispuesto de minutos sueltos y algunas veces de central, que no es mi posición favorita. Ni siquiera he jugado cuando había lesiones. Pero el que decide es el míster y si no le gustaba mi forma de jugar o de ser tengo que aceptarlo.

Nada más llegar quedó fuera de la lista de inscritos en la Champions.
Fue duro ver que no te convocan, pero además cómo me entero, por Twitter cuando estaba con la selección. Me empezaron a llegar notificaciones y vi que me mencionaban. No me lo explicaron y me enteré de esa manera. En la segunda ronda, ya me inscribieron.

Pasó de estar en un equipo de Segunda a uno de Champions.
Al principio, sentía un poco de miedo. No es lo mismo estar en Osasuna, que es un grupo de amigos, muchos de ellos de Pamplona, gente cercana, como una familia, que en el Borussia, donde hay gente de muchas nacionalidades y se hablan muchos idiomas. No sabes cómo va a ser ese vestuario. Pero todo ha ido fenomenal, el grupo era muy abierto. Se te quita enseguida de la cabeza que son estrellas. Me ha sorprendido su humildad y esa ha sido la principal razón para estar tan bien.

Ha compartido vestuario con campeones del mundo, como Götze, Reus o Schürrle.
Cuando llegas, piensas: “¡Ostras! he pasado de verlos en la tele a chocar los cinco con ellos”. Y eso te motiva para estar a su nivel, porque tienen mucha reputación.

¿Le echaron una mano en los momentos más débiles?
Sí. He tenido momentos de no saber por qué no juego y mis compañeros también lo pensaban. Me animaban y me preguntaban si el míster me había dicho algo. Era algo que veían todos, porque entrenaba bien. También he recibido mensajes de compañeros de otros equipos, y de Osasuna. Todos ellos me han animado.

¿Cuál es la mayor diferencia que ha notado entre los dos clubes?
Son dos clubes enormes, pero cada uno de diferente manera, aunque el Dortmund tiene una estructura mucho mayor, márketing, organigrama, todo muy ordenado al modo alemán. Hay mucha gente para todo.

Y le ha tocado vivir la temporada de Osasuna desde la distancia. ¿Cómo la ha visto?
Sufriendo, como todos los rojillos. Lo del año pasado fue muy bonito. Se me ponen los pelos de punta al recordarlo. He visto los partidos y ha sido difícil verles perder, pero me fui para jugar en un equipo más grande y no me arrepiento. Sentía ese resquemor de decir: “¡Si pudiera ayudarles!”. Ha sido duro, pero hay que recordar que se bajó a Segunda y se volvió a Primera, para intentar repetirlo.

¿Qué mensaje envía a los aficionados de Osasuna que le van a leer?
Les diría que no se vengan abajo, que el osasunismo está acostumbrado a sufrir, a que nos den palos, pero siempre sale a relucir el orgullo. Ya hemos estado en peores, a punto de bajar a Segunda B. Pero con ellos y una buena planificación y proyecto se volverá a Primera en un tiempo. Hay que aprender de los errores.

Existió la posibilidad de volver en invierno. ¿Qué ocurrió?
Estaba en una situación en la que no contaba. No entraba en los planes y Osasuna quería tenerme y a mí me llamó la atención volver, pero al final me dijeron que contaban conmigo porque había subido mi nivel y estaba muy cerca de mis compañeros. Y me quedé, porque creía que iba a ser útil y confié en su palabra. No iba a decirles que no. Pero después tampoco confiaron mucho en mí.

Será consciente de todo lo que le ha echado de menos Osasuna.
Ha sido recíproco. Yo también he echado de menos jugar, El Sadar, sentirme futbolista. Pero Osasuna no subió porque yo estuviera ni ahora ha bajado porque no esté. Ha sido duro verlo, pero cuando se va un jugador otro tiene que asumir los galones. A mí me tocó en su momento. Y ahora vendrá otro que lo haga.

Y llegamos a un punto en el que es uno de los jugadores más codiciados del mercado: Athletic, Real Sociedad, Valencia, Betis...
Lo llevo bien. No me lo tomo con presión. Mi representante me avisará cuando haya algo serio y factible. Siempre salen rumores, pero si eres inteligente no te dejas llevar. Me lo tomo con tranquilidad.

Pero, ¿dónde se ve Mikel Merino el año que viene? Y no diga que tiene contrato con el Dortmund...
No depende de mí, sino de la idea que tengan conmigo. Quiero sentirme futbolista. Igual en el Dortmund me dicen que quieren que siga, o igual me tengo que buscar una salida. Depende de muchas cosas: del entrenador nuevo, de los equipos que tenga, de mi feeling. Acaba de empezar el verano y no tengo un plazo exacto para decidirme. Puede ser la semana que viene o más adelante. Será cuando se dé la oportunidad.

Le noto muy cambiado.
Vivir solo te hace estar viejo -bromea-. Soy un abuelo en un cuerpo de 20 años. Hay que madurar.


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