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Luis Aragonés también estuvo en el Calderón

  • "Luis Aragonés, Luis Aragonés, Luis Aragonés, Luis Aragonés", rugió la grada del estadio Vicente Calderón

La grada del Calderón lució una pancarta gigante en homenaje a Luis Aragonés

La grada del Calderón lució una pancarta gigante en homenaje a Luis Aragonés

La grada del Calderón lució una pancarta gigante en homenaje a Luis Aragonés

EFE
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Actualizada 02/02/2014 a las 20:57
  • EFE. MADRID
"Luis Aragonés, Luis Aragonés, Luis Aragonés, Luis Aragonés", rugió la grada del estadio Vicente Calderón durante el partido que enfrentó al Atlético y a la Real Sociedad, un grito unánime que sirvió de homenaje a una leyenda rojiblanca, que murió el 1 de febrero de 2014.

Unos emotivos actos, con la presencia de numerosos veteranos del club, imágenes del exseleccionador en los videomarcadores y un minuto de silencio, precedieron al inicio del encuentro. Y, tras ocho minutos (por el dorsal que portaba Luis) de casi absoluto silencio, enseguida la tribuna se arrancó con el cántico entonado tantas veces a orillas del Manzanares en honor a una figura unida para siempre a la larga historia del club rojiblanco. Un estribillo escuchado con reiteración durante el combate con la Real.

Porque decir Atlético es decir Luis y viceversa. No hay Atlético sin Aragonés, ni Aragonés sin Atlético. Es cierto que "Zapatones" marcó un hito con la selección española, que fue el impulsor de un cambio histórico en la Roja, que transformó la furia en toque y el desencanto en victoria. Todos se lo reconocen. Ha habido unanimidad en concederle ese mérito. Con Luis comenzó una nueva era en el fútbol español.

Pero, durante el encuentro ante la Real, su afición y su estadio quisieron agradecerle tantos años al servicio de los colores rojiblancos, esos que se lleva impregnados en el corazón, esos que siempre defendió, esos con los que fue campeón y a los que rescató del "infierno" de la Segunda División.

Luis imprimió carácter al Atlético y lo hizo grande. Nunca le gustó ese apelativo de "pupas" con el que fue bautizado después de perder de forma traumática la final de la Copa de Europa de 1974. Siempre quiso un equipo importante y lo consiguió. A la vista está su hoja de servicios.

Si ya era un líder en el terreno de juego, su capacidad de mando se acentuó como entrenador, cargo que pasó a ostentar de la noche a la mañana. Como estratega hay infinidad de recuerdos que definen su temperamento, arisco en un primer contacto, pero entrañable cuando uno se gana su confianza. Siempre preocupado por defender a sus jugadores y a su Atlético, en el que creció y se hizo hombre.

Aquel 26 de noviembre de 1974, en el que se enfundó el chándal, sorprendió a todos por la seguridad con la que asumió esa difícil responsabilidad, la de dirigir a los que hasta un día antes habían sido sus compañeros y amigos. "Miren, yo puedo ser un buen o mal entrenador, pero ustedes me tienen que ayudar para el bien del equipo. Si ustedes no me ayudan yo puedo ser un entrenador más en el club", recuerda el "Cacho" Heredia que les dijo en una de sus primeras charlas.

"Luis sabía del jugador. Era un entrenador que comprendía todo, que sabía hablar a los jugadores. Sabía cuándo uno había salido por la noche y cuándo debía decirle algo. Era un amigo en el vestuario y fuera de él. Una persona que te habla muy claro. Ha sabido manejar todo, tanto en el aspecto personal como en el profesional", añade Heredia en el libro Historias del Atlético de Madrid, los Secretos del Calderón.

Ese primer día como técnico ya marcó su camino, el que le llevó a ser uno de los mejores, en el Atlético y en la selección. "Es el entrenador con mayúsculas", reconoce Miguel Ángel Ruiz, a sus órdenes desde 1982 hasta 1987.

Luis deja un legado inmenso. Fue un gran jugador y un magnífico entrenador, aunque es esta segunda faceta la que más se recuerda por ser la más cercana en el tiempo. Sin embargo, sus cualidades como futbolista fueron igualmente extraordinarias. Autor del primer tanto en el estadio Manzanares, ante el Valencia el 2 de octubre de 1966, era un maestro en el lanzamiento de faltas. "Luis, Luis, Luis, Luis", murmuraba el Calderón cada vez que el rival cometía una al borde del área. Por eso, cuarenta años después, la que le endosó a Sepp Maier, cancerbero del Bayern Munich, sigue siendo un paradigma.

"Ganar, ganar, ganar, ganar, ganar, ganar, ganar y volver a ganar, eso es el fútbol", dijo en una ocasión con el escudo del Atlético en el pecho. Y el Atlético del "Cholo" Simeone obedeció ante la Real Sociedad. No encontró mejor forma de rendirle tributo. Una goleada (4-0) y el liderato de la liga. Como Luis quería, el Atlético, el mejor, el número uno.



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