

Actualizado el 27/06/2014 a las 09:23
La San Fermín Marathon no va a ser una maratón al uso. Que ninguno de los participantes busque en esta prueba batir récord o marcas. Pamplona no es Sevilla ni San Sebastián ni Castellón. Pamplona tiene cuestas. Y esa peculiar orografía de la capital navarra hace que en esta maratón el recorrido sea quebrado y exigente.
Con varios cambios de terreno, esta primera edición llevará a los corredores por zonas de la ciudad que, incluso, muchos pamploneses no han visitado. Todo, además, con un final nocturno que dotará a la cita de una atmósfera especial.
La estrategia y saber guardar fuerzas resultará clave para afrontar un desnivel total muy similar al de la Maratón de Madrid.
Eso sí. El tramo 'duro' -con las tres principales cuestas- se centrará entre el kilómetro 20 y el 28. Cada subida tendrá después terreno para recuperar, pero habrá que saber gestionar bien el esfuerzo hasta alcanzar esepunto kilométrico.
Antes, la clave será no confiarse, coger un ritmo cómodo y reservar en un engañoso sube y baja que, asequible, se irá acumulando en las piernas.
Llegar con fuerzas a la calle Abejeras (km.28) o mejor aún al segundo paso por la Plaza del Castillo (km.30), permitirá quemar las naves a quienes hayan administrado bien. Serán unos últimos kilómetros más llanos y regulares. Y trascurrirán por plena ciudad, con calles y lugares de referencia como Irunlarrea, avenida de Bayona y la del Ejército, Ciudadela, Vuelta del Castillo, Yanguas y Miranda, paseo Sarasate o, ya en pleno Casco Viejo, la calle Nueva, la Plaza Consistorial o, de nuevo, la Plaza del Castillo. Entonces sí, y en el que será tercer paso por ella, éstaserá la antesala a la entrada por el callejón y la meta en la Plaza de Toros.
Acabará ahí un reto que se habrá iniciado a las 20.00 horas a escasos metros, en la Plaza del Castillo. Un reto que, en los primeros kilómetros, presentará una cara amable: calles anchas y asfaltadas y unos metros de acera que les conducirán, en una larga bajada, hasta el polígono de Landaben. Allí, a su entrada, se ubicará el primer avituallamiento. Tras recorrer esa zona industrial y visitar la sede Volkswagen Navarra, la maratón se encaminará ya en suave subida hacia el Paseo Fluvial del Arga, uno de los ejes de la cita.
Tras cruzar el puente de Miluce llegará el primer cambio de superficie: un kilómetro en un tramo de tierra recién adecuado que conducirá, en otra pendiente que en ese inicio de prueba no se hará dura, a la carretera del cementerio, un tramo con arbolado y mucha sombra. Poco después, tras el paso por el 10 y antes de afrontar un nuevo desnivel para llegar a Biurdana, se ubicará un nuevo avituallamiento.
En la rotonda situada un poco más adelante del kilómetro 11 se unirán a los maratonianos a los participantes en la Media Maratón, llegarán por su derecha. Compartirán recorrido algo más d e 18 kilómetros a partir de entonces por el parque de Trinitarios, el Paseo Fluvial del Arga -pasando por delante de los Corralillos del Gas y en una zona más estrecha-, el parque de Aranzadi (zona en la que se alternarán tramos de cemento, tierra y asfalto y donde se ubicará el tercer avituallamiento) o las huertas de la Magdalena, recorriendo ya -aunque en dirección contraria- tramos del Camino de Santiago.
Serán los últimos kilómetros tranquilos -no hay olvidar que se recorre el río Arga siempre a contracorriente, es decir en ligero ascenso- antes de llegar al límite con Burlada, recuperar aliento con el cuarto avituallamiento, cruzar su Puente Antiguo y afrontar el repechos -corto pero duro- que dará acceso a Erripagaina.
El corredor estará entonces en la zona más exigente. El ascenso tendido hasta la chimene de la antigua de Mendillorri, seguido por el descenso al nuevo barrio de Lezkairu (quinto avituallamiento) pondrá a prueba a los participantes, tanto física como mentalmente por la soledad.
Que nadie se desanime. Pronto llegará el paso por el nuevo parque de Arrosadía que, con su geiser iluminado, anunciará la última gran dificultad: la subida a la calle Abejeras. Ahí, justo cuando se suele situar el bajón físico conocido como los maratonianos por el Muro, será momento de analizar y valorar el desgaste y el ritmo a seguir. Lo peor estará ya hecho. Pero aún habrá 14 kilómetros de zancadas por delante.