ciclismo

Javier Luquin: "Miguel te daba las gracias siempre"

  • "En el Tour 91 acababa reventado cada día, pero era feliz"

LUIS GUINEA . CALAHORRA

Publicado el 01/07/2011 a las 01:01

Miguel Induráin y Javier Luquin coincidieron en la carretera cuando eran juveniles. Uno en el C. C. Villavés, el otro en el Idoya. El destino les hizo reencontrarse en el Tour de 1991. Miguel como jefe de filas y maillot amarillo, Luquin como gregario con oficio y compañero de habitación en la primera conquista del hexágono.

Qué le dice la cifra de 20 años del primer Tour de Miguel.

¿20 años...? joder, pero es que el tiempo pasa. Y son 22 años desde el de Perico, que también lo viví. Hombre, el de Miguel creo que nos hizo más ilusión a todos. Yo estoy muy agradecido a Banesto por la oportunidad que me dieron de estar en aquellos tours, y me queda la pena de haber estado con la rodilla mal los últimos dos años. Cuanto más entrenaba, más me jodía. Pero fueron años muy bonitos.

Hay una foto suya y de Induráin tumbados el día previo a coger el amarillo que es para enmarcar.

Ah sí, la que salíamos en calzoncillos descansando... sí, Miguel y yo compartíamos habitación en ese Tour. Todavía me acuerdo el día que cogió el amarillo. Fue la releche... era una alegría y al mismo tiempo una responsabilidad enorme para todos, y para un gregario, más. Nosotros no tenemos el motor de un líder, y había que exprimirse todos los días.

¿Qué recuerda de la noche que Miguel trae el primer maillot amarillo a la habitación?

La recuerdo perfectamente. Cuando acabó la etapa había mucho follón, estábamos en una nube, casi no lo disfrutamos. Pero hacia las 10 nos quedamos Miguel y yo tranquilos en la habitación. Él llamó a casa, y después cogimos el maillot, no sé si él o yo y dijo: "Joe Javier, vaya la que hemos liao". Estábamos en una nube.

¿Cómo era hacer habitación con Induráin?

Fácil. Los dos teníamos muy clara una cosa, se podía hablar de todo menos de ciclismo. Miguel hablaba mucho del campo, y eso que yo no tenía ni idea. Solía decir que al lado de Pamplona había buenos campos de cebada, y luego cuando iba en carrera se me acercaba, venía y decía: "Javi, ¿has visto qué cebada hay aquí?" Y yo, que iba muy jodido y no sabía nada de cebadas, le respondía: "si, si Miguel"... es que Miguel en carrera se fijaba en los campos. Hablábamos de eso, de lo que pasaba en nuestras casas, en el pueblo, eran Sanfermines... y veíamos la tele francesa, aunque no entendíamos nada. Nos llevábamos muy bien.

¿Aquel Tour le cambió la vida, le supuso algo especial?

Ganar un Tour te da una alegría interior que te dura toda la vida, aunque sea de gregario. Cada vez que lo recuerdas, te da una chispa de satisfacción personal. Yo me quedé impresionado con el boom que supuso aquello en la afición Navarra. Aluciné con el recibimiento en descapotable, yo decía: qué extraña es la vida, cómo es posible que unos tíos que andan en bicicleta levanten tanta expectación, que toda Navarra estaba en la calle. Nunca lo he visto lógico, pero era Miguel.

¿Cuántas babas se dejó en las carreteras francesas en ese Tour?

Ni sé. El maillot amarillo de Miguel lo sentíamos cada uno de nosotros como nuestro. Por eso si no hacías del todo bien el trabajo que te mandaban te quedabas preocupado. Pero esa frase que dicen que el amarillo da alas, es verdad. Había un algo que te hacía dar el máximo. Yo cuando me decía Echávarri: "has hecho bien el trabajo" no le pedía más a la vida. Si te metías a la cama reventado, que eso pasaba todos los días, eras el tío más feliz del mundo.

¿Cómo es llegar reventado?

Es que no puedes más, vacío, muy mal. La gente sólo ve por la tele los últimos kilómetros pero las etapas tienen mucho trabajo sucio detrás. Ese Tour no fue el más duro, para mí el peor fue el de 1988 cuando hice las tres grandes en una temporada.

Aquello fue...

Inhumano. La última semana del Tour no ni notaba las piernas después de haber corrido Vuelta y Giro. Era muy joven, y no tenía planificado haber corrido las tres, pero las cosas vinieron así por necesidades del equipo.

Usted ganó el Tour en el 88 con Delgado y en el 91 con Induráin, ¿eran tan distintos?

Menos de lo que la gente se imagina. Perico era un líder único, y Miguel era bueno pero no se sabía hasta dónde podía llegar. A Delgado lo tenía enfrente en la mesa, y se le notaba que no le hacía gracia la situación, el relevo. Pero fue un tío inteligente, siempre lo ha sido, y admitió algo que no tenía marcha atrás. Pero por encima de todo estaba la mano de José Miguel Echávarri, que es la persona más inteligente que he visto en mi vida. Tendrá un millón de defectos, seguro, pero es inteligente como pocos.

¿Miguel se emocionaba o era frío?

A Miguel hay que verlo. No llegaba a la habitación y se ponía a saltar encima de la cama, porque él no era sí. Si yo tuviera el maillot amarillo me tiro hasta por la ventana. Miguel era Miguel. Llegaba a la habitación y decía: "qué pasa Javier que estás cansao" como diciendo no me fastidies... Miguel disfrutaba del Tour más que nadie. La gente sólo le conoce con el maillot amarillo, pero detrás de ese momento tan bueno había mucho entrenamiento, mucho sacrificio, mucha renuncia y cuando veía que todo eso daba resultados estaba más contento que nadie.

¿Le vio sufrir muchas veces?

Yo solo recuerdo una vez, y no sé si era el Tour. Era en Francia, iba el equipo tirando a tope, reventados en unos repechos tremendos, vino Miguel nervioso adelante y dijo: "dónde vais, que luego hay que subir". Nunca más lo vi así, y no fue gran cosa. Ni Perico ni Miguel echaban broncas, todo lo contrario. Había más rencillas entre gregarios que con el líder.

Induráin o Delgado se retiraron con la vida solucionada, ¿y los gregarios?

El trabajo de un gregario quizá no está tan compensado, pero yo no tengo queja. Estuve bien pagado, mejoré mucho cuando fui del Kas al Reynolds. Si sabes manejarte vives con holgura, pero tienes que trabajar después.

¿Induráin era un jefe generoso, agradecido?

Miguel siempre daba las gracias, y eso era reconfortante. Quizá el que no ha sido agradecido con Miguel he sido yo, por elegirme como gregario.

¿Cómo es el Miguel de paisano?

A Miguel fuera de la bici lo conozco lo justo, pero ahí no hay ni trampa ni cartón. A mí me sorprende que sea alguien tan humilde, lo normal es que con lo que ha ganado nos mirara por encima del hombro, pero no. Yo conozco a Miguel desde que llevaba pantalonicos cortos, y sigue siendo como era de juvenil, como cuando venía después de ganar una carrera y nos decía que se había pegado toda la semana cosechando. Induráin se hizo como corredor y como persona en el Villavés, Barruso fue el que le enderezó, y sigue siendo el mismo. Una pequeña parte del Tour se ganó en el Villavés.

¿Cómo rehace la vida un gregario después de colgar la bicicleta?

Pues es curioso, pero hay líderes que después de dejarlo se derrumban por la fama, el dinero, porque se quedan solos. Y al revés corredores de nivel más bajo, como yo, que año tras año veía la posibilidad de retirarte o de tener que dejarlo. Aquí tienes los días contados, volver a la vida real para nosotros es más fácil. Empiezas de cero en el mundo laboral, y sin que se te caigan los anillos. La bici te da muchas cosas para la vida normal: el esfuerzo diario, el valor del sacrificio...

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