20 AÑOS DE UN TOUR HISTÓRICO
Miguel Induráin vuelve al Tourmalet
- Ascendió en bici el Tourmalet, Aspin y Val Louron, los puertos de la etapa en la que se vistió de amarillo por primera vez
Publicado el 29/07/2011 a las 01:04
El 28 de julio de 1991 Miguel Induráin alzaba en los Campos Elíseos de París la réplica de una copa que trajo Napoleón en una de sus conquistas, el trofeo que acredita a los ganadores del Tour. El mundo del deporte se rendía a sus pies. Ese mismo día, pero 20 años más tarde, el hoy pentacampeón llegaba en bicicleta acompañado por su mujer, Marisa López de Goicoechea, y unas decenas de cicloturistas a la estación pirenaica de Val Louron, el mismo lugar donde hace dos décadas se enfundó por primera vez un maillot amarillo, el lugar donde empezó todo.
Miguel Induráin es Miguel Induráin. Los cinco Tours no le han cambiado. No van con él los grandes y ruidosos fastos y celebraciones. Las cosas se viven y saborean con naturalidad. Por eso hace un año aceptó de buena gana la invitación de Pirenaica (una travesía cicloturista que recorre los Pirineos en seis etapas) de hacer justo el día que se cumplía el 20 aniversario de su primera victoria en el Tour parte de la etapa en la que comenzó a escribirse esta historia inolvidable. Ayer Induráin volvió a rodar en bici por el Tourmalet, el Aspin y Val Louron. Los tres puertos en los que mano a mano con Chiappucci conquistó el maillot amarillo.
La cita era a las nueve menos cuarto en la plaza de Luz Saint Sauveur. Los 50 cicloturistas Pirenaica venidos desde varios puntos de Europa se dividieron en grupos, según su nivel. Induráin llegó como uno más, con una nueva Pinarello Prince, culotte corto, el maillot que Pirenaica ha diseñado para la ocasión, chaleco, cubasquero y recambios.
-"Llevo un piñón grande de 27 a ver si es suficiente", bromeaba en la salida.
La presencia de Induráin fue un regalo y una sorpresa para los participantes de Pirenaica, también de mucha gente que a esa hora se lo encontró en la plaza de Luz. Antes o después todos le pidieron un autógrafo o una foto, que ayer tenía un valor especial por ser un 28 de julio, el día que su primer Tour cumplía 20 años. Hasta allí se acercó un cartero sexagenario de París con su bici y su maillot del Banesto de 1991.
-"Brgavo Miguel, brgavo"-
La etapa de Pirenaica afrontaba de salida el Tourmalet, el coloso por excelencia de los Pirineos. En sus primeras rampas, entre una hilera de ciclistas con maillot amarillo, pasó Marisa López de Goicoechea. La mujer del pentacampeón también anda en bici, también cumplió con los 94 kilómetros y tres puertos de la etapa y sus 2.885 metros de desnivel. "Para mí era un reto personal", dice. Coronó el Tourmalet media hora antes que Miguel.
Induráin subió el Tourmalet a ritmo, cómodo. Fue de grupo en grupo, animando a unos y otros. Luego se paró en la bifurcación de la nueva y la vieja carretera, la vía Fignon recién estrenada, para hacerse más fotografías.
"Aquí fue donde Lemond empezó a quedarse, y justo aquí, donde está el cartel, se fue Chiappucci para delante", decía.
La cima del Tourmalet
El Tourmalet siempre tiene un punto salvaje, por su dureza, la rotundidad del paisaje, su revirado final si se sube desde Luz antes de hacer cima. Nunca se olvida, es un puerto que marca a todos. A Induráin también, allí se fue a por Chiappucci el 19 de julio de 1991. En lo alto de sus 2.115 metros, entre la niebla, entre un gentío que iba y venía en ese espacio diminuto, hubo otro parón.
- "¿Qué tal ha ido?" le preguntó Marisa López de Goicoechea a Miguel nada más coronar.
- "Se me ha hecho duro al final, pero bien, bien. ¿Tú?", le respondió.
Los Induráin, como los 50 miembros de Pirenaica, tuvieron el tiempo justo para coger ropa de abrigo y algo de alimento, hacerse una foto de familia que resultará histórica e inolvidable para ese medio centenar de cicloturistas, y seguir Tourmalet abajo.
Hace 20 años Induráin hizo un descenso suicida al Tourmalet, un órdago para ganar el Tour. Entonces tuvo que esperar a Chiappucci, hablaron y se entendieron para poner la carrera patas arriba la carrera.
Ayer la niebla cubría parte del descenso del Tourmalet, se bajó con prudencia para afrontar el serpenteante Aspin, donde cada uno volvió a subir a su ritmo, donde Induráin viajó de nuevo de grupo en grupo para hablar, animar y pedalear a todos sus compañeros de salida. No había competición, nada en juego, sólo el placer de disfrutar de un día especial y entrañable por los Pirineos.
La sorpresa en Val Louron
Induráin y los cicloturistas de Pirenaica pusieron rumbo a Val Louron con un cielo despejado. En la última el pentacampeón de Villava apretó el acelerador para acabar quinto en la cima de la estación pirenaica.
Allí, después de que hubieran llegado los componentes de la marcha "reaparecieron" Miguel Induráin y Claudio Chiappucci, que volvieron a esprintar en la cima de Val Louron. Karlos Galetx e Íñigo Aldaz, de Urzainki y ataviados con maillots del Banesto y el Carrera rememoraron y representaron la llegada de aquel 19 de julio de 1991. Ganó Chiappucci y Miguel volvía a ser líder del Tour 20 años después. No hubo maillot, sí un vasito champán para todos. Induráin, Marisa, todos estaban felices. Brindaron por aquel Tour y por volver allí dentro de otros 20 años.
"Me gustaría volver dentro de 20 años"
A Miguel Induráin se le notaba contento en la cima de Val Louron, un lugar talismán en su carrera deportiva. Se cansó como todos después de los 94 kilómetros y los tres puertos. "Creo que he sufrido más que el día que me puse aquí de amarillo", decía.Induráin disfrutó en unos puertos en los que se han escrito páginas épicas y míticas de ciclismo. "Cambiamos nosotros, pero estos puertos no cambiar, siguen igual, con otro asfalto... pero la dureza sigue siendo la misma", comentaba ayer Induráin tras subir el Tourmalet, Aspin y Val Louron. "No había vuelto a Val Louron en bici más que una vez y para hacer una foto por el décimo aniversario. Al Tourmalet ya había vuelto alguna vez, al Aspin, no. Son puertos muy duros".
Miguel se encontró muy a gusto en el espontáneo y sentido homenaje que le rindieron los componentes de Pirenaica. Saludó, se fotografió y brindó con todos en una jornada que resultará inolvidable.
"Ha sido un día muy bonito, no soy muy de celebraciones pero vivir los 20 años del Tour andando en bici, que es lo que me gusta, con buenos puertos y bien acompañado es muy bonito. He disfrutado mucho. Me gustaría volver aquí dentro de otros 20 años, aunque igual no está ni la estación. Mientras se pueda seguiré andando en bici, es lo que más me gusta".