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CICLISMO

El adiós de un gregario irrepetible

  • "Quiero ser recordado como un buen ciclista y un buen compañero. Nada más"

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Chente, de 39 años, posa con todos los maillots que ha empleado en su carrera ciclista, desde juveniles a profesionales. JOSÉ CARLOS CORDOVILLA

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Actualizada 26/10/2011 a las 01:02
  • L.GUINEA . GORRAIZ

Chente García Acosta dio ayer su último relevo como ciclista profesional. Y le costó. No tuvo que agarrar el manillar de abajo, apretar los dientes y tirar, sino tomar un micrófono para leer un folio escrito a ordenador por la mañana en casa con su mujer, María. En él que cabían 17 intensos años de ciclismo resumidos de forma sencilla. Como él. Sacrificio, generosidad, trabajo, fidelidad a unos colores... los avales de un ciclista grande, de un gregario auténtico, irrepetible. Se va Chente, un tipo querido y respetado.

Esto se acaba.

Claro, se ve venir. Todo lo que empieza, se acaba y cada año lo veía más cerca. Tenía que llegar.

¿Ha sido un adiós doloroso?

Un poco, no ha sido lo que me esperaba. Pero he valorado lo que ha pasado, y ya está. No hay que darle más vueltas a las cosas. Me hubiera gustado acabar encima de la bici, mi idea era haberlo comunicado dos días antes de que acabara la Vuelta, pero me caí.

¿Tuvo miedo en aquella caída? ¿qué vio?

Me asusté al verme tirado en la carretera y con roturas. Pero me asusté menos cuando vi que estaba consciente y me enteraba de todo.

¿Esa caída tuvo un dolor más moral que físico también?

Pues también, ver a mi mujer y a mi familia preocupada me dejó tocado. Psicológicamente se me hizo difícil verme con un galletón así, y pensar que ahí se terminaba todo, que tenía que dejar la bici sí o sí.

Ahí vio que no había vuelta de hoja.

Desde comienzo de año tenía pensado dejarlo, pero esto ha sido el empujoncito definitivo. En la vida todo tiene un peligro, y nuestra profesión más. Vamos a mil por hora por carreteras que no conoces... y no te das cuenta.

Mira hacia atrás y qué ve.

Pues que he pasado 17 años en esto, cuando no pensaba haber pasado de dos, como mucho porque esto era muy duro. Me quedo con que me he ganado la vida con lo que más me gusta de este mundo.

Su debut no fue fácil, llegó al Banesto del 95 el del quinto Tour.

A mí no me ficharon por lo que había ganado, sino porque era un buen currela, me vieron que tenía calidad. El primer año lo pasé muy mal, pené mucho. Luego ya fui mejor. Tuve tranquilidad, cogí experiencia...

Usted ganó la Vuelta a Navarra de 1996, una carrera amateur cuando era profesional. Vaya regalo envenenado.

Buf, ya casi ni me acuerdo. Aquello fue un trago duro, porque era la vuelta de casa. Si ganas, todo el mundo lo vería normal. Si perdía... la pasé con nota.

En el ciclismo usted siempre ha vivido con un axioma: saber encontrar tu sitio. ¿Le costó?

Lo bueno que tenía el Banesto de antes es que te enseñaban a trabajar y el oficio desde aficionados con Jaimerena. Yo nunca he sido un ganador, ni me ha costado encontrar mi sitio, ni se me han caído los anillos por trabajar por nadie. Luego ha sido perfeccionar la forma de trabajar.

¿Cuál es el secreto para haber sido un buen gregario?

Tener una buena visión de carrera.

Eso se tiene o no se tiene.

Sí, pero también se va cogiendo. Hay que ir a las carreras poniendo interés.

¿Quién fue su maestro?

A trabajar en bicicleta no te enseña nadie, no viene uno con una pizarra y te dice así se hace. No. Mi escuela fue ver a los que tenía al lado: Joserra Uriarte, marino Alonso, el propio Arrieta... y a imitarles. Por imitarles me he quedado en muchas carreras por ahí tripa al aire. El buen gregario tiene que hacer lo que debe en el momento justo.

¿Es un poco cirujano en ese sentido?

Sí, si no eres preciso tu trabajo luce menos.

¿Cuántas babas se ha dejado en la carretera?

Kilómetros y kilómetros por los líderes. Bastantes, bastantes, bastantes (tres veces). Pero no sólo corriendo, también entrenando.

Porque el gregario siempre tiene que estar bien.

Siempre. Y eso implica que en los inviernos tienes que cuidarte bastante y entrenar. A mí me hacía falta muchos kilómetros.

¿Y qué satisfacción tiene todo eso durante 17 años?

Mi máxima satisfacción ha sido ser un fijo en el Tour y la Vuelta durante 12 años seguidos. Que hayan confiado en mí en todas las grandes me dio mucha moral. te da responsabilidad también, y pesa.

También ha sido capaz de aprovechar sus momentos: una etapa en el Tour, dos en la Vuelta...

Sí, ha sido una filosofía que he tenido en la vida: saber aprovechar las oportunidades. Yo lo he intentado hacer. A mí siempre me ha gustado dar guerra cuando he podido, las escapadas también han sido mi vida.

Son parte de su ambición.

Es básico. Si no te luces para ti, te luces para un líder.

¿Es duro ver que siempre la gloria se la llevan otros?

No. Yo sé que de todas las victorias que han conseguido mis líderes, una parte -aunque sea muy pequeña- es mía. A mí las victorias de otros me llenan, me hacen sentirme bien. Que alguien me dé las gracias para mí es la leche.

Para ser así, ¿hay que tener más físico o más cabeza?

Si a un ciclista le funcionan las piernas, pero no tiene cabeza, no hay nada que hacer. Hay que buscar el equilibrio.

¿Es un ciclista listo inteligente?

Ni listo ni inteligente, hay que ser un poco perro. Pero eso te lo da la vida.

¿Cuál ha sido su momento más difícil?

El de la muerte de mis compañeros Chava Jiménez, Isaac Gálvez y Xavi Tondo.

¿Por qué?

Porque te hacen pensar mucho, porque te puede pasar a ti. Había compartido con ellos muchos momentos, carreras, días de habitación juntos... tenía relación con todos.

¿Y personalmente?

Siempre lo he pasado mal con las caídas.

¿Cuántas cicatrices tiene?

Muchas. En el equipo solían decirme: cuando se cae Chente, al hospital. Me he roto tres clavículas, dos escafoides; cúbito-radio dos veces también, un codo, alguna costilla... te duelen las caídas, pero te duele sobre todo tener que dejar carreras por eso.

¿Por qué ustedes siempre se levantan?

Nosotros somos como los toreros, siempre queremos seguir, siempre miramos hacia adelante. No es que estemos locos, es que esto es nuestra profesión y nuestra vida.

¿Qué le ha llenado más?

La bici. He disfrutado como un enano, he conocido mucha gente, muchos amigos, he conocido sitios... he sido un privilegiado.

¿Deja muchos amigos?

Sí.

¿Buenos amigos?

Mira, el amigo de verdad, el que merece la pena es el que siempre está ahí. Voy a echar de menos las charletas en el pelotón.

¿El ciclismo del que llegó al que se marcha ha cambiado?

Mucho, ahora es un ciclismo global, casi donde menos corres es en casa. Y que hay mucho nivel, ahora para ganar hay que andar mucho.

¿Por qué ha sido fiel 17 años a una casa?

Porque siempre he estado a gusto, cómodo. He podido irme, pero siempre he decidido quedarme. Aquí se me quiere y se me valora.

Es que ahora no hay currelas como los de antes.

Eso es. Antes la gente sentía los colores, los equipos. Ahora todo el mundo va a su bola, hay menos compromiso. El ciclista es diferente.

Usted ha convivido 17 años con un problema que es el del dopaje.

Sí, aunque por suerte no he tenido nunca ningún problema. La cuestión del dopaje, que está erradicada casi porque estamos muy controlados, me da pena.

¿Cómo se convive con gente que hace trampa?

Te pone de muy mala leche. vas en una escapada con X y sabías que no tenías ninguna opción porque iba como iba. Pero la gente que hace trampa tiene las patas bien cortas. Mira qué limpias de gente ha habido. Me da pena todo esto.

¿No le ha tentado hacer trampa?

No, no me ha hecho falta. total, para lo que tenía que hacer yo no me iba a meter en marrones.

¿Es una cuestión solucionable?

Siempre habrá tramposos y la trampa irá por delante de la ley. Es así.

¿Qué va a ser de su vida?

Quiero hacer cosas que no podía, disfrutar. Cosas tan simples como irme de fin de semana sin la bici, dar una vuelta con la familia, comerme unos huevos fritos.

¿Le da respeto la nueva vida?

Un poco, pero no soy parado. Algo haré. El ciclismo es una gran escuela para la vida y sabré afrontarla.

¿A quién da las gracias en su adiós?

Mi familia, mis amigos, el equipo, los directores... me voy a dejar alguno, seguro.

¿Cómo quiere ser recordado?

Como un buen ciclista y un buen compañero. Eso es lo más importante. Nada más.

Uno a uno

El Club Ciclista Tafallés

Es la raíz de todo. Donde me enseñaron a ser ciclista, a ser persona, convivir... mucho de esto se lo debo a ellos.

Miguel Induráin

El ídolo de toda la vida. El más grande. Yo he crecido con sus éxitos. Tenerlo como compañero fue la leche.

José Miguel Echávarri

Es el maestro. Mucho de los que tenemos ahora se lo debemos a él. Todos hemos aprendido de él.

Eusebio Unzué

El otro maestro. Es un gran director. es muy buen estratega, tiene muy buena cabeza.

José Luis Jaimerena

Cuando me quiso traer al equipo le dije tres veces que no. Fue cabezón, insistió hasta que me vine al equipo. Y aquí estamos. Ha sido gracias a él.

José Luis Arrieta

Compañero y amigo. Hemos pasado muchísimas batallas juntos, somos Zipi y Zape.

Zandio, Erviti, Menchov, Karpets, Sanz, Iriarte, Koldo Gil...

Son mi grupeta de entrenamiento, sin ellos hubiera dejado el ciclismo hace cinco años. Pero todos nos hemos ayudado a todos.

El Tour

Lo más grande.

Flandes y Roubaix

Un sueño. Hubiese querido hacerlas muy bien. Me queda esa espina.

El Mundial

Es una carrera preciosa, la he corrido cuatro veces. Incomparable.




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