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CICLISMO

"He sido feliz haciendo ganar a otros"

  • El próximo día 23 Zandio se colocará su último dorsal en Japón. Allí acabará una vida de ciclismo

Xabier Zandio, con los maillots con los que ha corrido a lo largo de sus 16 años como profesional.

"He sido feliz haciendo ganar a otros"

Xabier Zandio, con los maillots con los que ha corrido a lo largo de sus 16 años como profesional.

Actualizada 18/10/2016 a las 10:54
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Xabier Zandio no es un ciclista que haya ganado mucho en sus 16 años como profesional. Una Vuelta a los Puertos y una Vuelta a Burgos. Y, sin embargo, su marcha del pelotón va a dejar huella. Y profunda. Porque Zandio ha sido un gregario de superlujo. Un currante que ha ayudado a muchos a ganar mucho. Y por encima de eso, un gran tipo. Alguien querido de verdad por todo el ciclismo.

Su camino llega a su fin, ¿cómo lo lleva?
Lo tengo bastante asimilado, y tenía ganas de dejarlo. Conforme pasan los años te vas haciendo a la idea de que habrá algún día en el que vas a dejar de vivir de lo que te gusta.

¿El final es el que usted había pensando?
Sí, el año pasado tampoco corrí ninguna de las grandes. En la primera parte de la temporada estuve bien, la segunda me ha costado porque físicamente no he estado muy bien. Tengo ganas de que llegue el final.

¿Ve la carrera de Japón como una última frontera?
No, lo veo como algo natural. Va a ser una carrera más. No me dice nada especial acabar en Japón o en cualquier otro sitio. En la última carrera voy a intentar hacerlo tan bien como en todas.

Hay una foto suya de cuando hizo segundo en la Vuelta a Pamplona, y mire aquí sigue.
Pues sí, ha llovido bastante. Han pasado 23 años, son muchos, y sigo haciendo lo mismo. A mí siempre me ha gustado el ciclismo, pero en la vida siempre he ido pasito a pasito. Cuando llegué a amateurs en Banesto pensé que iba a durar allí un año.

Hay otra foto suya en la que aparece con Koldo Gil, Patxi Vila, Rubén Plaza, García Quesada... todos eran más rematadores y ninguno sigue en profesionales.
Yo en amateurs no fui brillante, pero sí muy regular. Y si sigo aquí a los 39 es porque he sido regular, sin grandes alegrías ni grandes penas, he ido paso a paso. Creo que la labor de gregario la he hecho bien, y me han valorado ese trabajo.

¿Ha llegado donde pensaba?
Mucho más. Yo no pensaba que iba a llegar casi a los 40 años andando en bici, y llegar a esta edad siendo ciclista profesional es muy difícil. Mi lista de éxitos no es muy grande, pero he ayudado a que otros compañeros ganen muchas veces, he estado en dos equipos muy importantes y siete veces en la lista del Tour, que no es sencillo.

Cuando debutó, ¿tuvo miedo de ver que no valía para esto?
El salto de amateurs a profesionales es muy grande, cuesta adaptarse. Y a mí en cierta manera me costó, pero mis directores no me vieron mal. Siempre me dijeron que con el tiempo iría mejorando, que fuera constante. Y yo me veía que sufría mucho para estar. Pero hay un punto en el que mejoras.

¿Cuánto ha sufrido en estos años sobre una bici?
Mucho, muchísimo. A lo largo de estos años hay días muy miserables, muy malos, pierdes la cuenta. Hay momentos en los que te dices, no me sale a cuenta dedicarme a esto con lo que sufro. O que llegas y dices, esto no merece la pena. O, madre de Dios, es que esto no está pagado con nada. Pero el día pasa, sale el sol y tiras para adelante. Esto es ciclismo.

¿Tiene un día infernal en la memoria?
Hay varios, y todo fueron días de mucho frío en competición. Es un frío que no se puede describir, hay que vivirlo y sentirlo, yo no he pasado nunca en ningún sitio así. Vas rígido sobre la bici, no puedes mover el cuello, parar el castañeo de los dientes, no sientes las manos, no sientes nada...

¿Ha llorado muchas bicis sobre la bici?
Nunca he llorado sobre la bici. Pero sí que he pasado mucha miseria. Vas diciendo tonterías porque vas muy jodido.

Y también habrá tenido días muy buenos.
Claro, como recuerdos bonitos. Yo no he tenido muchas victorias, pero sí que hay días que he sido muy feliz por lo que he andado, ayudando a otros compañeros a ganar... Por ejemplo la victoria de Pereiro en el Tour, o Alejandro en la Vuelta, o con Urán y Arroyo en el Giro. Son cosas que te dan mucha satisfacción.

Que en el fondo es darse a los demás.
Sí, mi trabajo es darme a los demás. Es mi trabajo, y mi satisfacción personal. He tenido la suerte, además, de que todos mis líderes han sido mis amigos.

¿Le pena a usted no haber ganado más, tener un mejor palmarés?
Claro que me pena. Yo por ejemplo hice segundo en una etapa del Tour, y no es algo que mire con pena. Hombre, me hubiera gustado ganarla, porque el Tour es la carrera que más me gusta. Pero hacer segundo en una etapa del Tour es algo de lo que estoy orgulloso, no está mal. ¿No?

Uno de los argumentos que forzó su salida de Banesto es que decían que usted tenía “poca ambición”. Pero la vida ha demostrado que su camino era el correcto.
Puede ser. No he sido un ciclista que se haya preparado para ganar esto y aquello, o con una ambición por esto o lo otro. He ido a hacer bien mi trabajo, a ser feliz día a día, creo que he hecho las cosas como debía. Siempre he estado cuando tenía que estar. Me cuido, me entreno y me sacrifico como el que más, pero no ha sido una tiranía. He amoldado mi trabajo a mis circunstancias. Mentalmente no es fácil aguantar tantos años en el ciclismo profesional.

¿Por qué es tan duro mentalmente el ciclismo profesional?
Porque la bici te lo exige todo en tu día a día durante mucho tiempo. Tienes un mes del año en el que estás de vacaciones, pero los otros 11 toda tu vida, todo tu día a día es ciclismo. Y en cuanto se acerca un objetivo importante, te vuelcas aún mucho más. Al final no puedes hacer lo que te da la gana, la bici te acompaña a todos lados, eres un poco esclavo.

Pero al mismo tiempo ha sido feliz así.
Claro. Al final es la forma de vida que yo he elegido.

¿Qué le da el ciclismo?
A mí la bicicleta me gustaba desde que era pequeño. He conocido un montón de gente, un montón de sitios, y este estilo de vida a mí me ha gustado. Es una vida muy sacrificada, pero que te da muchas satisfacciones cuando te ves bien, cuando un compañero gana...

Hay muchos ciclistas que terminan quemados, que acaban odiando la bici.
El ciclismo es un deporte muy bonito, pero cuando las cosas no salen bien es un deporte muy puñetero. Yo he visto las dos caras, y he tenido días muy buenos en los que estás feliz con tu bicicleta y otros que mandarías la bici a la mierda. Porque no estás motivado para entrenar, porque no andas...

¿Y cómo se reconstruye uno?
Bueno pues el tiempo pasa y lo cura todo. Pero esto es una montaña rusa en la que todo el mundo sube y baja. Pero al final todos los días sale el sol y ves la luz.

Usted ha estado en Banesto y en el Sky, dos de los mejores más grande del mundo. ¿Es todo tan grande como parece?
No. Por ejemplo hay mucha mítica alrededor de la tecnología del Sky. Sí que es todo muy grande y tiene muchos medios, pero se magnifican muchas cosas. Froome es el mejor aquí y lo sería en cualquier equipo. Y luego te pasa que al final estás acostumbrado a estar en un equipo grande, y hay cosas que dejan de sorprenderte.

¿Qué fue para usted tener que emigrar?
Yo personalmente no hubiera dado el paso de tener que irme del equipo de casa, pero las circunstancias vinieron así. Emigré, y viéndolo con perspectiva, me vino muy bien. He conocido otro equipo, otra cultura, otra forma de hacer las cosas, otra gente... Yo venía de años complicados, en los que tuve problemas con las lesiones, mi padre falleció, tuve el problema de mis hijos... fueron años muy complicados para mi. No sé si me estanqué, pero llegó un momento en el que dije hasta aquí hemos llegado. Tuve que cambiar de equipo.

¿Se planteó dejarlo?
Sí, estuve muy asqueado de la vida. Las cosas no te van bien, yo no me encontraba mal, pero ves que no te valoran tanto, y pasó lo que pasa en el ciclismo. Esto es como un negocio, te quedas arrinconado, apartado, no cuentan contigo. Pero tuve esta oportunidad de irme a Sky que es un equipo grande.

Y volvió a nacer como ciclista.
Pues sí. He tenido años muy buenos. Creo que he rendido bien, ellos, están contentos con lo que he hecho, me han valorado. En Sky me ha tocado hacer otro trabajo, y han quedado muy contentos.

LA SONRISA DE ZANDIO

Todo el mundo habla bien de usted. ¿Qué le dice eso?

Sí, lo he escuchado. El día a día del ciclismo es jodido, duro, y hay que ponerle un poco de alegría al ambiente. El compañerismo y pasarlo bien es esencial.

¿Cuántos amigos deja en la bicicleta?
Muchos. En 16 años conoces a mucha gente. Los colombianos me vacilan, dicen que conmigo no se puede ir por la calle porque me conocen en todos sitios.

Pero amigos, amigos.
Muchos también. Es la gente que conoces desde amateur y que después de todo son amigos con los que puedes contar para cualquier cosa.

Usted ha conseguido ser ciclista profesional durante todos estos años con una circunstancia diferente, que es la enfermedad especial que sufren sus hijos. ¿Cómo ha llevado eso?
Cuando vas a ser padre siempre tienes ese temor o ese miedo de que las cosas vayan a ir bien. Nosotros nos fuimos enterando de la enfermedad muy poquito a poco. Fuimos viendo que nuestros hijos tenían una enfermedad que no tiene diagnóstico, y lo vas asimilando. No te llevas un sopapo de repente. Pero son momentos muy duros, porque son tus hijos, es lo que más quieres en esta vida, y hay que tirar para adelante.

¿Cómo es capaz de abstraerse de un problema tan grande y centrarse en la bici?
Al final tú tienes un problema muy grande, que es ese. Y la bici lo que te sirve es para abstraerte. Es duro ir a entrenar y sobre todo salir a correr, pero quien ha llevado el peso de todo esto en estos diez años ha sido mi mujer, Ainhoa, que se merece un monumento por todo. Pero sí, al principio, cuando los niños eran pequeños, vivías en una preocupación y una incertidumbre enorme... iba a las carreras pensando en qué iba a pasar. Pero al final es la vida, hay que afrontar las cosas, y yo siempre he intentado hacer las cosas bien en la bici en parte por ellos también. Tener un poco de desahogo económico nos ha permitido cuidarlos y tratarlos mejor. Claro que para mí ha sido difícil ser ciclista con esto, pero la que ha tirado del carro es mi mujer. Ella me ha ayudado mucho con Iosu y con June.

Tener una mujer así es...
Ainhoa es una máquina, he tenido mucha suerte en la vida. Si he aguantado tanto tiempo en la bici ha sido, en gran parte, por mi mujer.

Ahora le toca cuidar de sus hijos, de su familia.
Claro. Es algo que me apetece mucho. Yo soy parte de la vida y de la educación de mis hijos. Me he perdido muchas cosas, y quiero disfrutar de ellos.

Todos los deportistas de elite viven en una especie de burbuja. ¿Le impone la vida nueva, el partir de cero?
Soy consciente de que voy a tener que trabajar, porque hace falta dinero. Sé que viene un gran cambio en mi vida, pero va a ser un cambio para bien, porque voy a poder dedicarme más tiempo a los míos y a mí.

¿Qué le pide el cuerpo?
Me gustaría darle un buen empujón al inglés. Pero lo que quiero es tener una vida normal, levantarme y acostarme con mi mujer y mis hijos, hacer cosas normales. Me gustaría seguir vinculado a la bici, pero no quiero pasar muchos días fuera de casa.

¿Cómo le gustaría ser recordado?
Si me recuerdan no está mal. Me gustaría que me recordasen como un buen gregario.

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