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CICLISMO | GIRO DE ITALIA

Duelo en los nidos de las águilas

De izquierda a derecha, Nicolas Roche, Cadel Evans, Rigoberto Urán, Purito Rodríguez, Quintana y Scarponi

Duelo en los nidos de las águilas

De izquierda a derecha, Nicolas Roche, Cadel Evans, Rigoberto Urán, Purito Rodríguez, Quintana y Scarponi

EFE
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Actualizada 08/05/2014 a las 19:51
  • AGENCIAS.
Si hay una prueba ciclista que hace apología de sus montañas es el Giro de Italia, la corsa rosa, la prueba más bella y espectacular de las tres grandes del calendario mundial, con unos recorridos únicos y una variedad tan grande de subidas y de trazados complicados que ni siquiera la historia que atesora ha conseguido dar a conocer toda la riqueza que tiene para los aficionados al ciclismo.

El Giro, como luego pasará en el Tour -la Vuelta a España puede tenerlo mejor en ese apartado-, queda antes de su inicio en un mano a mano entre dos corredores, en este caso Purito Rodríguez y Nairo Quintana, dos de los mejores ciclistas del mundo... separados no ya por un mundo, sino por muchos mundos.

De entrada, les separan once años de edad, que es mucho tiempo en ciclismo, con lo que eso supone de experiencia, de conocimiento y de dureza en favor de Purito, que ha sido cuarto (2011) y segundo (2012) en Italia.

Quintana no conoce la carrera y va a correr su tercera gran prueba por etapas. Se las verá con un sanedrín de ilustres que en la mayoría de los casos han dado ya lo mejor de sí mismos: Cadel Evans (37 años), Michele Scarponi (35) o Ivan Basso (37). Siendo generosos, también podríamos añadir a esa lista los nombres de Rigoberto Urán (27) o Domenico Pozzovivo (32).

En el Giro mandan los veteranos, ciclistas acostumbrados a padecer tres semanas de competición sin tregua donde más importante que atacar será aguantar, no tener desfallecimientos importantes. Sobrevivir. De todos esos nombres, tres, Cunego, Scarponi y Basso, ya saben lo que es ganar la prueba italiana, lo mismo que Hesjedal. Evans ganó un Tour. El tiempo de volver a ganar una grande parece que ha pasado para ellos.

Por eso, su papel en las carreteras italianas e irlandesas -ya que el Gitro arranca este viernes en Belfast- es el de un coro de acompañamiento para dos de los pocos ciclistas que hoy en día son capaces de dar espectáculo en la alta montaña. O eso pensamos, porque hablamos de lo que vimos hace un año, no de la realidad de 2014, que desconocemos.

Sabemos, eso sí, que tanto Purito como Quintana como el resto de sus rivales han pasado mucho tiempo concentrados en altura, donde pueden adquirir una preparación importante sin que se vea afectado su pasaporte biológico.

Si a esos antecedentes les unimos las etapas de montaña que le esperan se puede decir que estamos frente a un duelo en los nidos donde se cobijan las águilas. ¿Quién es el gran favorito? Por lo visto el año pasado, Quintana es superior a Purito, pero ninguno de los dos será el mismo ciclista que entonces. Pueden ser mejores o peores, pero no iguales. Es difícil en el mundo del ciclismo mantener un nivel tan alto dos temporadas seguidas.

Una carrera exagerada

Tampoco lo que hemos visto esta temporada nos ayuda mucho. Purito ha estado más tiempo metido en el Teide, en Tenerife, que compitiendo. Ha sacrificado buena parte del inicio de temporada por el trabajo en altitud.

Tuvo la desgracia de caerse en la Amstel Gold Race y golpearse en las costillas, una zona que suele ser problemática para recuperarse, aunque ya parece que está mejor. Lo único cierto es que Purito siempre es competitivo en el Giro y que conoce el recorrido de la prueba a fondo.

Nairo Quintana no ha tenido un inicio de temporada tan espectacular como el de 2013. Correr el Giro ha hecho que Movistar le lleve más tranquilo. Es el más joven de todos los colombianos que se asomaron al primer plano mundial hace un año y el único que parece capacitado para resistir el tirón de ser competitivo. No conocer la carrera es un hándicap, a lo que se suma que le gusta más el Tour.

Es un escalador puro, más completo que Purito en ese terreno, pero el Giro son muchas cosas, muchos días, muchas trampas, demasiadas situaciones complicadas como para centrarlo todo en los finales en Oropa (14 etapa), Plan de Montecampione (15), Val Martello (16), Refugio Panarotta (18) y Zoncolan (20), sin olvidarnos de la contrarreloj inicial en Belfast por equipos o de las dos contrarrelojs individuales que tiene la prueba, la segunda de ellas una cronoescalada.

Es un Giro, como muchos de los últimos años, exagerado, en el que hay mucho de todo y todo muy duro y complicado. Por eso Purito Rodríguez, porque se lo ha ganado en la carretera, y Nairo Quintana, por lo que vimos hace un año, están muy por encima del resto de sus rivales, de corredores sobrepasados en muchos casos por la edad, los años de competición y el desgaste.

Estamos ante una carrera de oportunidades, en la que conviene ser prudente y controlar las alegrías que pueden llevar a un ciclista de la burbuja en la que se mece la gloria al hundimiento de unas carreteras que siempre pasan factura.

Se dice que lo importante es la carrera, más que sus protagonistas, la tradición, pero una prueba sin figuras, y sin un italiano sólido, puede estar condenada a la indiferencia.



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