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Natalia ya tiene su medalla

  • La tarraconense, dos años después de perder el oro en Berlín, logra un bronce peleado de principio a final

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Natalia ya tiene su medalla

PLlegada de los 1.500 femeninos con Natalia Rodríguez en el centro, tercera tras Barringer y Hannah. AFP

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Natalia ya tiene su medalla

Natalia Rodríguez saluda a Jennifer Barringer. REUTERS

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Actualizada 02/09/2011 a las 01:10
  • COLPISA. DAEGU. .

Natalia Rodríguez logró quitarse ayer el lastre que le pesaba desde que hace dos años la despojaron del oro mundialista que se había ganado sobre la pista del Olímpico de Berlín. No consiguió el título que acarició hasta a falta de 50 metros para la meta, pero la tarraconense se hizo con un bronce que compensa muchos malos momentos y mucho esfuerzo. En una final de 1.500 metros táctica en la que se mostró muy ambiciosa, Natalia logró un premio que además sirve para que España estrene el medallero en este Mundial de Daegu.

El año pasado, se tomó una revancha a medias, ya que fue subcampeona del mundo de pista cubierta, tras superar a Burka pero quedar por detrás de la joven Gezahegne. Y al aire libre, se tuvo que conformar con la tercera plaza en el Europeo de Barcelona, donde se coronó la este jueves ausente Nuria Fernández.

Sorpresa final

Esta campaña condicionó toda su preparación para llegar en plenitud a la cita de Daegu. Compitió poco, lo que la llevó a acumular algunas dudas. Su mayor susto fue un esguince de tobillo en el Campeonato de España, pero ya demostró en las series clasificatorias que había llegado en plenitud a la gran cita.

La final estuvo marcada por el ritmo que impuso Mimi Belete, compatriota de Maryam Jamal que en 2009. Estuvo a cola de grupo hasta pasada la mitad de la carrera, donde se decidió a progresar y tomar protagonismo. Natalia pasó al mando de la prueba al paso por meta, con un cambio de ritmo progresivo en esos 400 metros finales que hizo mucho daño a algunas de sus grandes rivales. Por ejemplo a Jamal, que se descolgó hasta llegar última a la meta. O a las africanas, que en su empeño por superarla antes de la recta final, terminaron desfondadas y sin opciones de podio.

Pero con lo que no contaba Natalia era con el remate final de aquellas atletas que habían marchado resguardadas en el fondo del pelotón. La estadounidense Jennifer Simpson, que doblegó a Natalia a mitad de recta, cuando las fuerzas de la tarraconense ya estaban en la reserva, y de la británica Hannah England, que se quedó a 28 centésimas de la ganadora, emergieron delante.

"Me recordó mucho el final al del pasado Europeo, pero había preparado con mi entrenador esa parte final de la carrera, para no bloquearme porque entonces sí que pierdes todo", explicó.

La primera medalla, un grito en el desierto español que lucha en Corea

Cuando alguien pregunta qué les pasa a los atletas españoles, las respuestas pueden ser varias, pero no falta aquella de "no tiene carácter". Quizás te digan después que "no solamente será carácter, será porque es peor que los demás". Pues en ocasiones solo es falta de carácter porque no es peor que el campeón.

Esta medalla es un grito en el desierto del equipo español en Corea. Resultados muy decepcionantes y que no presagian nada positivo para los próximos años. Se acabaron las cosechas de tres, cuatro y hasta medallas. Cambiemos desde ya nuestro protocolo del éxito o fracaso en un Mundial. Las medallas llegarán a cuentagotas o no llegarán. En Juegos Olímpicos (Londres será un cúmulo de despedidas de varias de las figuras ya en la treintena...) o en Campeonatos del Mundo, la actuación española vivirá del objetivo de llegar a una final (entre los 8 mejores) y pocas alegrías más.

Después de 35 medallas españolas en doce mundiales (casi tres de media), en Corea se ha sumado una y puede ser la única. Ni en el capítulo de finalistas nadie sacará pecho esta vez.

En un país donde los éxitos de deportes colectivos están arrinconando a los deportes individuales (atletismo, natación, piragüismo, judo, últimos mundiales disputados...), es obligado reinventar el sistema de captación y perfeccionamiento de nuestros deportistas. Quién sabe si el resultado de Corea en el atletismo incluso pudiera provocar mover la palanca del cambio en las dirección de la Federación Española. Algo está fallando. El engranaje se oxida. El tormentón está encima de nuestras cabezas y que nadie mire hacia otro lado.

Repasando la final de 1.500 metros aparecen las claves por las que se ganan o no medallas en un gran campeonato. Natalia Rodríguez ha competido de 10. Ha analizado la prueba desde atrás y solo al paso de los 800 metros ha entrado en la fase de coger una buena posición. Sin embargo, no ha querido que la carrera se decidiera en un sprint brutal. No. Ha analizado el ritmo y ha pensado que era necesario cambiar de una forma progresiva. No le ha importado colocarse en primera posición y ser ella la responsable de limpiar la final.

A eso se llama carácter competitivo y buena cabeza. Lo que ocurre con Natalia es que también posee ese coraje necesario para pelear por todo. No arrugarse.




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