Diario de Navarra | Facebook Se abrirá en otra página Diario de Navarra | Twitter Se abrirá en otra página Hemeroteca Edición impresa
Mi Club DN ¿Qué es? Suscríbete

La Hemeroteca
"El poder de la ficción es magia pura"

La lágrima de Quique Sánchez que convirtió a Rosa Ribas en escritora

Rosa Ribas en el club de lectura de Diario de Navarra

Rosa Ribas en el club de lectura de Diario de Navarra

Actualizada 05/04/2017 a las 19:40
Etiquetas
  • José Ignacio Roldán

Tenía 10 años cuando el profesor sacó a Rosa Ribas a la pizarra a leer su cuento. "Era una historia súper triste sobre Finito, un toro que no quería salir al ruedo. Yo miraba de reojo al chico que me gustaba, Quique Sánchez, el duro de la clase, y vi cómo se le saltaron las lágrimas al terminar. Entonces pensé que eso era lo que quería hacer el resto de mi vida: que Quique Sánchez se secase una lágrima cuando yo le leyera algo. En ese momento comprendí el poder de la narración y decidí ser escritora".

Rosa, que presentó el pasado 18 de enero en el club de lectura de Diario de Navarra Azul marino, la última novela escrita junto a Sabine Hofmann, explicó la satisfacción que supone para un autor que alguien hable de sus personajes. "Si alguien se queja de que has matado un personaje o si te preguntan cuándo se casan... es que lo ha hecho suyo. Es cuando te das cuenta de que has creado algo especial. Es el poder de la ficción, es magia pura. Gracias a Finito y a Quique Sánchez, aquí estoy".

Para crear un personaje de novela, Rosa cree que los mejores modelos son las personas que conoces. "Pero no una concreta porque no son retratos. Para tu dibujo tomas elementos de varias personas, le vas haciendo actuar y le vas dando forma. A veces ves un gesto o escuchas una frase y dices: va a ser para él. Oí un "hay que joderse" y pensé que le iba muy bien a Isidro Castro. Es un crecimiento orgánico".

Al referirse al estilo, Rosa Ribas explicó que huye del exceso de adverbios y de adjetivos como de la peste porque producen empacho al lector. "El estilo es rico cuando es preciso. Si un sustantivo va acompañado de tres adjetivos es que el sustantivo no es el que buscabas. Lo mismo pasa con los verbos porque ya tienen en sí un contenido. Los matices que queramos añadir con los adverbios o los adjetivos hay que usarlos en su justa medida o estaremos haciendo ruido en vez de literatura. Las palabras tienen que tener música, no ruido". Y añadió un consejo: "Hay que saber matar tu frase preferida porque no suele servir para nada. Si eres capaz de tacharla, vas bien".

El traductor, el lector más feroz

La trilogía de Ana Martí está escrita con Sabine Hofmann. La primera novela fue a cuatro manos, pero resultó una fórmula muy laboriosa, de manera que ahora escribe ella, pero idean la trama ambas. Luego, Sabine traduce al alemán. Por ese motivo salió a escena la traducción y el respeto a la obra original. "En realidad se lee la mejor aproximación posible al autor, lo mejor que ha podido hacer ese traductor en ese momento. Eres tan bueno como sea tu traductor en esa lengua".

"El traductor –dice Rosa- es el lector más feroz que existe, ningún editor te va a leer igual. Lo ve todo: dónde te repites o dónde el diálogo no aporta". Para ser bueno, añade, han de adornarle algunas cualidades. Una de ellas es ser un escritor que conozca la lengua y la cultura del autor traducido porque ha de conseguir que el lector entienda lo que quiere decir el autor. "Tiene que ser un artista porque la traducción literal es la muerte de la literatura".

Trilogía cerrada a cal y canto

Azul marino cierra la trilogía de Ana Martí sin posibilidad de retomarla. No porque muera la protagonista sino porque adelanta al final de la novela el futuro de la periodista. "Con ella he recorrido siete años de historia en cuatro años de trabajo. En la primera novela era una novata que ahora se ha convertido en una periodista madura y con experiencia, que se ha ensuciado los zapatos, como le dijo una vez Enrique Rubio, y también la conciencia. Además, se ha tenido que enfrentar a su propia familia por ejercer una profesión en lugar de casarse y tener hijos".

Rosa Ribas ha querido recorrer la España de los 50 para describir las consecuencias de la dictadura, las pautas sociales imperantes y, en esta última el choque cultural tan notable que supuso la presencia en Barcelona de la flota americana. La trilogía arranca con Don de lenguas en la Barcelona de 1952. La segunda, El gran frío, salta a 1956 durante el invierno más crudo del siglo, en un pueblo del Maestrazgo turolense. La tercera regresa a Barcelona en 1959, con la flota americana fondeada en el puerto. "Yo sé qué es encontrarte una cultura distinta y expresarte en otro idioma. Quería mostrar qué choque supuso en 1959, en esa Barcelona tan gris, la aparición de estos muchachos enormes con sus uniformes blancos".

En Azul marino, un marinero aparece asesinado en un local de alterne del Barrio Chino. La policía militar norteamericana y la española se ven obligadas a colaborar para esclarecer el crimen. El inspector Isidro Castro, un verdadero secundario en Don de lenguas, crece en esta tercera entrega hasta convertir se en coprotagonista. "¿Qué si podría protagonizar una nueva saga? ¡No me tientes!", respondió Rosa a una pregunta del presentador cuando le dijo que era un personaje con muchos ingredientes para regresar y más en una época poco explotada en el género negro español.

La tercera figura es Beatriz Noguer, prima de Ana Martí y "la mujer que nos enseña que la literatura es relevante, sirve para muchas cosas: consuela en los peores momentos, reconforta y da ideas. La literatura te puede salvar la vida en muchos sentidos. Es un personaje secundario pero tiene como misión dar la tercera nota del acorde, es un bajo melancólico, la que nos dice que esto es el final de nuestra aventura. Lo vi cuando ya estaba escrito y es que, a veces, la novela es más inteligente que los autores".

La Luna en las minas

Rosa Ribas, que escribe con lápiz y papel, ya tiene preparada su nueva novela. Versará sobre la emigración española a Alemania, para lo cual ha visitado frecuentemente el Hogar Gallego de Frankfurt. Sin embargo, el lector se sorprenderá cuando encuentre que un tema de índole social se aborda de una manera poco acostumbrada: el protagonista será un hombre lobo que no quiere matar a nadie porque así le han educado. Como necesita esconderse de la Luna emigra a Alemania para trabajar en las minas de carbón. "La trama me permite contar la historia de la emigración pero desde esta óptica fantástica. Se titulará La luna en las minas y espero que os guste".


Comentarios
Te recomendamos que antes de comentar, leas las normas de participación de Diario de Navarra

Lo más...
volver arriba

© DIARIO DE NAVARRA. Queda prohibida toda reproducción sin permiso escrito de la empresa a los efectos del artículo 32.1, párrafo segundo, de la Ley de Propiedad Intelectual

Contenido exclusivo DN+
VER EL CONTENIDO COMPLETO
Ya soy DN+
Continuar

Estimado lector,

Tu navegador tiene y eso afecta al correcto funcionamiento de la página web.

Por favor, para diariodenavarra.es

Si quieres navegar sin publicidad y disfrutar de toda nuestra oferta informativa y contenidos exclusivos, tenemos lo que buscas:

SUSCRÍBETE a DN+

Gracias por tu atención.
El equipo de Diario de Navarra