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Entrevista
ENTREVISTA

Lorenzo Silva: “Hemos visto todo tipo de saqueos, ¿a qué tenemos miedo?”

Quería ir a Afganistán, a la base de los militares españoles, para poner a investigar a sus guardias civiles Bevilacqua y Chamorro.

Lorenzo Silva, posando antes un avión Hércules del Ejército del Aire en la base aérea de Zaragoza.

Lorenzo Silva: “Hemos visto todo tipo de saqueos, ¿a qué tenemos miedo?”

Lorenzo Silva, posando antes un avión Hércules del Ejército del Aire en la base aérea de Zaragoza.

MARTA CALVO
Actualizada 23/09/2016 a las 12:48
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Cada dos años, Lorenzo Silva regala una historia de los guardias civiles Rubén Bevilacqua y Virginia Chamorro. Así que éste tocaba. Y los ha montado en un avión Hércules para llevarlos a investigar a 6.000 kilómetros de España, a Afganistán, a la base española de Herat, donde un militar español destinado allí aparece degollado. Donde los escorpiones es su novena novela de esta serie policiaca, y el escritor madrileño tiene palabras para sus lectores. Porque “en la circunstancia actual, con el mundo editorial totalmente deprimido, el impacto brutal que ha supuesto la cultura digital, nuestra condición de país campeón mundial de la piratería... los buenos lectores son los únicos que te permiten sobrevivir”. De modo que encuentros como el de esta tarde en el Club de Lectura de Diario de Navarra (las entradas están agotadas) es una obligación “moral y placentera”. “Un escritor puede estar ahí y desarrollar su proyecto creativo libremente -y llevo haciéndolo veinte años- porque tiene esos lectores que le leen. Si no, tendrías que dedicarte a otras cosas que no son la literatura”.


¿Por qué se marcha a Afganistán en su última novela? No será porque se le haya agotado España para investigar, que lleva unos años muy productiva...

¡No! Entre novelas y cuentos, llevo 14 historias, de ellas 13 en España. 50 provincias, 11 islas, 3 peñones [ríe]... ¡Me queda todavía mucho sitio! Me conozco bastante bien España. En todos los lugares creo que podría haber una historia.

¿Entonces?

He querido reflejar algo que para mí es significativo porque en cierto modo es un cambio respecto a la España del siglo XX, que era un país ensimismado y plegado sobre sí mismo. Sin embargo, la España del siglo XXI es un país inmerso en la globalización y en la guerra global, una guerra que no se declara, que en parte es secreta, que incluso está parcialmente privatizada. Pero una guerra y tener gente en primera fila en una experiencia de ese tipo me parecía muy significativo. En la novela Bevilacqua tiene una sensación que se la he prestado. Cuando sale en un convoy armado hasta los dientes, con chaleco, con el casco, con todas las instrucciones y protocolo por si atacan, sabiendo que pueden atacar, que no es un riesgo teórico, tiene la misma sensación que tuve yo: ¿quién me iba a decir que iba a poder vivir la experiencia de estar en un sitio donde hay una guerra y donde pueden disparar? Creo que a finales del siglo XX pensábamos que íbamos a vivir en un mundo cada vez más exento de guerras, y no es así. Y una parte de los españoles lo ha conocido de primera mano.

Así que viaje a Afganistán.

A parte de por cambiar de aires e incluso de tono, me parecía que era bueno para la serie, que es una especie de fresco de la España contemporánea, reflejar esa parte de la realidad española.

Ha habido militares españoles en otras guerras, pero se decide por llevar a Vila y a Chamorro a ésta.

En Irak la misión fue muy corta, escasamente un año. Y podría haberles llevado a Líbano, Bosnia, Kosovo... pero desde hace bastante años me interesaba Afganistán porque para mí es el país con el que tenemos un contraste más abrupto. En el fono Líbano está bastante civilizado y no es la sensación que tienes de viaje en el tiempo, de ese viaje interplanetario al aterrizar en Afganistán. Es una realidad tan opuesta a la española que me parecía muy interesante.

¿Por qué no lo ha hecho antes?

Porque he tardado mucho tiempo en ir a Afganistán [estuvo en 2014] y poder conseguir permiso para pasar una semana en la base, y para mí eso era absolutamente imprescindible: no quería escribir de oídas. No he escrito nunca una novela de Bevilacqua de oídas. Siempre he pisado los lugares que pisan Bevilacqua y Chamorro.

¿Usted hizo la mili?

Sí. ¡Tengo edad para haber hecho la mili [ríe]! Además la hice muy joven, voluntario, para que no me mandaran a ningún sitio raro. Voluntario la podías hacer al lado de tu casa. No te rompían el ritmo. Hice la mili en primero de carrera y conseguí no perder ningún año.

La hace voluntario para que no le manden a ningún sitio raro y años después se marcha a Afganistán.

¡Sí, eso me decía mi madre! [ríe]. El ser humano es un poco contradictorio, ya sabes.

Le he preguntado lo de la mili por si necesitó algún tipo de preparación para ir a Afganistán.

Recordaba. Aunque realmente la única ocasión en la que me embarqué en algo que podía tener cierto riesgo es cuando salí en el convoy. Me dieron un par de sesiones, para no estorbar y saber el protocolo de actuación. Fui a Afganistán en el papel de observador, que tiene ventajas e inconvenientes: ves más cosas, pero hay algo que te falta, y el escritor tiene que intentar suplir con la imaginación, con esa responsabilidad que es muy complicada. Porque no es lo mismo salir a pasear en un coche patrulla en Albacete que hacerlo en un blindado por Afganistán, con protocolos mucho más complejos, donde las cosas que pueden pasar son mucho más gordas y donde ves que la gente va muy en tensión.

En la novela no me ha parecido leer críticas a estar en Afganistán. No sé si tiene que ver que Bevilacqua sea guardia civil y no puede quejarse...

En la novela hablan sus personajes y estoy limitado por ellos. En Donde los escorpiones hay algunos personajes muy variopintos pero todos cortados por el mismo patrón: son militares y han ido ahí voluntarios, o más o menos voluntarios, pero en definitiva es gente que ha asumido un cierto compromiso. Y sí que hay personajes bastante críticos, al menos con el cómo se ha estado en sitios muy peligrosos, en los que ha habido bajas, cien en Afganistán. Hay un discurso crítico de si a veces España o los gobiernos españoles han sido congruentes con sus decisiones de enviar a gente a un lugar muy peligroso y muchas veces no hacerlo ni con los medios ni de la manera adecuada. En la novela no lo puedo decir porque los personajes no van a entrar en ese discurso, sería el narrador metiéndose. En mi libro sobre Irak, que es plano, hay un epílogo donde doy mi opinión: lo de Irak fue verdaderamente un desastre, la gente fue a un sitio muy peligroso, con medios muy cortos, y no tuvimos muchos muertos de milagro.

¿Y en Afganistán?

Han pasado las mismas cosas, y en algún momento de la novela se apunta: el territorio al que se ha ido es bastante complicado y se tenía a la gente en puestos avanzados donde les atacaban todas las noches con una táctica militar casi propia de las guerras coloniales. ¿Y qué se conseguía? Absolutamente nada: mantener el puesto y que los talibanes no se metieran más.

¿Por eso se desquita en el epílogo, cuando recuerda en concreto a los dos guardias civiles y a su traductor muertos en 2010 “así como al resto de los ciento dos militares que dieron su vida en la larga, poco conocida y a menudo peor entendida misión de las tropas españolas en tierras afganas”?

Efectivamente, ese soy yo. No sé muy bien cómo resumir toda esta guerra. Tienen tantos focos, tantos lugares, es todo tan confuso que es muy difícil de calificar. Pero digamos que esta guerra en la que estamos inmersos desde el 11 de septiembre de 2001 se ha gestionado y planificado muy mal, y sobre todo en términos estratégicos. Las guerras no se hacen ni para empatarlas ni para mantenerlas. Se hacen para ganarlas, y para ganarlas hay que tener un objetivo claro, y no tengo la sensación de que aquí haya habido un objetivo claro.

En la novela, un hombre que no llega ni a personaje dice una frase: “Quien teme morirse se muere varias veces al día todos los días de su vida. Quien no, se muere cuando le toca y ya está”. Parece que usted quiere decir algo más de lo está ahí. ¿Es algún tipo de mensaje para alguien?

Te puedo contar el secreto que hay detrás de eso: el que decía esa frase era mi abuelo Lorenzo, al que estuvieron a punto de cargarse media docena de veces en la guerra de Marruecos, donde pasó seis largos años. Y él lo contaba: allí había mucha gente muerta de miedo por morirse y muchos de ellos se murieron porque el miedo atenaza. ¿Y qué decir sobre eso ahora? Que vivimos en una sociedad en la que estamos permanentemente... no sé si gobernados, dirigidos, manejados, manipulados o administrados en virtud del miedo. El miedo es una moneda con la que juegan muchos, desde los terroristas propiamente dichos hasta los que no se llaman formal ni material ni legalmente terroristas pero que manejan el miedo como herramienta de control y de dirección de la gente. Pero el miedo a algo no es un motor de decisión.

Pues mire que lo del miedo se utiliza en mítines políticos...

En todas partes. Aunque creo que con mucha gente estamos ya con el miedo como Pedro y el Lobo. ¿Miedo a qué? ¡Si se han desmantelado prácticamente los derechos laborales para todo el mundo menos para la pequeña minoría que los conserva! En fin, hay tantas cosas que están desmanteladas... ¿Miedo a qué, a que alguien haga qué? ¡Pero si hemos visto de todo ya! Todo tipo de saqueos, de vergüenzas... Estamos en cierto modo de vuelta de todo.

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