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Literatura

Mario Escobar publica un libro basado en el genocidio gitano

​Insta en ‘Canción de cuna en Auswitch’ a recuperar la memoria de las víctimas y de héroes como Helene Henemann, que murió junto a su familia

El autor Mario Escobar rescata del silencio el genocidio gitano del nazismo

El escritor Mario Escobar.

Web de Mario Escobar.
16/05/2016 a las 06:00
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  • COLPISA. MADRID
Porraimo es una palabra, en general, poco conocida. Por el contrario, tiene una carga sentimental y trágica poderosa. Tan fuerte como la shoá para el pueblo judío. Ambas representan el horror que un régimen desalmado desató sobre todo aquel que era diferente, todo aquel que no compartía un físico atlético, con una piel clara y unos antecedentes genéticos supuestamente puros. Con esa palabra, porraimo, el pueblo gitano designa la desaparición de entre 220.000 y 500.000 personas a manos de los nazis. Un genocidio cuya reivindicación ha tardado en llegar. "Hasta finales de los 80 no hay una petición de perdón oficial por parte de Alemania a los gitanos. Pero es que hasta 2011 no hay una invitación oficial a las asociaciones para los actos de recuerdo", señala el escritor e historiador Mario Escobar.

Un olvido que comenzó a fraguar nada más acabar la Segunda Guerra Mundial. Mientras el movimiento sionista llamaba a los supervivientes a acudir en masa a Palestina, los gitanos intentaron volver a sus países. Pero se encontraron en muchas ocasiones con el rechazo frontal y el recelo de las autoridades. En Francia, por ejemplo, no se les reconoció como víctimas. "Se llegó a usar el número que tenían grabados en el brazo para controlarlos y encerrarlos. En una prefectura francesa estuvieron ingresados hasta el año 47", indica Escobar. Hasta que alguien dijo basta: eran hijos de la República y tenían todo el derecho a circular de forma libre por el país. Situaciones similares se vivieron en Rumanía, Bulgaria o la República Checa.

Un negro periodo de tiempo que la Asociación para la Memoria del Genocidio Gitano intenta recuperar para que la sociedad no olvide y su pueblo tampoco. Para que no se pierdan ni las tragedias ni las historias de esas personas que se sacrificaron por los demás. Como Helene Henemann, una alemana que no dudó en acompañar a su marido y sus cinco hijos al campo de concentración. El pecado del padre y de los pequeños era ser gitanos. Ella tuvo la oportunidad de quedarse en su casa berlinesa al ser pura bajo los estándares nazis. Pero rehusó. Quiso acompañar a su familia a Auschwitz, donde todos murieron en la cámara de gas. La familia permaneció un año en ese infierno, como novela Escobar en ‘Canción de cuna en Auschwitz’ (HarperCollins). "Cuando hablo con los responsables del archivo del campo, me dicen que hay poca documentación de Helen y de los gitanos. Mucha fue destruida antes de la entrada de los rusos en el campo", explica el autor.

PETICIÓN DE MENGELE

Pero sí había informes de lo que hizo Helen: dirigir una guardería entre la barbarie. Era una petición expresa de Josef Mengele, que había llegado casi al mismo tiempo que la familia Henemann al campo gitano, en marzo de 1943. "Pone su primer laboratorio en lo que llamaban ‘la sauna’. Y cuando ve que hay una enfermera aria en ese campo, piensa que es la persona ideal para llevar la guardería. Mengele quiere tener en buen estado a aquellas personas con las que luego va a experimentar", apunta el historiador. Los nazis querían ofrecer una buena imagen de lo que ahí se hacía. "Helen se imagina, en parte, las intenciones de Mengele. Pero sabe que ese lugar supone sacar durante unas horas al día a esos niños".

Una guardería formada por dos pabellones, uno para los pequeños de hasta tres años y otro hasta los once años. Los dos compartían un patio con columpios. Tenían profesores, pinturas, cuadernos, buena alimentación y hasta "un proyector de cine para ver películas de Walt Disney". Este oasis en medio de la locura nazi terminó en cuanto Mengele comenzó a realizar sus experimentos y el régimen nazi decidió exterminar al pueblo romaní. Porque los jerarcas alemanes tenían dudas. El psicólogo nazi Robert Ritter planteó la teoría de que como los gitanos procedían de la India, podían tener cierta ascendencia aria. Se basaba en que dos etnias, los roman y los sintis, eran rubios y con ojos azules. Pero sus particulares investigaciones hicieron que los nazis se decantaran por la solución final.

Una propuesta que Helene aceptó, aunque los nazis le ofrecieron la salvación. "Es una historia dura, pero llena de esperanza, de cómo una persona en la situación más extrema se puede preocupar por los demás. El ser humano tiene esa capacidad de destruir pero también de dignificar la vida humana. En Auswitch hubo amor y misericordia, a pesar de todo", remacha Escobar.

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