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CIENCIA

"Inteligencia es cambiar de opinión si las pruebas te contradicen"

'El ladrón de cerebros: comer cerezas con los ojos cerrados' recorre la cosmología, la evolución, el envejecimiento, el amor o la nutrición.

El cerebro distingue la realidad virtual del mundo real

Vista en 3D de un cerebro humano.

Cedida
08/05/2016 a las 06:00
  • COLPISA
Pocas personas han visitado más laboratorios y hablado con más investigadores que Pere Estupinyà. El divulgador catalán, que antes fue editor del programa de televisión 'Redes', de Eduard Punset, se ha convertido en el principal cazador de historias curiosas, fascinantes y esclarecedoras con las que explicar cómo funcionan los pequeños detalles del mundo. Ahora vuelve a las librerías con 'El ladrón de cerebros: comer cerezas con los ojos cerrados' (Debate), donde el autor combina las aventuras en los temas más potentes y actuales de la ciencia moderna con la explicación de los cuidados que hacen falta para aprender, de verdad, de los experimentos.

En su segunda peripecia como ladrón de cerebros -se los 'roba' a los científicos que visita-, Estupinyà ha decidido ir más allá de las píldoras de historias fascinantes, como que unos pequeños tumores benignos en el útero pueden convertir a una joven en una 'niña del exorcista' porque ponen al sistema inmune en contra de su cerebro, y entrar también en el resto de ámbitos de la ciencia. Por qué es importante, qué fallos tiene o cómo distinguir entre la investigación seria y la fraudulenta. "El anterior era más inocente, y transmitía sobre todo entusiasmo", asegura. "Esta vez he querido mantener el entusiasmo intacto, pero también añadir más profundidad".

El título del libro da la pista. Comer cerezas con los ojos cerrados -se iba a llamar coger cerezas, pero lo cambiaron para evitar equívocos en Latinoamérica- se refiere a ese esfuerzo por la objetividad que debe tener el científico. El que en vez de buscar pruebas que refuercen lo que piensa de antemano, basa sus conclusiones en lo que le dicen las pruebas. "Con la cantidad de cosas que se publican ahora, con todos los datos que hay, si solo coges algunos puedes justificar cualquier postura. Elige solo una parte de los datos y puedes negar el cambio climático", explica. "Es lo que hace un abogado, que busca los argumentos que le convienen a la defensa de su cliente. Pero el científico no puede partir de ideas preconcebidas. Tiene que coger las cerezas con los ojos cerrados para no comprometer su objetividad", afirma.

En realidad, reconoce Estupinyà, su primer impulso fue escribir un libro sobre pensamiento científico y crítico. "Aunque hay tantas historias interesantes que, al final, es más bonito hacerlo así", aclara. Así el libro hace un recorrido por la cosmología, la evolución, el cerebro humano, la moral artificial -¿debe un coche de conducción autónoma dar un volantazo y matar a su conductor para evitar atropellar a dos personas?-, la química, el amor, el envejecimiento o la nutrición. Los farsantes El detonante de su ímpetu escéptico en el libro fue un viaje a Colombia para presentar su anterior libro -sobre la ciencia del sexo-, en el que compartió programa con un tarotista que al acabar el programa le reconoció que ni él mismo creía en el poder de las cartas. Era, simplemente, un hombre de negocios con pocos escrúpulos. "Estos farsantes son un problema gravísimo", afirma. "Puede hacer mucho más daño un único ignorante diciendo en la tele que el sida no existe que el bien que pueden hacer cien científicos que dedican su vida a investigar esta enfermedad".

Estupinyà considera que evitar que la gente caiga en las trampas de estos fraudes pseudocientíficos es parte de su tarea como divulgador. Por eso, dedica un capítulo a lo que ha bautizado de inteligencia como actitud. "Hace unos años me puse a discutir con un tipo de mi pueblo, que a comienzos de septiembre me decía que la liga que empezaba era la típica que iba a ganar el Zaragoza, pese a que eran los años donde había más diferencia entre el Madrid, el Barça y los demás", cuenta. "Y el tipo era muy inteligente pero estaba obsesionado con su idea, para la que no tenía ninguna prueba. La había soltado y no era capaz de rectificar, sino que buscaba más argumentos con los que defenderse. Estaba, en definitiva, pensando mal". Lo mejor de la ciencia, argumenta, es precisamente la predisposición a cambiar de ideas. "La inteligencia es cambiar de opinión si las pruebas te contradicen", sentencia.

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