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Literatura

​Montserrat Llor recoge las vidas de 15 supervivientes de la Guerra Civil

Con 'Atrapados' pretende "recomponer la vivencia de nuestros abuelos, las víctimas del franquismo, de Hitler y Stalin"

​Montserrat Llor recoge las vidas de 15 supervivientes de la Guerra Civil

Portada de 'Atrapados'.

01/05/2016 a las 06:00
  • efe. barcelona
La periodista Montserrat Llor, que ha publicado 'Atrapados' (Crítica), en el que recoge el testimonio de una quincena de supervivientes de la Guerra Civil española, ha dicho que con este trabajo pretende "recomponer la vivencia de nuestros abuelos, las víctimas del franquismo, de Hitler y Stalin".

En una entrevista con Efe, Llor ha explicado que todo comenzó con su madre, que le contaba "situaciones tremendas, sobre todo, los saqueos a su tienda, una charcutería, y también se le habían quedado grabados, los bombardeos y las correrías a los refugios".

Las casualidades han querido que uno de los constructores del refugio de Castillejos, donde se escondían de las bombas su madre y su abuela, fuera Luis Martín Bielsa, secretario de la Asociación Catalana de Expresos Políticos, que compraba en la charcutería.

Llor ha identificado también por azar a una señora María que residía en la cuarta planta donde la autora vivía con su madre: "Esta mujer fue torturada por comunista y al salir de la cárcel fue a vivir a mi edificio. Es María Salvo".

El interés de la autora, que graba cámara en mano las entrevistas con estos nonagenarios y centenarios, es "recomponer lo que vivieron mis abuelos, que nunca me habían contado los libros y a través de estos entrevistados saber no sólo de la represión, sino sobre sus víctimas, unos seres humanos atrapados entre la Guerra Civil española y la Segunda Guerra Mundial".

Cree Llort que esta generación vivió "un desastre y un drama inimaginable, que no se ha transmitido en las escuelas ni a través de los libros de texto, a pesar del buen trabajo de los historiadores, pero siempre ha quedado en el aire el padecimiento de los vencidos en la guerra".

La autora estructura estos relatos vivenciales en tres apartados, comenzando con "Por Tierra", sobre los padecimientos en la Guerra Civil, a través del testimonio de Ángeles Flórez Peón 'Maricuela', que pasó de la matanza de Carbayín al exilio francés durante 57 años; la poetisa Ángeles García Madrid -fallecida este año-, compañera de prisión de las 'Trece Rosas'; o la propia María Salvo, que desde el campo de Moisdon-la-Rivière acabó en las cárceles franquistas.

En una segunda sección titulada "Por Aire", Llor se ocupa de los últimos aviadores vivos de la Segunda República, como Miguel de Miguel Montañés, fotógrafo que desde el aire descubría posiciones enemigas; el ya fallecido Antonio Vilella, mecánico de aviones; Gregorio Gutiérrez 'Guti', que tenía 99 años cuando lo entrevistó y fue piloto de los bombarderos Katiuska; y Vicente Montejano.

El caso de Montejano ha impactado especialmente en Llor, confiesa, pues al final de la Guerra Civil española se quedó como otros pilotos españoles en Rusia, pero "al no querer alistarse en el Ejército Rojo fue trasladado a los gulags, y además resultó mutilado en una mano.

"El hijo de Montejano había empezado en 2005 a reconstruir la historia de su padre en base a unas cartas firmadas por la joven judía austríaca Hansi, también deportada al gulag de Kok-Usek, donde mantuvo un idilio con el piloto español; y las pesquisas del hijo dieron como resultado una información desde Canadá del que había sido esposo de Hansi".

Ella había enviado una carta a los tíos de Vicente Montejano en España en 1947 en la que explicaba las penurias por las que había pasado su amado Vicente, que había resultado mutilado y hablaba de la situación de los españoles en el gulag.

Los testimonios recopilados por la periodista concluyen en el capítulo "Por mar", con los llamados niños de la guerra, que zarparon en barco rumbo a la Unión Soviética.

Son los casos de Teresa Alonso, de 93 años, que "vio Guernica en llamas y luego devastada"; o Manuel Arce, que "de niño mutilado en las dos piernas en la URSS pasó a ser un eminente neurorradiólogo".

"Todos estos niños de la guerra coinciden en que la llegada a la Unión Soviética es fantástica, Stalin los acoge porque los considera los niños adoptados españoles, pero su suerte pasa por diversas vicisitudes y experiencias a partir de 1941, con la entrada de la URSS en la Segunda Guerra Mundial".

Es el caso, comenta Llor, de Teresa Alonso, que tras el ataque de los alemanes queda "atrapada en el sitio de Leningrado, cava trincheras, se apunta a las brigadas del Konsomol, ayuda en los hospitales, va en brigada por las casas para abastecer y retirar a los muertos, contempla situaciones de canibalismo, y se ve obligada a huir por un lago helado y por las montañas del Cáucaso, hasta que es adoptada por unos padres armenios".

Llor, que continúa recogiendo testimonios de estos nonagenarios y centenarios, concluye que todos tienen en común "una lucha por la vida y contra el tiempo porque necesitan contarlo y saben que no les queda mucho, unos ideales políticos de juventud, marcada por haber tenido que coger un fusil con 16 años o trabajando en la clandestinidad".

Piensa Llor que "la actitud de los gobiernos españoles no ha ayudado a superar el trauma colectivo de los vencidos y este capítulo no estará cerrado mientras haya 120.000 desaparecidos y 2.000 fosas comunes por exhumar".

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