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Inmaculada Jiménez, DIRECTORA DEL INSTITUTO CERVANTES DE ORÁN

“Estoy conociendo de primera mano el mundo musulmán y me encanta"

Profesora de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Navarra desde hace 26 años, el pasado septiembre se puso al frente del Instituto Cervantes de Orán, la segunda ciudad más importante de Argelia

Inmaculada Jiménez, el pasado jueves en una cafetería de Pamplona.

Inmaculada Jiménez, el pasado jueves en una cafetería de Pamplona.

Actualizada 05/01/2018 a las 10:33
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Profesora asociada de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Navarra y autora de numerosos estudios sobre arquitectura e historia del arte, Inmaculada Jiménez Caballero (Cascante, 1955) es una mujer apasionada e inquieta, acostumbrada a cambiar de aires. En abril estuvo invitada en la Universidad de Raciborz (Polonia), en un programa de intercambio de profesores; en mayo estaba dando clases en Guatemala; en junio acompañó a Berlín a un grupo de alumnos que participaban en el programa Visions of Architecture y en agosto estuvo invitada por la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Melbourne. Así de intenso es su calendario. El pasado julio, días antes de marcharse a Australia, su nombre entró en la lista de los 9 directores nombrados para dirigir distintas sedes del Instituto Cervantes, la mayor institución mundial dedicada a la enseñanza del español. En su caso, con destino a Orán (Argelia), en un país “tan cercano y a la vez tan extraño”. Tres meses después de incorporarse a su puesto, se muestra encantada con la experiencia. Curiosamente, su primer mes como directora lo ejerció a través de Internet, ya que el visado no se lo concedieron hasta finales de septiembre. Por tanto, aterrizó en Orán el día 29. “Vivir el Magreb es ser testigo de la cultura que tanto inquieta al norte del Mediterráneo”, señala.

¿Cómo surgió esta oportunidad que le ha llevado al norte de África?
Me enteré de que se iba a convocar un concurso para cubrir nueve plazas de directores para sedes del Instituto Cervantes. Buscaban perfiles parecidos al mío, con una vertiente académica y otra de gestión cultural. Por otro lado, como los puestos de la administración se tienden a cubrir con el criterio de la paridad, también buscaban mujeres. A mí el Instituto Cervantes siempre me había parecido un lugar muy atractivo para trabajar. Yo solicité puestos de habla francesa, pensando en los centros de Francia. Cuando me preseleccionaron, la única plaza disponible era la de Orán.


¿Aquello le descolocó?
Sí, porque no me lo esperaba. Debo confesar que me producía un poco de rechazo la impresión general que yo tenía del mundo árabe. Me provocó inquietud el pensar si sería capaz de adaptarme a esa sociedad. Lo pensé un poco, lo consulté con mi familia y al final concluí que era una suerte tener un desafío de esta envergadura, en una etapa en que ya estás encarando la fase final de tu vida profesional. Siempre he tenido una faceta un tanto aventurera y decidí que debía ser capaz de aprovechar esta oportunidad.
¿Conocía algo del mundo árabe?


No había pisado el Magreb en mi vida. Solo había estado en Estambul y en Egipto.


¿Cuáles son sus tareas al frente del Instituto Cervantes?
Hay cuatro vertientes: la académica, puesto que el Cervantes se rige como un centro de estudios; la cultural; la administrativa, es decir, la gestión de la plantilla del centro, integrada por 25 personas; y la diplomática, la representación exterior de España. Hasta hace unos años, el Instituto Cervantes estaba muy centrado en la lengua y la literatura, pero ahora se está apostando por acciones culturales que se sumen a la propia dinámica del país. Cuando yo fui a presentarme como directora, expliqué que me interesaba mucho que toda la acción cultural tuviera una vertiente educativa. Creo que la cultura arraiga mucho más fácilmente si se siembra en las generaciones jóvenes.


Las bibliotecas de los Institutos Cervantes son un gran referente para conocer la cultura española. ¿Acuden muchas personas?


Es uno de los pocos espacios de libertad para los chicos y chicas, que allí se mezclan sin ningún tipo de control. Pueden hablar de sus temas y también pueden acceder a Internet para leer lo que quieran. En nuestro centro tenemos a 1.300 alumnos y la demanda de español está creciendo en Argelia. Poco a poco, el francés va retrocediendo.


¿A qué se debe ese mayor interés por el español?
En todo el mundo hay un interés creciente. En el caso de Orán, se debe al vínculo natural que existe con España, sobre todo con Alicante. Por ejemplo, a mí me contaron que la paella se inventó en Orán, y de hecho la sirven en todos los sitios. Por otro lado, los universitarios quieren aprender español para poder hacer el programa Erasmus en nuestro país. Y a nivel de investigación, hay muchas universidades que tienen relación con las españolas en áreas estratégicas como la ingeniería o las obras públicas. El tercer factor es la cantidad de empresas españolas que están trabajando en Argelia, especialmente en infraestructuras y tratamiento de aguas. Por ejemplo, Aguas de Barcelona ha hecho toda la red sanitaria de Orán. Por otro lado, España tiene una dependencia del gas de Argelia.


Cuando llegó a Orán, ¿qué impresión le produjo la ciudad?


Me recordó a La Habana: una ciudad monumental pero destartalada. Lo que más me impactó fue la suciedad. Las bolsas azules de basura y los cubos de agua sucia se tiran por la calle, te encuentras un gato muerto en mitad de la calle... Por otro lado, hay millones de palomas que también ensucian muchísimo. Pero esa suciedad está dando lugar a un proyecto artístico, promovido por el Instituto Cervantes, que ha tenido muchísima acogida por parte de las autoridades locales. Estamos implicando a los colegios para realizar una intervención artística en la ciudad con los residuos, especialmente con esa bolsa azul de basura que tanto impacta. Recogerán esos residuos y harán una instalación dirigida por un artista. También reproduciremos el concurso Dibuja Pamplona con la iniciativa Dibujo mi ciudad. Orán es una ciudad con un patrimonio riquísimo y se trata de desarrollar en los niños la sensibilidad hacia el cuidado y la conservación del patrimonio.


¿Cómo ha sido su día a día?

Parte de mi tiempo lo tengo que invertir en trabajo de oficina, pero también me he dedicado a visitar a todas las personas que podían ser sujeto de colaboración con nosotros: desde el alcalde y el obispo de la ciudad hasta las universidades y asociaciones culturales. Es una ciudad muy activa en todos los ámbitos, así que tiene muchísimas posibilidades. También me dedico a contactar con gente de España a la que me interesa involucrar en algún proyecto. Por otro lado, yo me encargo de buscar el presupuesto para la actividad cultural. Para lograrlo hay que seducir a las empresas.


¿Cómo ha visto el grado de islamización del país?

En la calle ves de todo, mujeres tapadas y sin tapar, pero por lo que me han contado, parece que el islamismo está ganando terreno. Aún no conozco muy a fondo la situación porque llevo poco tiempo. Al principio me decían que no me moviera sola por la calle, pero Orán es una ciudad segura. Argelia es un país cuyo equilibrio se basa mucho en el control de la seguridad por parte del Ejército y la policía. Por ejemplo, no te dejan viajar al desierto.


¿Es cierto que al anochecer no se ven mujeres solas por la calle?
Sí, resulta muy chocante. A partir de la puesta de sol, solo ves a mujeres extranjeras. Pero es muy fácil relacionarse con la gente, porque tanto los hombres como las mujeres son muy abiertos, simpáticos y acogedores. Por supuesto, en un país musulmán no se puede beber alcohol, pero hay unos locales donde sí se puede. Dentro solo hay hombres, prostitutas o mujeres extranjeras. Dos o tres veces por semana, la bibliotecaria del Cervantes y yo nos metemos en un tugurio de estos a tomar cerveza y comer cacahuetes que compramos por la calle, y siempre nos tratan de maravilla.


¿Qué le está aportando esta experiencia a nivel personal?


El balance es muy positivo. Estoy conociendo de primera mano el mundo musulmán y me encanta. Me ha cambiado el concepto que yo tenía. Ellos son gente muy pacífica, muy abierta, sociable y servicial. Cuando te saludan, hacen un gesto que me encanta: se tocan el corazón. Y son muy coherentes con sus principios religiosos. Una de las primeras cosas que he percibido es que las principales víctimas del islamismo radical son los musulmanes. Si ponen una bomba en Egipto, los que mueren no son cristianos, son musulmanes.

Una fortaleza construida por el Conde Oliveto, entre los vestigios españoles de Orán

 

 

“Los musulmanes son gente muy pacífica, abierta y sociable”

 

Nombrado Conde de Oliveto por Fernando el Católico, en 1509 acompañó al cardenal Cisneros en la toma de Orán

Fundada en el siglo X por comerciantes musulmanes llegados desde Al Ándalus, Orán estuvo bajo dominio español durante tres siglos (de 1509 a 1708). Luego cayó en manos turcas y en 1830 pasó a ser colonia francesa, hasta que se independizó 132 años después.


Uno de los mejores miradores de Orán y su bahía es la fortaleza de Santa Cruz, que se divisa desde casi todos los puntos de la ciudad. En este lugar estuvo preso Miguel de Cervantes, quien evocó la presencia española en Orán en su “comedia de cautivos” El gallardo español. “Nada más llegar, me impactó conocer el dato de que fue el militar Pedro Navarro, nombrado Conde de Oliveto por Fernando el Católico. quien le dio el rango de fortaleza a Santa Cruz”, cuenta Inmaculada Jiménez. “Gran innovador en la arquitectura militar, aportó diseños que conformaron lo esencial de la arquitectura de las fortificaciones”, explica.


Pedro Navarro desempeñó un papel importante en la conquista de Orán (1509), ya que fue lugarteniente del cardenal Cisneros en las luchas por el control y dominio del norte de África. En su juventud fue marino, después hizo la carrera militar y destacó como ingeniero. En tiempos de los Reyes Católicos formó parte de los ejércitos del Gran Capitán y participó en todas las campañas de Italia. En 1508, y al frente de una poderosa escuadra, se apoderó del Peñón de Vélez de Gomera, base importante de operaciones de piratas contra navíos mercantes españoles.

La impronta española


La presencia española a lo largo de su historia ha hecho que Orán sea un caso “especial” dentro de un país musulmán como Argelia. “Es una ciudad española en un 75%”, asegura Jiménez. “La relación con España es muy fuerte. Tienen más afinidad con los españoles que con los franceses, también por su forma de vida”, cuenta. “En cuanto te conocen, la gente te habla de su relación con España. Por ejemplo, muchos veranean en el Levante”. Actualmente Orán está hermanada con Alicante debido a la fuerte oleada de exiliados españoles que recibió durante la Guerra Civil. En 1939, a punto de terminar la contienda, más de 2.000 personas se embarcaron al exilio en el Stanbrook, que zarpó del puerto de Alicante rumbo a Orán. Hoy en día, un ferry conecta ambas ciudades, separadas por una travesía de 12 horas.


Por otro lado, los siglos de dominación española han dejado su impronta en las palabras que emplean los lugareños. “La población árabe utiliza palabras de origen español, como bursa (bolsa) o la calentita (comida con garbanzos)”, detalla Jiménez.

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