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Cifuentes, la renovación del PP bajo sospecha

Los populares temen el desgaste que puede acarrear al partido el cuestionamiento de quien ha abanderado la lucha contra la corrupción.

Cifuentes con una camiseta de 'Juego de Tronos'.

Emilio Naranjo (Efe)
21/05/2017 a las 06:00
  • Colpisa. Madrid

En un partido que había experimentado la asfixia de la corrupción, Cristina Cifuentes tuvo la habilidad de erigirse en representante de un PP renovado, capaz de soltar lastre y limpiar su maltrecha imagen.

Hasta esta semana la presidenta de la Comunidad de Madrid servía a los populares como argumento de autoridad para reivindicar una actitud de tolerancia cero y enterrar los escándalos en la "historia mala" de la organización. Por eso, que la Guardia Civil haya situado bajo sospecha a la dirigente madrileña ha vuelto a despertar la inquietud en las filas conservadoras.

"Cristina no es Pedro Antonio Sánchez", apunta un cargo popular. La dimisión del expresidente de la Región de Murcia, investigado por el caso Auditorio, supuso el pasado 4 de abril para el PP un nuevo golpe contra la siglas de la formación.

Nada comparado, sin embargo, con lo que puede implicar la caída de Cifuentes. Ella, recuerdan, fue capaz de poner en conocimiento de la Fiscalía las irregularidades detectadas en el Canal de Isabel II, aunque la operación concluyera con su predecesor, Ignacio González, en la prisión de Soto del Real.
Un gesto que sirvió al partido de Mariano Rajoy como muestra de su compromiso en la lucha contra la corrupción.

Pero no sólo eso. Cifuentes, gobierna, y no sin dificultades, uno de los feudos tradicionales del PP, donde los populares aspiran a reconquistar el centroderecha con un nuevo discurso libre de desconfianza. Por eso temen que, aunque el juez Eloy Velasco trasladara a través de fuentes jurídicas su intención de no proceder contra la presidenta madrileña, el daño en términos políticos sea difícilmente reparable.

Los informes de la Unidad Central Operativa sostenían que Cifuentes podría haber incurrido en delitos de prevaricación y cohecho por la adjudicación de los servicios de cafetería y cocina al grupo Cantoblanco en la Asamblea de Madrid. Su responsable, Arturo Fernández, habría donado al PP 160.000 euros a través de la fundación Fundescam.

En el entorno de la presidenta se ha activado toda la maquinaria para demostrar que la Guardia Civil no está en lo cierto, aunque el equilibrio entre rebatir a las fuerzas de seguridad y respetar su trabajo sea complicado. Más allá del pronunciamiento del juez, su equipo acumula argumentos jurídicos que confirmen que todas las actuaciones se ajustaron a derecho y preparan la comparecencia en junio de la dirigente madrileña en la Asamblea regional.

Es cierto que los populares no se atreven a descartar que puedan surgir nuevas informaciones comprometidas, pero lo que realmente importa en este momento al PP es el desgaste que puede acarrear el cuestionamiento de otro de sus barones autonómicos. Quizá uno de los más significativos.

El filón de Ciudadanos

Si Ciudadanos pudo cobrarse la cabeza de Sánchez en Murcia, los populares no quieren que ahora tome oxígeno en Madrid a costa del descrédito de Cifuentes. La sombra de corrupción, alertan, real o no, sólo alienta el crecimiento de los liberales, que han encontrado en los escándalos de su adversario un filón para distinguirse ante el electorado del centroderecha. En el PP creen que el partido de Rivera no necesita ni tan siquiera romper el pacto que sostiene a la presidenta en Madrid.

Le bastaría con enturbiar la imagen del partido en la comunidad. Mientras, en el resto de autonomías, el PP confía en poder detener la onda expansiva. Fuentes territoriales advierten de que en las últimas semanas los populares vuelven a aparecer acosados por los casos de corrupción, que han servido a la oposición para centrar los debates en sede parlamentaria. En el Congreso, los grupos han reprobado al ministro de Justicia, al fiscal general del Estado y al de Anticorrupción, y han convertido en plenos monográficos las sesiones de control al Gobierno. También este martes Mariano Rajoy deberá responder en el Senado.

Las dificultades para sacar adelante iniciativas legislativas sumadas a la ofensiva parlamentaria del PSOE y el resto de formaciones, incomodan al PP, que, por si no fuera poco, ha tenido que afrontar esta semana la tesis del fuego amigo contra Cifuentes. En el partido intentan poner fin a las especulaciones acerca de que el enemigo de la presidenta está en sus propias filas.

El resquemor en el ala de Esperanza Aguirre, el recelo que despierta la ambición política de la dirigente madrileña y su afán por diferenciarse del discurso tradicional de los populares, forman un caldo cultivo peligroso. Pero en la dirección nacional y en el Gobierno no quieren ni oír hablar de teorías conspirativas y apuestan por esperar a que escampe.


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