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Debate de investidura

Con la vista puesta en el día después

El debate de investidura tiene la certidumbre de un partido jugado, pero mantiene la incógnita del desenlace final

El presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy.

Con la vista puesta en el día después

El presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy.

REUTERS
30/08/2016 a las 06:00
  • COLPISA. MADRID
El debate de investidura que comienza este martes va a tener la incertidumbre de un partido después del pitido final del árbitro. Ninguna. Ya se sabe, salvo monumental sorpresa, que Mariano Rajoy va a perder la votación del miércoles y del viernes en el Congreso, y continuará de presidente en funciones. La incertidumbre regresará la próxima semana porque el dos de septiembre no termina el encuentro; lo hará el 31 de octubre, cuando se cumplan dos meses desde la primera votación. Ese día el Rey tendría que convocar las terceras elecciones en un año si Rajoy no consigue la confianza parlamentaria. Pero en esas ocho semanas puede ocurrir de todo.

Rajoy y Pedro Sánchez coinciden en que cuando el marcador de la Cámara muestre el viernes los 170 votos favor de la investidura y los 180 en contra no habrá acabado nada. Ese día se abrirá una nueva etapa, y en ella las fuerzas políticas se jugarán sus bazas definitivas. Las elecciones vascas y gallegas del 25 de septiembre introducirán nuevos elementos políticos en el escenario, mientras que el factor emocional lo pondrá las presiones internas y externas por tierra, mar y aire sobre los socialistas para que no haya nuevas elecciones en diciembre. Algo en lo que todos, incluido Sánchez, coinciden en que sería un fracaso colectivo.

Con la votación del viernes, por tanto, no habrá concluido nada, a diferencia de lo que ocurrió con el secretario general del PSOE. Sánchez tenía una bala, y erró el tiro en la primera semana de marzo. Sus posteriores intentos de construir una alternativa no pasaron de ser declaraciones de intenciones porque ni el PP ni Podemos mostraron el menor interés en sacar a Sánchez del hoyo que se había cavado. Rajoy tiene el cargador mejor surtido y disfrutará una segunda oportunidad, al menos eso piensa.

Primero, tendrá que revalidar el acuerdo con Albert Rivera, y después deberá arrancar la abstención que ahora no ha podido extraer a los socialistas. La lectura que se hace en la Moncloa de la frase de Sánchez de que "el PSOE estará en la solución" es que participará de alguna manera en el desbloqueo político que se arrastra desde hace ocho meses, pero más adelante.

La etapa del día después tiene asimismo una variante a la que nadie da excesiva credibilidad, pero que está ahí, y es la posibilidad de que el líder socialista trate de articular una alianza con Podemos y otras fuerzas. Una idea que solo bulle con fuerza en la cabeza de Pablo Iglesias y sus compañeros, pero que en el PSOE apenas encuentra defensores. Sánchez calla por ahora sobre ese escenario aunque los suyos dicen que no está en eso.

LA PRIMERA DERROTA

El debate de mañana, de todos modos, va a tener una serie de singularidades que lo van a hacer atractivo aunque se sepa resultado. Entre otras cosas, va a suponer la primera derrota parlamentaria de Rajoy desde 2011. En las elecciones de ese año se alzó con una mayoría absoluta sobre la que ha cabalgado para ganar todas las votaciones en el Congreso, excepción hecha de la minilegislatura pasada, en la que la confluencia de PSOE, Podemos y nacionalistas, y en ocasiones Ciudadanos, propinó algunos reveses al PP. Aunque fueron derrotas anecdóticas porque se aprobaron iniciativas destinadas al cesto de los papeles dado que todo decayó con la convocatoria de las elecciones del 26 de junio.

La derrota de la investidura, por más que el PP trate de endosar la responsabilidad al PSOE, va a hacer daño político a Rajoy por lo excepcional de la situación. Será además un preludio de lo que puede pasar en la legislatura si es que consigue la confianza del Congreso en el segundo intento que se ha comprometido a llevar a cabo. Gobernar en minoría es una asignatura que Rajoy y el PP tienen olvidadas desde la experiencia de José María Aznar hace dos décadas.

El debate, además, va a permitir observar la primera fotografía de la Cámara con coherencia ideológica dado que las fuerzas de la derecha y la izquierda van a tener su campo delimitado, las primeras votarán sí en bloque, y las segundas, harán lo mismo con el no y contarán con el auxilio nacionalista. En la intentona fallida del líder socialista los grupos estaban revueltos, y así como el PSOE y Ciudadanos eran compañeros de fatigas, el PP compartía sin remilgos la misma mesa que Podemos, Esquerra Republicana o Bildu.

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