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POLÍTICA

¿Qué teme Mariano Rajoy?

El presidente, que se ha resistido durante 242 días a acudir a la investidura, someterá ahora su proyecto a las Cortes y asume la posibilidad de salir derrotado.

El presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy.

El sí con condiciones de Rajoy divide a los constitucionalistas

El presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy.

REUTERS
21/08/2016 a las 06:00
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  • COLPISA. MADRID
El discurso que el próximo 30 de agosto pronunciará Mariano Rajoy desde la tribuna del Congreso de los Diputados lleva cocinándose ocho meses. El mismo tiempo que el presidente del Gobierno en funciones se ha resistido a defender su investidura ante la imposibilidad de garantizar el éxito de su empresa. Nunca antes un candidato había rechazo el encargo del Rey para intentar su reelección. Y mucho menos existen precedentes de líderes políticos que llegaran a plantearse la posibilidad de aceptar ante el Monarca y renunciar más tarde para evitar el portazo del Congreso. Es una nueva era plagada de inéditas maniobras y requiebros. Y aun así ya no hay marcha atrás. Rajoy, al fin, asume el riesgo de enfrentarse a una investidura fallida.

El viaje del presidente ha durado 242 días desde que en la noche electoral del 20 de diciembre, asomado al balcón de una desencantada calle Génova, garantizara su intención de "intentar formar Gobierno" pese a los 63 escaños perdidos por el camino. Dispuesto, según su discurso, a pelear por su permanencia en la Moncloa, nadie en el partido podía vislumbrar que un mes más tarde, su líder llegaría a la Zarzuela para agradecer la deferencia de Felipe VI, pero rechazar plantarse en el hemiciclo y esperar a ser vapuleado.

El impacto de su decisión le obligó a iniciar una gira por España para hacer entender a los suyos sus razones y poner en marcha una temprana campaña preelectoral por lo que pudiera suceder. "No sólo no tengo los apoyos, sino que tengo una mayoría en contra", le explicó a quien quiso escucharle. Y su movimiento desencadenó una investidura frustrada de Pedro Sánchez.

En el PP no fueron pocos los dirigentes que tacharon de errónea la estrategia. ¿Por qué el presidente había rehusado negociar una alianza con Ciudadanos y acudir al Congreso con al menos 163 escaños? Eran 33 más de los que acabarían por amarrar el PSOE a finales de febrero. Fuentes populares censuraron la "inacción" de su jefe de filas a quien no veían por la labor de dejarse la piel por "el puesto". Fue entonces cuando intuyeron que el temor de Rajoy sería siempre sufrir el desgaste del Parlamento diciendo 'no' a su candidatura. Sin garantía de éxito, creyeron, no habría formar de llevarle a un debate de investidura. Las elecciones del 26 de junio despejaron, sin embargo, el panorama y los catorce escaños arañados en las urnas contribuyeron a desbrozar el camino de un PP que vivió la noche de los comicios como la más dulce de las victorias y sintió por primera vez desde el 20-D que formar gobierno era posible si se daba el do de pecho y, de paso, se revisaban algunos de los proyectos más importantes de su anterior legislatura para ganar apoyos en el Congreso.

Pero el 28 de julio, tras ser recibido por el Rey, Rajoy volvió a adentrarse en la ambigüedad dejando perplejos a propios y extraños. Acababa de acceder a intentar encontrar respaldos para su candidatura. "Yo le he explicado (a Felipe VI) que no cuento con los apoyos, pero que acepto el encargo y los buscaré", explicó el presidente del PP. Ahora bien, evitó anticipar lo que ocurriría en caso de no lograr un pacto numéricamente suficiente. "No conviene adelantar acontecimientos", concluyó dejando en el aire la opción de no someterse a la investidura en una nueva vuelta de tuerca a las interpretaciones sobre el mandato constitucional. El PP pareció a punto de revolverse. Pero las filas se cerraron y los dirigentes populares hicieron un hatillo con su nervios y la confusión generada y partieron rumbo a televisiones y radios para defender al líder como miembros de un partido disciplinado. Todos llevaban consigo una consigna: las investiduras no están pensadas para perderlas.

SIN MARGEN

La dilación de los tiempos es una de las herramientas a las que más ha recurrido el paciente y templado Mariano Rajoy. Esta vez, en sus conjeturas, cabía la posibilidad de que con el avance del reloj el PSOE empezara a transitar del "no es no" a la abstención técnica que necesita el PP para gobernar. El pasado jueves, el presidente activó un último recurso. Presionado por Ciudadanos para poner fecha a la investidura y arrancar las negociaciones, amagó con no convocar el debate parlamentario hasta hablarlo con Sánchez. Aunque el jefe del Ejecutivo no informó de ello en público, los socialistas ya se habían negado en privado a dialogar con él sobre el calendario. 24 horas después, sin margen, Rajoy transigía y la presidenta del Congreso, Ana Pastor, comunicaba la decisión de fijar el pleno el 30 de agosto.

Ha sido la última táctica para forzar al PSOE. De fracasar los intentos de formar gobierno, las urnas tendrían que abrirse el 25 de diciembre, es decir, el día de Navidad, y el PP sitúa ya la responsabilidad en el tejado de la segunda fuerza política. Aun así, todo apunta a que Rajoy no podrá salir exitoso de la primera sesión de investidura, precisamente lo que quería evitar.

¿Por qué ese temor? Es cierto que, de ver frustrado su plan, se abrirá un período de dos meses en los que tendría la posibilidad de intentar ser reelegido. Pero, como la política es imprevisible, cabe contemplar cualquier escenario. En primer lugar, la derrota del presidente podría producirse exactamente 23 días antes de las elecciones en Galicia y el País Vasco. Y la convocatoria electoral sólo amenaza con bloquear las posiciones férreas que mantiene por ahora las fuerzas políticas, sobre todo, el PSOE y el PNV. Algo poco conveniente para la marca PP cuando los populares conceden una relevancia especial a los comicios gallegos, donde Alberto Núñez Feijóo se juega el Gobierno de la Xunta. Pero además, todo puede ocurrir el día después de la votación en el Congreso. El primer secretario de los socialistas catalanes, Miquel Iceta, ha dejado caer en la última semana que la alternativa a Rajoy es "otro candidato" del PP, de otras formaciones o un independiente. En ese caso, el fracaso en las Cortes podría debilitar las posiciones del líder de los populares y despertar el debate sobre su liderazgo, siempre cuestionado, y la conveniencia de que deje paso a savia nueva en el partido que pueda atraer a los grupos parlamentarios que hoy dan la espalda al presidente.

Por otro lado, de tener que volver a convocar los comicios generales, Rajoy se presentaría con el desgaste de no haber sido capaz de sacar adelante su proyecto. "En la pasada legislatura evitó quemarse", argumenta un dirigente popular que recuerda la marejada interna que se vivió en el PP en el 'impasse' entre el 20-D y el 26-J. Y todo es susceptible de empeorar. El cuestionamiento del actual líder del partido podría crecer en intensidad una vez arranque el juicio del 'caso Gürtel' el próximo 4 de octubre. En el banquillo se sentará el extesorero de la formación, Luis Bárcenas, el mismo a que el presidente infundió ánimos a través del famoso mensaje "Luis, sé fuerte". Pero, además, se abordará si el PP y la exministra Ana Mato se beneficiaron de la trama.

Mientras tanto, Podemos coquetea con aproximarse a Sánchez y construir un gobierno alternativo de izquierdas. Fuentes socialistas ven esta opción "muy complicada" y poco probable. Pero nada está escrito. Tampoco que con el tiempo puedan reblandecerse los muros de la segunda fuerza política y que el PSOE termine facilitando que Rajoy forme gobierno y vuelva a ser para los suyos el estratega que, a ratos, intuyen en el presidente.

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