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POLÍTICA

El PP se mira en el espejo de Cifuentes para arrancar la negociación con Rivera

La presidenta madrileña reivindica su pacto con Ciudadanos pese a que el contexto nacional presenta diferencias sustanciales
La figura de Rajoy y la abstención imprescindible del PSOE rompen el paralelismo con Madrid

El PP se mira en el espejo de Cifuentes para arrancar la negociación con Rivera

El PP se mira en el espejo de Cifuentes para arrancar la negociación con Rivera

Mariano Rajoy y Albert Rivera, tras una reunión en el Congreso.

EFE
16/08/2016 a las 06:00
  • COLPISA. MADRID
El Comité Ejecutivo del PP, que analizará las condiciones de Ciudadanos para empezar a negociar la investidura, no camina a ciegas. Cuando sus integrantes se reúnan el miércoles en la calle Génova y aplaudan que Mariano Rajoy proceda como estime oportuno, tendrán un espejo en el que mirarse, el de la presidenta de la Comunidad de Madrid, defensora de un pacto, cuanto más estable mejor, con el partido liberal al estilo del que ella mismo firmó hace poco más de un año en la región. "Se está demostrando que se puede gobernar en minoría", reivindicaba hoy mismo Cristina Cifuentes, pese a que el contexto nacional presenta algunas diferencias importantes con el autonómico.

El peso de las medidas anticorrupción en la propuesta que Albert Rivera trasladó la semana pasada al PP evoca los requisitos previos que Ciudadanos presentó a Cifuentes en Madrid tras los comicios autonómicos. Pero, más aún que entonces, los planteamientos de la cuarta fuerza política apuntan a su intención de consensuar una amplia batería de reformas e iniciativas a cumplir en los próximos años sin firmar un pacto de legislatura que le ate de pies y manos a los populares. Especialmente cuando ese documento le vincularía ya no al PP, sino a un Gobierno liderado por Rajoy, sobre quien Rivera ha extendido siempre la sombra de la corrupción.

En la figura del jefe del Ejecutivo en funciones estriba, precisamente, una de las dos principales diferencias con la situación que se vivió en la Comunidad de Madrid en 2015. Mientras Cifuentes encarnaba a ojos de Ciudadanos la renovación del partido conservador, el líder de los populares representa, a su entender, un pasado oscuro. "Nos gustaría hablar con un candidato que no estuviera marcado por su labor permitiendo la corrupción en los últimos años en el PP", llegó incluso a espetar Rivera el 1 de agosto, antes de virar de la abstención prometida al sí condicionado a la investidura de Rajoy.

El cambio de postura ha obligado a la formación liberal a ensayar un nuevo relato en el que se presenta como fuerza política responsable, dispuesta a impedir unas terceras elecciones, y que marca las pautas necesarias para comenzar a dialogar con un presidente al que ha ido desacreditando en los últimos meses. De ahí, la importancia de su exigencia de crear una comisión parlamentaria de investigación sobre el caso del extesorero del PP Luis Bárcenas, a quien Rajoy envió el controvertido mensaje de móvil "Luis, sé fuerte".

Con todo, el paso dado por Rivera, aun siendo enormemente significativo para los populares, no garantiza, como en cambio sí lo hacía en Madrid, que el Gobierno se constituirá. Nada podrá hacerse sin la abstención del PSOE.

LA FICHA ROJA

Paradójicamente, esa certeza, que encierra un obstáculo, se ha convertido en la baza de Rajoy, que nuevamente ha optado por la estrategia de dejar pasar el tiempo para reblandecer las defensas de los socialistas, en una encrucijada difícil de resolver. En la dirección del PP no preocupa tanto si su líder ofrece una imagen activa o pasiva en la búsqueda de acuerdos o si el pacto con Ciudadanos conlleva que sea un agente externo el que marque los pasos de la regeneración democrática a los populares. En la formación sostienen que el gran debate a 16 de agosto es: ¿habrá o no Gobierno? Y ahí toda la presión recae sobre el PSOE.

Ese es el juego del PP en estos momentos. La semana de paréntesis que Rajoy ha dejado transcurrir desde que escuchó las reclamaciones de Rivera ha servido para que se redoblen los llamamientos públicos a Pedro Sánchez con el objetivo de que se avenga a negociar. PP y Ciudadanos coinciden en sus mensajes sobre el peligro de unos nuevos comicios si el secretario general del PSOE no afloja, pero también otros partidos como el PNV han puesto el foco en los socialistas.

El silencio de Sánchez, desaparecido de escena desde el 2 de agosto, se ha hecho evidente mientras sus portavoces se esfuerzan en recordar que su 'no' a un Ejecutivo del PP es firme. Pero en el círculo del presidente confían en que esa posición sea tan invariable como la que inicialmente mantuvo Rivera y que poco más de dos meses después de las elecciones la reelección de Rajoy esté garantizada.

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