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POLÍTICA

Tiempo de cesión para Rajoy

El presidente del Gobierno en funciones dará esta semana el visto bueno al arranque de la negociación con Ciudadanos que sepultará la era de la mayoría absoluta del PP

14/08/2016 a las 06:00
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  • COLPISA. MADRID
Las negociaciones que PP y Ciudadanos inaugurarán a partir del próximo miércoles volverán a poner a prueba la resiliencia, la capacidad de adaptarse a escenarios adversos, de Mariano Rajoy. El presidente que se enfundó como un guante la mayoría absoluta cosechada en las urnas en 2011, tendrá ahora que gestionar un tiempo de cesiones en el que podría revisarse gran parte de su legado al frente del Gobierno. Pese a ello, el líder de los populares no da muestras de que el nuevo panorama le preocupe en exceso. Sea cual sea el precio, el beneficio, su permanencia en la Moncloa, que no siempre se vio factible, es lo suficientemente elevado como para que Rajoy acudiera a la última cita con Albert Rivera sin corbata y satisfecho porque al final la realidad haya vuelto a ponerse de su lado.

Los seis requisitos previos que Ciudadanos ha fijado para arrancar las conversaciones y despejar el camino de la investidura no sólo son "asumibles" para el PP, sino que han sido recibidos como el balón de oxígeno que los populares esperaban para desatascar el bloqueo político. Dicen en su equipo que las formas del presidente le llevan a maniobrar de manera discreta y en privado para solventar las crisis, pero después de las elecciones del 26 de junio pareciera que Rajoy ha estado esperando a que poco a poco sus posibles socios asuman el resultado electoral y la inconveniencia de tener que convocar unos terceros comicios por la incapacidad de conformar un Ejecutivo.

Así, 44 días después del 26-J, Rivera dio el pasado martes el paso de comprometerse a trabajar para que la abstención de sus diputados se convierta en 32 votos a favor de la reelección de Rajoy siempre y cuando el PP esté dispuesto a negociar y transigir. Los dirigentes más entusiastas con la idea de pactar con Ciudadanos no han tenido inconveniente en subrayar en público la positivo de un acuerdo con quien siempre entendieron que debía ser socio preferente. Es el caso, entre otros, del vicesecretario de Comunicación, Pablo Casado, o la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, que debe su cargo a la connivencia con los de Rivera en la región.

A juicio de este sector, las condiciones impuestas por el partido liberal son lo suficientemente "genéricas" como para poder aceptarlas y comenzar a hablar. Puede que incluso ni tan siquiera tengan que ser votadas en el próximo Comité Ejecutivo Nacional del PP, el convocado para este miércoles con el fin de analizar el documento de Ciudadanos. Quizás baste con un "voto de confianza" al presidente para que administre el asunto como estime oportuno.

Otros miembros de la dirección, sin embargo, ponen el énfasis en que algunos de los puntos deberán ser "matizados" una vez se comience a negociar. Es en esos apartados en los que se trabaja en la sede del PP de la madrileña calle Génova y en los despachos de la Moncloa. "Las condiciones de Ciudadanos son asumibles, a mí no me resultan imposibles, con matices y diálogo avanzaremos", resumía este viernes el ministro de Justicia en funciones, Rafael Catalá, en una entrevista en Onda Cero.

PUNTO POR PUNTO

Los populares analizan, de momento, las consecuencias de cada una de las medidas y las necesidades para sacarlas adelante. Como explicaba el pasado jueves el vicesecretario de Organización, Fernando Martínez-Maillo, algunas no podrán ser puestas en marcha el día después de alcanzado el compromiso. Es el caso de la supresión de los aforamientos políticos o la reforma de la ley electoral. El primer requisito conlleva una modificación constitucional que precisa más votos que los que suman PP y Ciudadanos. Y en cuanto al segundo, su condición de regulador del sistema político requiere el consenso con la segunda fuerza del país, el PSOE.

"El legislador pondrá las cosas en su sitio", sostienen fuentes del PP, que recuerdan que Ciudadanos necesitaba un relato para cambiar de posición y que a eso se debe la escenificación de esta semana. "Pura política", resuelven. Además, no sólo no se oponen a revisar a norma electoral, que también según los populares necesita ser actualizada, sino que, en cuanto a los aforamientos, evocan el planteamiento del exministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón, que en agosto de 2014 proponía pasar de 17.621 a 22 aforados en España. Es decir, proteger tan sólo a los titulares de los poderes del Estado: el jefe del Ejecutivo, los presidentes del Congreso y el Senado, los del Tribunal Constitucional y el Supremo y los 17 dirigentes autonómicos, aparte de la familia real.

El resto de requisitos de Rivera ciertamente ponen el foco en Rajoy, a quien limitan su mandato a ocho años, y parecen más que nada orientados a justificar su acercamiento pese a la crítica contundente que Ciudadanos ha mantenido desde el 20-D sobre la figura del líder del PP, del que llegaron a decir que su gestión de la corrupción le desacreditaba como presidente. "Al menos ya no piden su cabeza", celebran los populares.

En lo concreto, sin embargo, la prohibición de la concesión de indultos a políticos vinculados a este tipo de delitos no plantea inconvenientes en el PP, donde reinvindican que en la práctica se actúa ya así, aunque su regulación legal sea inviable. "No podemos excluir por ley a unos delincuentes sí y a otros no", explican. Del mismo modo, daban por descontado que en esta legislatura no podrían frenar una comisión parlamentaria de investigación sobre el caso del extesorero de su formación, Luis Bárcenas. Eso sí, los populares pelearán por que este tipo de iniciativas no deriven en una causa general a su partido. "Todos tenemos escándalos, habrá que ampliar el objeto de examen", apuntan algunas fuentes.

Más contradicciones genera que aquellos imputados por corrupción abandonen su cargo público. El espíritu de esta petición va en contra de la tesis de Rajoy de analizar caso por caso para no cometer "injusticias" y evitar apartar a aquellos que finalmente resulten ser inocentes. Pero hay quien en el PP cree que tras sembrar vientos, se recogen tempestades: "Esta es la consecuencia -resume un dirigente- de no haber actuado con más diligencia en los últimos años".

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