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ELECCIONES GALLEGAS

La debilidad de Podemos le lleva a perder el control sobre sus confluencias

En Marea obliga al partido de Pablo Iglesias a integrase en sus listas o concurrir en solitario a las elecciones gallegas

13/08/2016 a las 06:00
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  • ANDER AZPIROZ. MADRID
Podemos ha probado en Galicia de su propia medicina. La formación de Pablo Iglesias ha gastado las últimas semanas en tratar de convencer a sus socios de confluencia de la necesidad de concurrir a las elecciones autonómicas en una coalición que respetase las señas de identidad de cada uno de sus miembros. Pero En Marea, nombre bajo el que se integran diferentes partidos y movimientos de la izquierda gallega, apostó desde el principio por un partido instrumental. Y no se ha movido de esa posición pese a las presiones de Podemos. En Marea ha puesto en práctica la misma estrategia que usó Iglesias con Alberto Garzón cuando el ahora líder de IU trató sin éxito de cerrar una candidatura única entre ambas fuerzas de izquierda para las elecciones de diciembre. Entonces, Iglesias rechazó la unión con IU pero abrió sus listas a militantes de esta formación para que concurrieran bajo las siglas de Podemos. La confluencia gallega ha realizado idéntico ofrecimiento al partido morado, que en los próximos días deberá decidir si se pliega ante sus socios en las pasadas generales u opta por presentarse en solitario a las elecciones autonómicas Podemos lo ha intentado todo para intentar convencer a En Marea de la conveniencia de la coalición. Pablo Echenique interrumpió sus vacaciones y junto a Carolina Bescansa negoció hasta última hora de la pasada medianoche para sacar adelante la coalición. Para convencer a sus socios el partido de Iglesias admitió incluso tragarse el sapo de que En Marea haya decidido ya el candidato a presidir la Xunta -el magistrado Luis Villares- sin consensuarlo siquiera con Podemos. Pero ni por esas. Nada ha hecho reconsiderar su posición a los socios gallegos que se han sacado rédito del momento de debilidad por el que atraviesa Podemos desde su fracaso en las elecciones del 26 de junio. Aunque la razón que subyace de esta crisis interna es la fórmula electoral, las diferencias van mucho más allá de los aspectos técnicos. En juego está el rechazo frontal de los socios gallegos a dejarse dirigir desde Madrid o actuar según los intereses nacionales de Podemos. Según defienden "el partido instrumental garantiza la igualdad de condiciones y tener un grupo parlamentario sólido y no dividido". "El problema es de concepto, no solo es cómo nos presentamos a las elecciones, si no ver cómo funcionamos el día después", sostiene el alcalde de La Coruña, Xulio Ferreiro.

El abismo que separa a una y otra parte es tan profundo que les ha llevado al borde de desperdiciar una oportunidad histórica para arrebatar al PP uno de sus feudos históricos. Si el partido morado opta finalmente por presentarse en solitario, la izquierda concurrirá a las elecciones dividida entre PSOE, En Marea, Bloque Nacionalista Galego y Podemos. El gran beneficiado de esta situación sería el popular Alberto Núñez Feijóo, que aspira a reeditar su mayoría absoluta en la cámara regional. También los socialistas gallegos se verían favorecidos al contar con mayores posibilidades de mantenerse como segunda fuerza y, si los números dan, encabezar una eventual coalición progresista. Cataluña y Valencia La gallega no es una situación nueva en las confluencias. A las primeras de cambio Compromís ya anunció que sus diputados se integrarían en el grupo mixto en el Congreso. Lo hicieron, explicaron, porque es la mejor manera de defender los intereses valencianos y dar más visibilidad a sus problemas. Esta maniobra ya la realizaron tras las elecciones de diciembre, lo que no impidió que Compromís y Podemos repitiesen alianza en la Comunidad valenciana en junio. No obstante, con su paso al grupo mixto la formación valenciana deja claro que no está dispuesta a someterse a los intereses de Podemos. Las relaciones con En Comú Podem no han atravesado hasta el momento por ningún momento delicado. Iglesias es consciente que su fuerza en Cataluña, en la que la confluencia fue la fuerza más votada en las generales, proviene de Ada Colau y, por esto, Podemos se cuida mucho de no dar ningún paso que pueda desagradar a la alcaldesa de Barcelona. En cualquier caso, la formación morada deberá deshojar en breve su posición respecto al partido que Colau pretende formar en el ámbito catalán. Sus opciones son integrarse en él o mantener su independencial. La segunda opción supone, a la postre, el mismo problema que ha hecho estallar la alianza gallega. Las confluencias sumaron en junio 1,8 de los 5 millones de votos totales de Unidos Podemos, lo que supone un porcentaje del 36%. Perder una parte de esos apoyos es un lujo que la formación de Iglesias no se puede permitir.

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